domingo, 5 de febrero de 2012

Los restos de mis naufragios (1980/2012):


Sueños, fantasías y realidades, mientras navego por oscuros y agitados mares,  en búsqueda constante del faro que ilumine  mi existencia y mi destino.
"Tan sólo el canto de las sirenas, condescendientes, le guían e inspiran en su viaje a ninguna parte".
María Pardo, José Simarro y Michelle Cheminsky



Subiendo.
Hay quien prefiere escalar cuanto antes a la cima de sus vidas para, desde esa posición elevada y dominante, contemplar a los demás con cierta distancia, superioridad e indiferencia.

Nosotros subimos sin prisa y sin avasallar, compartiendo experiencias y sentimientos, parando de vez en cuando para descansar, mirar con nostalgia hacia atrás y con cariño a quienes caminan a nuestro lado, tomando impulso para seguir adelante.

Nuestra meta no está ahí arriba, ni ahí abajo, cuando regresemos. No tenemos metas, sólo caminos. Caminamos sin rumbo, un poco a la deriva, dejándonos llevar por el instinto y el embriagador perfume de espléndidas personas que a cada momento atraviesan nuestra senda y, con sus resplandecientes rostros, anulan el magnetismo de la alocada brújula que portamos, desorientando nuestros pasos.

Pero subimos, seguimos subiendo, ¿subes?

El vuelo de mi corazón.
Aunque mi corazón escapó en el Pasaje de Lodares y ahora flota en la bóveda acristalada, me dio tiempo a sentir y captar la roja magia del cálido momento helado, gracias de todo corazón.


Antípodas.
Mis antípodas también tienen los pies en el suelo. ¿El mundo al revés? Nunca sabemos si estamos arriba o abajo, si subimos o bajamos. Iremos dando la vuelta: ahora arriba, ahora abajo.


Nuestro horizonte.
Existe una fina, alargada, circular y sutil línea que separa, o que une, el mar con el cielo. Es la línea del horizonte. Línea frontera de materias, colores y esencias. Frontera de azules con azules cuando el sol camina alto. De azules, rojos, amarillos y anaranjados en el ocaso, con el sol dispuesto a darse un refrescante baño en el agua salada de la tarde; o amaneciendo directamente del mar, emergiendo a la luz del día. Límite de grises claroscuros en días nublados, de bruma, que confunden y funden mar y cielo. Agua y aire; líquido y gas; salado e insípido; transparentes: cielo y mar.
Existe una fina, alargada, circular y sutil línea que nos separa, o que nos une: a ti y a mí. Es la línea roja. Línea frontera de sentimientos, deseos y realidades. Línea de presencias y ausencias. Frontera de ojos que hablan cuando se miran callados. Límite infranqueable, muro invisible de ladrillos rojos que impide tocarnos físicamente. Magnetismo: atracción y repulsión: tú y yo: tuyo.

Mis navegaciones.
Atravieso la bocana del puerto con las primeras luces de la mañana rumbo a ninguna parte, dejándome llevar al azar del viento que sopla despertando a las soñadoras velas tras una noche inquieta.

Ya en alta mar, rodeado de horizontes salados, me pierdo en el inmenso mar azul de tus atrayentes ojos. Desorientado, intento no perder la calma y disfrutar de la soledad en compañía de tu tranquila presencia, gozando de los encantos que me ofreces una jornada más.

Pliego velas y continúo varado en medio de la inmensa humedad salina, esperando acontecimientos. Peces plateados acuden raudos a recoger los restos del almuerzo que arrojo por la borda.

Las suaves olas de tu cuerpo comienzan a mecer mi velero, lentamente, anestesiando la razón. Tumbado en cubierta leo "Las mocedades de Ulises" y, en mi duermevela, no tengo tiempo de advertir la tempestad que se avecina provocada por tus cálidos vientos que, agitados, suben y bajan enormes olas eróticas que desarbolan el mástil y dejan exhausto mi cuerpo.

La fresca brisa de final de la tarde despeja mis sueños y me devuelve a la realidad. De ti tan sólo queda el perfume de la ausencia grabado en mi memoria.

Izo velas y pongo la proa en dirección de regreso a puerto. Amigas gaviotas, alegres, salen a mi encuentro prestas recibirme con sus cantos repetitivos esperando alguna digerible recompensa.

En el muelle, anochecido, amarro mi barco y camino a la taberna del puerto para compartir historias, pulpo y ribeiro con otros solitarios marinos.

El líder.
Dejamos que el líder vaya por delante, marcando el ritmo, abriendo camino y afrontando primero las dificultades. No es nuestro líder, tampoco le seguimos pero vamos al mismo sitio, en la misma dirección, a nuestro ritmo, a lo alto de la montaña para contemplar el horizonte.

No creemos en los líderes, ni los necesitamos para nada. Lideramos nuestras vidas y nuestros destinos, aunque en muchos momentosdesconfiamos incluso de nosotros mismos.

Tarde o temprano chocaremos con él, o con ella: la líder, en el momento que intente dirigir nuestros pasos y controlar nuestro pensamiento libertario. Ya lo hemos hecho en otras ocasiones a lo largo de nuestra historia, nos hemos enfrentado a ellos, sin importarnos sus edades, fuerzas o galones, y vamos a seguir haciéndolo, siempre, defendiendo nuestro territorio, obligándoles a retroceder y a que nos respeten.

No necesitamos líderes, tan sólo compañeros y compañeras de viaje, libres, como nosotros.

Feedback.
Palabras elogian mis palabras,
gestos contagian mis gestos,
sueños hipnotizan mis sueños.

Palabras abrazan tus palabras,
gestos acarician tus gestos,
sueños sintonizan tus sueños.

Palabras, gestos, sueños,
hablan, expresan, sueñan
mágicas ocultas fantasías,
asombran impresiones mías.

La voz recuperada.
Me alegra saber que habéis recuperado la voz para darnos información, pues la peor información es la que se oculta o se calla y el silencio nos hace cómplices de la injusticia.


Desnudos.
Quedamos desnudos, expuestos al viento, esperando recibir las hojas de primavera que vistan nuestros cuerpos. Y en la espera, aceptamos colores y vida de los árboles cercanos que ofrecen su belleza y nos muestran el futuro en sus ramas.


La Casa de Dios.
Desconocemos si existe Dios más allá de nuestra mística imaginación. Hemos llegado a la puerta de su celeste casa en la montaña, con vistas a la bahía del alma, y está vacía, deshabitada. Grabamos nuestros miopes e incrédulos ojos, en los reflejos del vidrio de la ventana, para que sean testigos de su improbable llegada. Continuamos descendiendo al mar con ánimo de tocarlo, verificar que existe y no es fruto de ilusión, espejismo o alucinación.


Farolas de Finestrat.
Cae en el mar la tarde,
sol naranja en el horizonte
ahoga sus luces doradas.

Mar azul, espejo de cielo,
y sombras que tiñen la tierra
de siluetas oscuras.

Farolas encienden su luz
iluminando la noche
en recuerdo de tu ausencia.

Un día inestrenado.
Amanece un nuevo e inestrenado día con algo de niebla y Luna Menguante. Y no es un día cualquiera: un día de rutina laboral o de paella de sábado. "Bendita rutina" añoraba nuestro amigo Pepe antes de abrazar la rutina definitiva de la muerte.
Sí, es sábado y nos vamos con otras cincuenta personas a practicar senderismo a las Sierras de Polop. Tenemos estudiada la ruta circular: la distancia a recorrer (15 Km.); el perfil con las subidas y bajadas (desnivel 560 m.); los puntos conflictivos por su dificultad o peligro; conocemos el tiempo previsto: cielos despejados y temperatura agradable; la vegetación, la fauna, los cultivos y las características geológicas del terreno; programada la hora de salida y la de llegada, salvo los imprevistos que surgen en estas actividades de montaña.
Saludos, presentaciones y mochilas a la bodega del autobús. Antes de la llegada al punto de inicio del recorrido pararemos a desayunar y estirar las piernas.
Ya en plena marcha surgirán las conversaciones y bromas, las fotos que plasmen nuestro esfuerzo y el paisaje que nos rodea: La SierraHelada, el Peñón de Ifach, el Puig Campana, la Sierra de Aitana, la Bahía de Benidorm, el Barranco de Gualapdar, la Peña Cabal, el Monte Ponoig.
Nos ayudaremos en los momentos más delicados: al cruzar un arroyo, un paso estrecho con desnivel, resbalones, caídas, etc. Compartiremos, a la hora del almuerzo, el vino, los dátiles, los frutos secos y algún dulce más elaborado.
En los últimos tramos del recorrido, antes de llegar a la "Casa de Dios", a cuatro kilómetros del final de la marcha, cansados, nos preguntaremos: ¿Qué hacemos en el monte machacando nuestros cuerpos? Reponemos fuerzas y contemplamos por última vez la bahía contentos porque mereció la pena el esfuerzo.
Bajamos en autobús a la playa de Finestrat para contemplar la puesta de sol, tocar el mar y rehidratar nuestros cuerpos con reconfortante cerveza, en buena compañía. Regresamos a la ciudad cansados pero felices por las sensaciones vividas.
¡Hasta la próxima!

En silencio.
¿Necesito escribirte o hablar contigo para continuar conectados?

Creo que no, sobran las palabras, la escrita y la hablada, no son necesarias.

Nos basta con seguir sintonizando el mismo canal inalámbrico que nos conecta a distancia, incluso cuando estamos juntos, al lado.

Porque no siempre es imprescindible mantener una conversación que llene el agradable vacío del silencio. Una conversación insustancial, de compromiso, hueca de contenido y sentimiento mejor no mantenerla.

Porque nuestro gran vacío de amistad ya está lleno de pláticas, gestos y simpatías acumuladas de encuentros anteriores.

Por tanto podemos continuar callados, juntos, hombro con hombro, confrontadas las miradas o a kilómetros de distancia, conectados, sin decir una sola palabra, en silencio, nuestro silencio.

Nevando.
Copos de nieve descienden suavemente aterrizando en la ciudad. Cubren de blanco frío las calles y tejados. Traen la calma que paraliza el tráfico y vacía las calles.
Momento que aprovechas para manifestarte, mágica aparición inesperada que congela el tiempo y me permite contemplarte en todo tu esplendor.
Vapor de agua incolora que al cristalizar, tras la sublimación inversa, adquiere, misteriosamente, color blanco. También las nubes, mezcla de agua y aire muestran su blancura.
Tu sonrisa, mezcla de gestos y brillos, ilumina tu rostro y cambia por simpatía el mío, reflejo de tu dorada luz.
Es el aire, presente en los cristales de hielo de la nieve y en el vapor de agua de las nubes, quien difunde el blanco de la luz.
El cálido aire, presente en tu esencia, sublima la nieve que te rodea y juntas os esfumáis a nubes azuladas que sobrevuelan mi atónita presencia.
¡Hasta la próxima nevada!

De rebajas.
"Hombres rebajados al 50%, ni aún así nos quieren"


Al humor del viento.
Vivimos al humor del viento, porque es él, el viento, quien nos trae, soplando con fuerza invisible, los cambios de tiempo.

Aburridos en la monotonía de cielos despejados y en calma, llega cargado con el regalo de nubes preñadas de agua para ofrecernos esa fresca ducha que limpia el aire y aclara nuestra mente.

Y cuando estamos hastiados de vivir inmersos en la oscuridad de una triste nube gris, regresa con fuerza para barrer las cenizas que empañan nuestra visión y devolvernos el horizonte soleado.

En otras ocasiones sopla suavemente y nos acerca el perfume de aquella lejana mujer, despertando nuestros sueños más inquietos. Escuchamos, ocultas en sus silbidos, gratas palabras pronunciadas antaño, que reconfortan nuestro incansable espíritu.

Vivimos al humor del viento que hincha nuestras velas y nos transporta a mares y cielos misteriosos en busca de nuevas aventuras.

Todo lo que somos y vivimos se lo debemos a nuestro amigo el viento. Él nos lleva y trae, nos acerca y distancia, nos eleva y derrumba, sin él continuaríamos varados en la infinita rutina.

¡Dejémonos llevar al humor del viento!

¡Cuánto tiempo!

¡Cuánto tiempo!
¡Cuánto tiempo sin verte!
¡Cuánto tiempo sin mirarte!
¡Cuánto tiempo sin oírte!
¡Cuánto tiempo sin escucharte!
¡Cuánto tiempo sin conversar!
¡Cuánto tiempo sin saber de ti!
¡Cuánto tiempo esperando!
¡Cuánto tiempo perdido!
¡Cuánto tiempo sin tiempo!
¡Cuánto tiempo!

¿Cuánto tiempo?

Jueves 12.

Contraseña:
**********
¡Contraseña incorrecta, vuelva a introducirla!
**********
Iniciando sesión
Aviso, su contraseña caduca en 5 días
¿Quiere cambiar la contraseña ahora?
Descartar ............. Cambiar contraseña
La base de datos de virus ha sido actualizada
No tiene mensajes pendientes
¿Desea autoarchivar mensajes antiguos?
Microsoft Multiusos no puede abrir el archivo
Elija el programa que desea usar para abrir el siguiente archivo
Abriendo nuevo documento de Microsoft Word
Son las 9:05 a. m. en la oficina.
Enciendo el ordenador y automáticamente el ordenador comienza a ordenarme, a dirigir mi trabajo. Avisos con opciones de cambios yconfiguraciones, mensajes de correo que entran dispuestos a alterar mi agenda.
Toda la información fluye por la Red que se nutre de nuestra labor para ir creciendo y ganando terreno, día a día, poco a poco, incansablemente, venciendo a los soportes tradicionales, dominando nuestra voluntad e independencia.
Atrapados virtual y físicamente en esta red de fina malla, como peces enajenados intentando huir a mares más libres y salvajes, ¿hasta cuándo?
¿Desea guardar los cambios efectuados en "Jueves 12.doc"?
Sí .... No .... Cancelar

Martes 10.
8:00 a. m. paseo con María Marín por su rectilínea calle. Bajo el alumbrado eléctrico encendido contemplo, por encima de las ramas dormidas y desnudas de los árboles de la calle, cómo amanece sobre el parque. Nubes bajas, como de niebla, se mueven dirección a levante sobrevolando los pinos-camas abarrotados de estorninos que calientan motores, despertando con gritos agudos al vecindario, prestos a despegar, y despegan, con destino a los campos que rodean la ciudad. Gentes, todavía casi dormidas, desplazan sus cuerpos rumbo a las obligaciones cotidianas. Cafeterías que sirven aromas mientras leemos las noticias pasadas, las nuevas están todavía por llegar. Corrupción de políticos de todos los colores; la economía tambaleándose, noqueada por los excesos de antaño; balón de oro que brilla y adorna la cruda realidad. Mentiras y verdades que se confunden en los editoriales, como si habitáramos mundos tan distintos en el mismo país. Blanco y negro, cara y cruz de una época y de sus contemporáneos que avanzan, veloces e imparables, hacía el abismo del futuro, intentando sobrevivir en la miseria o morir en la riqueza.


Nuestra esencia.

Somos árbol.

Heló el frío la savia y el viento barrió lo superfluo.

Caídas las hojas que nos visten y adornan quedamos al descubierto para mostrar nuestra esencia: ramas que entroncan, en la profundidad, con nuestras raíces.

Desnudos, libres de colores y apariencias, nos presentamos dispuestos a expresar, en blanco y negro, nuestros sentimientos más auténticos.

Vivimos el invierno con esperanza de primavera.

Somos vida.

En el espejo.
Su hermoso rostro quedó grabado para siempre en el espejo de mi habitación aquella tarde de viento otoñal que anduvo peinándose,recomponiendo su imagen.

Su sombra desapareció mucho antes, la noche de San Juan, después de bañarse desnuda en el mar, a la luz llena de la Luna.

Por eso ahora anda sola y como perdida, sin nadie que la reconozca, sin nadie que se fije en ella, como fantasma invisible deambulando en la densa niebla.

Yo la contemplo desde mi cama mientras se peina y no necesito soñar con ella. Me levanto, acaricio su pelo y noto la suavidad de su melena en el vidrio del espejo.

He pensado muchas veces ir a su encuentro, buscarla para traerla de nuevo a mi habitación y situarla frente al espejo, tal vez así recupere su rostro. Llevarla después al mar, en luna nueva, a encontrar su sombra. Pero temo que entonces, cuando vuelva a ser auténticamente ella, desaparezca para siempre de mi vida y ya no me quede, siquiera, su recuerdo.

Lo sé todo de ti.
Lo sé todo de ti, los grandes y pequeños secretos que ocultas en tu cuaderno de bitácora, incluso aquello que no debería conocer para no sentirme cómplice de tus aventuras y desdichado por tus distracciones conmigo.

Y todo lo que sé de ti no lo conozco porque me lo hayas contado en un momento de intimidad franca, ni porque cuente con espías que sigan tus pasos a prudente distancia y relaten tus actos a cambio de dinero. No, todo lo que sé de ti lo leo a través de tu limpia mirada, ventana transparente que me conecta con la profundidad de tus misterios.

Y a pesar de todo, conociendo lo que piensas, lo que sientes, aquello y esto que deseas, opuesto a mis sentimientos y mis deseos, no puedo dejar de admirarte y comprenderte, porque de no ser así traicionaría el pacto no escrito conmigo mismo el primer día que te conocí.

Lo sé todo de ti y quiero seguir conociendo cómo serás con el paso del tiempo, si cerrarás algún día tu ventana a la luz de mi mirada, o si por fin abrirás la puerta de tu corazón para dejar paso a mi insolente porfía.

El mejor regalo.
El mejor regalo: que seguimos conectados y fluye la corriente, nada corriente.

Mantenemos el contacto, a corta o larga distancia, electrizados por la energía que transmitimos y recibimos de las torres más remotas, tan cercanas como las vecinas de al lado.

Emitimos mensajes transparentes, y a veces en clave, cargados de emoción y sentimiento, que llegan a su destino para ser leídos e interpretados por las almas que habitan en sus destinatarias.

Acusan recibo, casi siempre, y nos devuelven el encanto de su respuesta envuelto en brillante papel de regalo.

Fluye la corriente y seguimos conectados: el mejor regalo.

El poema.

Descanso en el paseo de la tarde,
Pedro Ximénez oloroso,
oscuro caoba dulce.

Tapa que tapa el hambre,
cigarro liado en compañía,
en buena compañía.

Conversación amable
en ambiente andaluz
a la luz del ocaso.

Jóvenes, gentes alegres,
beben en El Poema
y buscan los versos justos
que calmen su sed de vida.

Sembrando letras.
Tras las últimas lluvias de otoño preparamos el terrero para la próxima cosecha. Labramos la tierra peinándola con profundos surcos paralelos que acojan las semillas de letras, mayúsculas y minúsculas, que sembramos a discreción.
Mezcla especial de vocales y consonantes, en proporción 2:3, junto a gran cantidad de signos de puntuación.
Nos gustan los productos naturales y, por tanto, no añadimos ningún abono químico que contamine nuestras letras. Practicamos, pues, una agricultura ecológica. Empleamos tan sólo materia orgánica en descomposición: restos de otros escritos trasnochados y que mueren lentamente con el paso del tiempo. Tampoco regamos artificialmente nuestros campos, dejando el aporte acuoso al albur del tiempo atmosférico y de nuestra imaginación.
El resultado, en primavera. Cosecharemos gran cantidad de palabras naturales, de gran calidad y pureza, que sirvan para expresar juicios claros, sentimientos profundos propios y alguna boutade para consumo nuestro y obsequiar a la comunidad lectora que nos rodea.
Mientras tanto damos salida a palabras y frases elaboradas que reposan en nuestra despensa, fruto de cosechas anteriores, dispuestas a alimentar nuestra hambre de expresión y nuestra sed de comunicación.
Hemos organizado visitas guiadas a nuestra finca para mostrarte todo el proceso detenidamente. Puedes venir a compartir con nosotros un día de trabajo en el campo, serás bienvenida.

La primera tarde.
Son las cinco de la tarde. Café para despejar la mente tras una larga noche y mañana de sueño. Camino cara al sol, hacía poniente, abandonando la ciudad con calma, despacio, atento a las sensaciones que en esta tarde, primera tarde del año, siento con agrado, libre de cualquier carga.
Rayos solares que impactan amablemente en los ojos guiándome, hipnotizado, al encuentro con el horizonte. Silencio absoluto, calles casi desiertas, una niña asomada a la ventana, temperatura agradable, ausencia de viento.
Mis pasos me llevan a la frontera de la ciudad con el campo, del asfalto con la naturaleza domesticada.
Saboreo con tranquilidad la soledad que me rodea mezclándose con la mía propia. Pongo a cero el cuentakilómetros, un año más, y anulo la dirección del rumbo que marcaba mi navegador. Despliego velas a la espera de un viento suave que mueva mi destino, lentamente, hacia cualquier parte, hacia ninguna parte.

En el primer segundo del año.
Desconocemos las sorpresas y aventuras que vienen a nuestro encuentro acompañadas por las personas que queremos, aun sin conocerlas a todas.
Desconocemos si seguiremos vivos o si viviremos muertos en el recuerdo de quien quiera recordarnos.
Pero conocemos el camino a seguir de regreso a nuestra esencia, reencontrarnos con nuestro yo más auténtico y continuar avanzando, sin miedo, entre las tormentas que anuncian los partes meteorológicos más optimistas.

En resumidas cuentas.
Comenzó el año, como casi todos, el primer segundo del día uno de enero de 2011 y termina ahora, el último segundo del día treinta y uno de diciembre. En estos 31.536.000 segundos, que hemos vivido juntos como un suspiro: suspirando, sacamos a la luz, desde la profundidad de las tinieblas de nuestro personaje: "El Chema y él", 223 entradas o publicaciones en formato de breves relatos, poesías y otras formas de expresión incalificables, donde nos ha ido narrando, casi día a día, sus inquietudes, desesperanzas, emociones, conmociones, alegrías, ilusiones ópticas, reflejadas en fotografías, y sentimientos en general que hemos transcrito, sin quitar, modificar o añadir nada, en este sitio virtual, tan aparente y no real como él mismo.

No sabemos que le deparará en 2012 pero deseamos, como también lo hacemos contigo que ahora nos lees, lo mejor para él, lo mejor para ti. Estaremos atentos al acontecer de cada día dispuestos a seguir sus navegaciones y divagaciones para dejar constancia escrita y trasmitir sus mensajes, a veces cifrados y teledirigidos, a quienes quieran escucharle.

Gracias por tu interés, tan entrañable como el nuestro.

Los autores.

Soy tú.
Soy tú cuando me miras a los ojos,
pierdo el control de mi cuerpo
y me dejo llevar, ciego,
por la luz de tu mirada.

Soy tú cuando me hablas al oído,
encantado quedo con tu dulce voz,
de misteriosa sirena transoceánica,
que ensordece mi razón.

Soy tú cuando me abrazas,
me fundo en ti al instante,
muero en tus cálidos brazos
y contigo me confundo.

Soy tú y no soy nada: sólo tú.

Quiero más.
Quiero más, más de lo mismo, más y mejor, mucho más,
¿dispuesta a darme?

Justamente.
"La Justicia es igual para todos, la injusticia no"


En el aire.
Dejamos volar nuestra imaginación libremente, sin ataduras, sujetando únicamente nuestra razón, la poca que nos queda, con finos hilos de seda que nos impidan caer al vacío del ridículo.

Y nos arriesgamos, y arriesgamos el sentido común propio y el de quienes nos observan, con los pies en el suelo, esperando algún día nuestro aterrizaje forzoso.

Imaginamos lo que sentimos y, a veces, también sentimos lo que imaginamos: cuando obtenemos respuestas afirmativas que hacen posibles y reales nuestros sueños.

A punto de caer aspiramos tu cálido aire que nos eleva, otra vez, a lo más alto del cielo en busca de la inspiración que nos mantiene con vida.

Querida sombra.
Querida sombra esmeralda, hoy hace un año que nos conocimos. ¿Recuerdas aquella fría noche de calles vacías y hogares rebosantesde gentes celebrando la nochebuena con alegría? Vagaba a la deriva por la ciudad, pues no soy muy dado a celebraciones, y al verte de lejos no pude resistir la tentación de conocerte, subí al balcón para admirar de cerca tu encanto. Desde entonces todas las noches, salvo aquellas que por motivos de viaje de mi dueño no pude hacerlo, he venido a visitarte.

Tú permaneces estática y como ausente mirando hacia otro lado, indiferente, mientras yo te observo con cariño y esperanza de escuchar, alguna noche, tu voz, que espero sea tan suave y atrayente como tu color y tu silueta.

No creas que me canso de venir noche tras noche a hacerte compañía. Hoy, como recuerdo de nuestro primer aniversario, te traigo estas flores que dejo a tus pies, confiando en que no se congelen y despierten en ti algún oculto sentimiento, no importa si es de cansancio o aturdimiento por mi reiterada actitud.

Tengo ya que marcharme, pues esta noche debo atender a las sombras de mi familia, pero mañana, de nuevo, volveré a visitarte con la misma gran ilusión de todas las noches. Hasta mañana.

Trópico de Capricornio.
No es un árbol, tampoco son esferas rojas brillantes. Son ramas de árbol adornadas con efectos ópticos producidos por los últimos rayos solares del ocaso, una tarde de otoño.
No es, por tanto, un árbol de navidad propiamente dicho, pero con nuestra imaginación, la imaginación que nos envuelve en estas fechas marcadas, podemos percibirlo y sentirlo como tal.
Porque la Navidad, como antes lo fue la celebración pagana del solsticio de invierno, es un periodo mágico, de renovación de compromisos, de cambio, de ilusiones, de fantasía, de cariño y de solidaridad que celebramos con alegría e imaginación, mucha imaginación.
Yo imagino, ahora, en este momento, un mundo mejor, un futuro mundo mejor, más justo, más humano, menos técnico y más sentimental, y te imagino a ti feliz contemplando este árbol que, no siendo un árbol de navidad, así lo parece.
¿Te imaginas?

Confusión.
Confundo el amanecer con el ocaso, acostándome de madrugada.
Confundo los azules del mar con los del cielo, y en las nubes me baño.
Confundo el sentido de las aguas del río, buscando el mar en la montaña me extravío.
Confundo la derecha con la izquierda y por eso nunca voto.
Confundo arriba con abajo, cuando subo es que bajo.
Confundo tu mirada con la mía, si me miro en el espejo.
Confundo la puerta de mi casa, entro en la tuya y en tu cama.
Confundo las palabras, digo: “quiero té” queriendo decir: “te quiero”.

Estoy tan confundido que ya no sé quién soy ni soy quien pienso.

Noticias tuyas.
En ocasiones, por prejuicios o malentendidos, interpretamos, creemos o pensamos que la otra persona, no cualquier persona sino aquella persona que realmente nos importa, porque la conocemos desde hace mucho tiempo, o incluso desde hace tan sólo unos segundos pero que ya ha dejado su huella en nuestro camino, ha perdido su interés por nosotros. Cesa así la comunicación, la comunicación verbal, escrita, pues la comunicación que nos mantiene unidos a través del recuerdo, del tiempo, de la memoria, de momentos vividos, difícilmente desaparece.
Si somos capaces de recordar con agrado lugares concretos y personas que tan sólo hemos visto un par de veces en nuestra vida, cómo vamos a olvidarnos de quienes han compartido con nosotros escenarios e historias comunes.
Es por ello que nos alegramos, sinceramente, al restablecer el diálogo, de volver a contactar con la otra persona y conocer de sus vientos favorables,  solidarizándonos con los pequeños o grandes naufragios que le acontecen.
Como navegantes en continuo ir y venir abandonamos puertos con destino a otros, y en el ajetreo de la carga y la descarga no encontramos el momento oportuno para comunicarnos, tiene que ser en alta mar, en los momentos de calma, cuando conectemos la radio para retomar el contacto.
Nos alegra saber de ti y recibir noticias tuyas.

Tus palabras.
Tus mejores palabras no son las que pronuncias, sino aquellas que callas.
Palabras que intento leer mirándote a los ojos e interpretar como si de una partitura se tratara.
Palabras con corazón, con ritmo, con alma.
Palabras separadas por largos silencios e intensas y fugaces miradas.
Palabras que callan pero dicen todo de ti y de lo que sientes.
Palabras llenas de dudas y escasas respuestas.
Palabras soñadas libremente cualquier noche, cualquier día.
Palabras que charlan con las mías, sin darnos cuenta.
Tus mejores palabras son las que callas, pero me conformo con escuchar aquellas que hablas.



Recuerdo.
Recuerdo tu rostro, tus gestos amables, tu pícara sonrisa, el aire de tu presencia. Recuerdo tu voz cariñosa, la negra melena negra y tu cuerpo de sirena en pantalones vaqueros. Tantos recuerdos, después de tanto tiempo, que permanecen todavía inalterables en mi memoria, como si fuera ayer la última vez que nos vimos. Pero han pasado los años, tantos años, y todo ha cambiado, tu vida, mi vida, tu mundo, mi mundo, ya nada es igual ni puede serlo, pero el recuerdo, tu recuerdo, continúa grabado en mi historia, en la biografía de mi vida, en un lugar preferente, destacado, dando sentido a todo lo vivido antes y ahora, en otros rostros, en otros recuerdos.
Recuerdo, te recuerdo, y noto tu presencia a mi lado sonriendo atónita mientras lees las palabras que escribo en esta fría noche de luna llena, en silencio, sin decir nada, pues ya está todo dicho, sin necesidad de comunicarnos a través del tiempo, me basta con el recuerdo para reconstruir este feliz momento.

A contracorriente.
A contracorriente fluimos en sentido contrario al devenir de la vida. Nadamos a contracorriente, enfrentándonos a las olas de los mares sociales. A contracorriente de tópicos, de verdades absolutas, de clichés trasnochados. En contra de la opinión general y del sentido mayoritario, a favor del sentido común y de nuestra particular opinión. Porque dudamos de casi todo, incluso de nuestras propias dudas. Porque si no vemos no creemos, tampoco cuando nos ciega la luz de la razón. Porque disfrutamos yendo, cuando los demás vuelven, y regresando antes de que parta la manada. Sólo nos dejamos llevar por la corriente de nuestra intuición, del inconsciente, de nuestro presentimiento y de los sentimientos que brotan a flor de piel, guiados por una melodía que nos atrapa, por aromas y perfumes envolventes, por la hipnotizante mirada de brillantes ojos miopes, a contracorriente.


Sobrevolando juntos.
Felices marionetas movidas por el viento de otoño al final de la tarde. Colgados de una lona, suspendidos en el aire, volando rodeados de aves que nos acompañan en nuestro viaje al encuentro con el ocaso.Sentimos el viento en la espalda meciéndonos suavemente en este columpio elevado. Contemplamos, ahí abajo, sólo unos metros debajo de nosotros, la ciudad de Córdoba. Sobrevolamos el Guadalquivir y giramos lentamente encima del puente romano observando a turistas que nos fotografían y saludan con simpatía y un poco de envidia. Azules claros que se mezclan con los primeros amarillos del atardecer esperando tornar a rojo fuego en el último momento. Yo, como siempre, detrás de ti, sigo tus evoluciones aéreas y te sigo a prudente distancia para no enredar nuestras cuerdas evitando el desastre. Nos comunicamos por medio de la radio de nuestros cascos y expresamos sentimientos de libertad y amor a la naturaleza, al arte, a la literatura, a la vida, a las emociones y a nosotros mismos, con recíproca correspondencia.


Libera tus piernas.
¿Quién ató tus piernas e impide que camines?
¿Acaso no eres tú quien paraliza tu cuerpo?
¿Vas a permanecer largo tiempo inmóvil?

Si fue alguien rebélate, lucha y pide ayuda.
Si fuiste tú la autora del amarre rompe tus ataduras.
¡Levántate y vuelve a danzar de nuevo, sin miedo!

Sirenas del Guadalquivir.
Sirenas multicolores en el barrio judío siguen mis pasos, cruzamos el puente romano, me seducen y nos dejamos llevar a orillas del Guadalquivir.


Farolas.
Soñamos ser planetas, satélites o estrellas, girando alrededor de un gran eje, expandiéndonos juntas en el infinito espacio del universo huyendo de agujeros negros.

Mas sabemos que somos farolas ancladas a la tierra mediante estilizados tubos metálicos; que carecemos de luz propia aunque brillemos en la oscuridad de la noche; que impactan en nuestra esfera meteoritos lanzados por manos gamberras; que se posan en nosotras astronautas alados.

Sabemos todo eso y lo que las bombillas ven a diario debajo de nuestras cabezas. Contemplamos la línea de horizonte, las nubes, la lluvia y las tormentas. Admiramos las noches de luna llena y soñamos, por qué no, ser algún día planetas, satélites o estrellas.

Llámame.
Llámame oculta en el frío silencio,
llámame en la distancia del tiempo,
a través del viento y las nubes, llámame.

Llámame cuando no pienses,
cuando estés dormida, llámame,
llámame aunque no responda.

Llámame, pronuncia mi nombre
o cualquier otro, pero llámame.

Llámame después del llanto
y antes de tu risa, llámame.

Llámame si necesitas mi escucha
y si deseas hablarme, llámame.

Llámame nunca: ni ayer ni mañana,
mas si al fin decides llamarme:
llámame ahora y siempre.

Flexible.
Si entrenamos nuestro cuerpo realizando ejercicios de estiramiento y flexibilidad para mantener el tono muscular y la forma física, por qué nos cuesta tanto practicar esa filosofía de vida sana con nuestra razón y con nuestros sentimientos.

Requerimos disciplina para ejercitarnos todos los días de la semana. Evitaremos aferrarnos a verdades eternas, a tópicos manidos, intentando comprender que cada instante, cada situación y cada una de las personas que están aquí, a nuestro lado, son diferentes, distintas y en constante evolución, por tanto nuestra respuesta no puede ser la misma a cada momento.

Adaptemos nuestro discurso, nuestra capacidad de comprensión, los gestos de nuestra cara y las palabras que dejamos nacer de la garganta a los oídos, la inteligencia y el estado anímico de nuestro interlocutor.

Seamos flexibles: como el agua que se adapta a todas las formas y continentes, como el viento que rodea y sobrepasa las montañas, como la música expresando emociones, como la sonrisa que modela nuestro ánimo.

Disyuntiva.
La vida es una constante disyuntiva que nos induce a optar por una alternativa: podemos quedarnos varados, seguir de frente, retroceder, girar a derecha o izquierda, bajar, subir, ocultarnos ... pero todas ellas son "vida" y no deberíamos despreciarlas, lástima que sólo podamos elegir algunas. Continúa eligiendo, viviendo.


La sombra de tu abrazo.
Esta es Luna, la sombra de Alicia, la vecina de al lado, abrazada a Tempo, la sombra de Luis, el marido de Alicia.

Cada vez que observo la escena, normalmente desde mi ventana, se me revuelven los claroscuros porque, además de que estoy enamorado de Luna, sé que ella detesta la compañía del impresentable de Tempo. Si os dais cuenta Luna finje el abrazo y aprovecha para pisarle el pié derecho a Tempo.

Perdonad, pero no me he presentado, yo soy Oscuro, la sombra de "El Chema y él", bueno, una de sus sombras pues como es un personaje polifacético también anda con varias a la vez (sombras).

Tempo es una mala sombra, y aunque su dueño Luis es una excelente persona, siempre está enredando con las sombras de los amigos y vecinos. Se entromete en nuestras vidas, difunde falsos rumores de nosotros, se burla de las sombras ancianas, enfada a las de las niñas, patea las sombras de los perros y, si puede, abusa de alguna sombra femenina despistada.

En algunas ocasiones, cuando mi dueño está absorto en desventuras de ensueño, bajo corriendo a la calle y, eclipsando a Tempo, me abrazo fuertemente a Luna que me recibe con los grises abiertos. En esos grandes momentos somos una única y espléndida sombra que desprende la luz del amor verdadero asombrando a propios y extraños porque, cuando Luis y Alicia ya están separados, nosotros continuamos abrazados algunos instantes más.

Ya veis que las sombras tenemos vida propia y que nuestro mundo es tan fantástico como el de la luz, por tanto cuidad de vuestras sombras para que os sigan con cariño y fidelidad a todas partes y os protejan de necias sombras indeseables.

Asombroso.
Aguardo a mi dueño en la puerta de la casa de su amante. Su discreción me impide, en misteriosas citas, ser testigo de sus actos. Comprendo que no quiera compartir conmigo ciertos asuntos de índole sentimental pues a mí me ocurre lo mismo. Algunas noches, cuando duerme, aprovecho para abandonarle y reunirme con Luna, la sombra de Alicia, la vecina de al lado. Escapamos por las rendijas de los bajos de las puertas y bajamos a la calle en ascensor. Paseamos cogidos de la mano, libres de los hilos que manejan nuestros dueños. Recorremos las calles vacías y nos abrazamos sentados en los bancos de los jardines municipales. En las noches de botellón bailamos y bebemos alegremente con los jóvenes del barrio que piensan que somos fruto de su etílica imaginación. A punto de amanecer regresamos corriendo a casa dispuestos a acompañar a nuestros amos en su dulce despertar, bien es cierto que esos días nos cuesta más esfuerzo seguirles a corta distancia.
Espero que hoy no tarde más de lo acostumbrado, o que alguna sombra perdida o sin dueña acompañe cariñosamente mi espera.

De este a oeste.
"Si quieres conocer el final debes llegar hasta él"

Después de compartir una jarra de agua anaranjada, que hace honor a la ciudad de partida, zarpamos una tarde de otoño desde el puerto de Valencia en el viejo y destartalado carguero que arrastra lentamente nuestras vidas intentando regresar a La Coruña.
Travesía recurrente en ambos sentidos a lo largo de la historia de nuestro viejo barco.
Tal vez sea este el último y definitivo viaje de regreso, cansados de tanto ir y venir entre suaves olas del Mediterráneo y asesinas olas de la Costa de la Muerte, sin descanso.
Abandonamos la luz, el color, el brillo y la jovialidad de levante destino a la bruma, la brisa, los claroscuros ceniza y la saudade de poniente.
Nos despiden en Valencia con una estruendosa mascletá que llena de olor a pólvora nuestros pulmones y nubla la vista el picor del humo azulado que desprende. Fuegos artificiales a la entrada de la noche a modo de faro multicolor que marca el punto de inflexión de nuestras vidas.
Tranquila singladura hasta el estrecho de Gibraltar que separa, a modo de aduana, dos mares tan opuestos como impresionantes, con alegres sirenas doradas en el este y mágicas sirenas plateadas del oeste.
Amigas gaviotas nos acompañan y no dejan de cantar misteriosas melodías portuarias, flanqueados por juguetones golfiños portugueses.
Bajo una fina y persistente lluvia contemplamos majestuosa la Torre de Hércules señalando próximo nuestro destino.
Entramos en el puerto haciendo sonar la melancólica sirena evitando chocar con otros barcos que se mueven en la espesa niebla.
Por fin atracamos en el muelle de Santa Lucía, lanzamos amarras y saltamos a tierra gallega camino de la calle de los vinos dispuestos a saborear una tazas de ribeiro, con pulpo a feira, para celebrar el regreso a nuestros orígenes.

"Tan sólo nos queda esperar la llegada del final para conocerlo"

Noche de niebla.
Noche que estrena diciembre. Noche húmeda de niebla envolviendo la ciudad. Tranquila noche de otoño sin viento ni lluvia; cinco frescos grados de temperatura despejan mi cansancio y mi sueño.
Sé que esta noche no voy a morir, pero deseo morir en una noche como esta. Una noche sin ruidos, en calma, de fresca niebla que refresca mi rostro y de tenues tinieblas arropando mi alma cerca del mar.
Tal vez, seguro, que en esa última noche de mi vida, y primera de mi muerte, no pueda expresar, por falta de tiempo, de lucidez, por culpa de un accidente, de una vejez paralizante o de cualquier otra circunstancia adversa, mis sentimientos. Por eso ahora, en este nocturno momento, cuando todavía estoy vivo y soy consciente de mis actos, quiero decirte que te quiero, que os quiero. Y quiero pedirte, pediros, perdón por aquellas palabras malnacidas de mi garganta que te ofendieron; perdón por aquellos actos impropios de un ser casi humano; perdón por lo que puede hacer por ti y no hice. No tengo palabras ni sentimientos que reprochen nada.Cicatrizaron todas mis heridas, comprendo tus actos y tus sentimientos, aunque no me perdono no haberte querido también entonces, cuando creció la distancia.
Sé que esta noche no voy a morir porque quizá ya esté muerto y estas palabras sean fruto de la energía virtual de mi imaginación tecleando las letras blancas del ordenador. En todo caso, si estoy vivo, muerto, o ni vivo ni muerto, reitero que te quiero, que os quiero, y quiero que lo sepas en esta apacible noche de niebla.

Te quiero mucho.
"A los hombres que amaban a las mujeres"

Te quiero mucho,
siempre te he querido
y ahora me tratas así.

Te trato como mereces,
nunca te he querido
y ahora no quiero nada de ti.

No puedes hacerme esto,
voy a salir loco,
mi vida no tiene sentido sin ti.

Puedo y debo hacerlo,
tu vida no me interesa,
pero la mía sí.

Viaje de ida y vuelta.
Voy, regreso a mi pasado.
Llego y no me encuentro, ya no existe.
Pregunto a conocidos y no me reconocen ni saben de él, de mí.
¿Han pasado tantos años?
¿Hemos cambiado tanto?
Vuelvo, sin historia, sin memoria, sin dejar rastro ni huella.
Sólo quedan dos caminos: el ahora y el después.
Nada atrás, todo por delante.
Conforme avanzo acorto la llegada.
No puedo detenerme, entretenerme mirando al abismo.
Veo el destino, bajo una gran nube flotando en el mar.
Ya casi llego a puerto, el barco me espera.
Unas millas mar adentro y nada más.
Al fin llego y me hundo, por fin.
¡Un último suspiro que me despierte!
¿O no es un sueño?

Valiente no, temerario.
Deja de temer, no te conformes con ser valiente y osado, haztetemerario.

La diferencia entre la vulgaridad y la genialidad, entre la esclavitud y la libertad radica en saltarse el guión, ese absurdo, opresivo y triste guión que alguien, amparado en el poder del miedo al cambio y sus consecuencias, ha escrito para nosotros, para todos nosotros, y que no estamos dispuestos a seguir, plantamos batalla.

Nos rebelamos contra el autor de esta tragicomedia prestos a escapar de sus palabras para expresar las nuestras, a nuestra manera. Tomamos las riendas de nuestro destino es este gran teatro abarrotado de gentes ancladas en cómodas o rudas butacas con actitud pasiva. Les animamos a que suban al escenario, se despojen del disfraz que les atenaza, destruyan los decorados de cartón piedra, quemen los guiones, abandonen la sala en llamas, tomen la calle y se apoderen de la belleza que nos rodea, robada y oculta en las cajas fuertes de las normas establecidas para beneficio de quienes las imponen.

Deja de temer, no te conformes con ser valiente y osado, haztetemerario.

Algo más que sueños.
Soñando somos verdaderamente libres. Libres para vivir otra realidad diferente, más auténtica, más nuestra, sin miedo a las consecuencias y repercusiones de nuestros actos.
Soñando tenemos la capacidad de vivir lo que el inconsciente y el instinto quieren o necesitan, incluso morimos soñando y regresamos, resucitando para la vida real y para otros futuros sueños.
Los sueños nos pertenecen, somos sus dueños, nadie puede interferir en ellos salvo que hayan sido invitados o se presenten inesperadamente permitiéndoles soñar junto a nosotros.
Los sueños son fenómenos de realidad aumentada. Añadimos información, entornos físicos y sentimentales, personas, situaciones y otros componentes virtuales a nuestra historia para crear una realidad mixta en tiempo real, sin necesidad de ningún dispositivo tecnológico externo.
En nuestros sueños no hay censura, ni lógica, ni normas, aprovechamos que la conciencia anda dormida para dar rienda suelta a la imaginación, a los deseos y a los sentimientos, verdaderos motores de nuestras vidas. Despertamos para alimentar aquella otra realidad que nos permita seguir soñando.

La pasada noche he soñado, soñado contigo. Regresabas a la cafetería a media mañana porque habías olvidado algo debajo de la mesa. No eran los paraguas que ya antes, al comienzo del sueño, marcharon contigo dispuesta a cumplir con tu obligación de madre. Mis contertulios, conocidos tuyos, han buscado sin encontrar nada. Yo, en cambio, he encontrado los auriculares de tu teléfono y te los he entregado. No recuerdo nada más, salvo el roce de nuestras manos. Ahora, ya despierto, sueño el chispazo en las manos fruto de la electricidad estática que generan nuestros cuerpos magnetizados y añado, al sueño, la canción que suena por "arte de magia", de tu magia, en los auriculares desconectados.

Albina sombra.
Persigo tu sombra, blanca sombra, reflejo de la luz que emite tu fugaz presencia.
A veces, cuando logro encontrarla y la sigo a media distancia, se pierde en las esquinas de mis sueños. Otras, en cambio, desaparece misteriosamente en la oscuridad del deseo reapareciendo tan inmaculada como nieve recién caída.
En los momentos más inesperados, cuando estoy cansado de perseguirla o dejo de buscarla porque estoy entretenido con otras sombras de colores, que también existen, doy fe, y de las que hablaremos en otra ocasión, si surge, choca frontalmente con la mía y se funden en gris ceniza, claroscuro de su blanca luz y mi negra ceguera. Permanecen unidas algunos segundos, que por la intensidad sentimos eternos, compartiendo intimidades prohibidas. Transfiere a la mía toda su energía y blancura. Blancor que me acompaña durante dos o tres noches, hasta extinguirse, iluminando mis paseos nocturnos que recorren la ciudad dormida al albur de la noche.
Pero no es a tu albina sombra a quien busco insistentemente, sino a su dueña, para que produzca en mi cuerpo los mismos efectos que la tuya en mi sombra.

Nocturno.
Lunes noche paseo la calma
No pesa el aire que inhalo
Luna llena en la bóveda del cielo
Ilumina oscuros recuerdos
Calles mojadas de fina lluvia
Reflejan difuminada tu cara
Gentes regresando a casa
Habitas en la distancia
Bares cierran la puerta
Abren mi madrugada
Barrenderos a la faena
No barren tu presencia
Hojas secas planean al suelo
Alfombrando mi memoria
Débil bruma nace

Refresca suave mi sueño
Envuelve húmedo mi viaje
Alrededor de tu tiempo.

Aparición.
Inesperada sonrisa
ademán cómplice
ojos chispeantes
labios frambuesa
gestos alegres
amable princesa.

La ausencia de tu presencia.
Palabras que anuncian tu presencia
apacibles aguardamos tu llegada
pasan cortos minutos alegres
y estrechas horas de espera
no llegas y por tanto no vienes
transmutándote en ausencia.

La rebelión de los libros de Eva.
Querida Eva, nos llegan noticias por medio de un amigo común, aunque él pretende no serlo (común), que te quiere y quiere evitar el desastre. Malas noticias anunciando tu intención de abandonarnos, de dejarnos morir en el olvido de las estanterías, cogiendo polvo, o llevarnos al contenedor de papel usado para reciclarnos en envases, en papel higiénico o de periódico. Olvidarnos para siempre y darle paso al “ebook”, ese cacharro frío e infame que nos roba lectores día a día.
Ignoras que aprendiste a leer y soñar con nosotros, inmersa en cuentos con grandes letras y atractivos dibujos de colores que conseguían hacer volar tu imaginación. Tu cuerpo y tu inteligencia crecieron con nosotros: en los libros de texto, en las novelas para adolescentes, en aquellos ininteligibles libros de psicología y en los farragosos manuales que manejas en el trabajo. Nosotros, en cambio, no hemos pensado jamás abandonarte, te queremos y te comprendemos, somos parte de tu historia y de tu familia.
Ahora disfrutas de la lectura de “best seller”, y, como tenemos vida propia, nos vamos adaptando, conforme avanzas en la trama de la novela, a tu estado de ánimo en cada momento. Sí, porque los libros, como la vida, tenemos un principio (a veces también un prólogo) y un final (a veces también un epílogo), pero la historia que contamos es diferente para cada lector. Obtenéis conclusiones y reflexiones personales distintas, ¿acaso un "ebook" puede transmitir tanta emoción? Por no hablarte de nuestras atractivas cubiertas que incitan a cogernos; del tacto del papel; de nuestros lomos; del aroma que desprendemos: a tinta fresca de la última edición y a nostálgico perfume en las primeras; de las tapas traseras que con un pequeño resumen te animan a la lectura. El brillo de nuestras palabras no puede compararse con la fría luz de una pantalla, ni tus dedos con las teclas de plástico que la acompañan.
Hemos estado en tus manos desde el primer momento, elegidos en la librería, o llegamos a tu casa envueltos en papel de regalo. Algunos contenemos emotivas dedicatorias. Otros hemos sido marcados con tu ex libris. Nos has acariciado, besado, olido, escuchado, a veces caímos al suelo cuando cerrabas los ojos de cansancio. Hemos viajado contigo, a la playa, a la montaña, mojado juntos, rebozado en arena, manchado, reído, llorado, vivido, y no nos ha importado, te queríamos tal como eras. ¿Imaginas lo que durará el “ebook” en tus inquietas y torpes manos? ¿Y cuando se agote la batería y te deje colgada en el desenlace final? Maldecirás y lo estamparás contra el suelo.
No queremos amenazarte pero sabes que hay otros libros no tan buenos como nosotros. Libros asesinos, sicarios dispuestos a vengar grandes afrentas. Libros que ocultan un arma de fuego en su interior, prestas a dispararse involuntariamente. Libros con puñales afilados, con veneno en polvo entre sus páginas, cargados de explosivos, infectados de radiactividad. Otros, como volúmenes de enciclopedia, aparentemente inofensivos, caen desde gran altura impactando en las cabezas y causando daños cerebrales irreparables. Debes valorar los pros y los contras en tu decisión y no dejarte llevar, como haces habitualmente, por la primera impresión, por impulsos emocionales, pues las consecuencias pueden ser nefastas para ti y para nosotros.
Con cariño y resquemor,
Tus libros de toda la vida

Remando.
Preferíamos navegar en soledad con nuestro barco "Luz del mar". En brazos del viento, cuando soplaba inflando velas, volábamos en dirección cualquiera, nada nos importaba, ni el rumbo ni el destino. Tampoco sufríamos al quedarnos varados en momentos de calma, aprovechábamos para leer, buscar la reflexión del lenguaje escrito y meditar. Disfrutábamos también dentro de una corriente, esperando acontecimientos, dejándonos llevar mientras contemplábamos el monótono paisaje gris claroscuro, en días cubiertos, y azul marino los despejados, escoltados por faros dormidos en la línea de costa
Ahora hemos decidido compartir con otros marinos, en este caso marinas, nuestras singladuras y nuestro destino. Enrolados en una trainera femenina dispuestos a aunar esfuerzos y compartir ilusiones, a captar la sensibilidad y el entusiasmo de las mujeres de la mar que nos han acogido con agrado, esperamos no defraudarlas.
Entrenamos todas las mañanas de domingo, a primera hora, cuando la mar anda todavía desperezándose y nuestros brazos comienzan a coger tono. Dirige la embarcación Mar, marcando el ritmo con su voz dulce y acompasada, la mirada atenta al horizonte, sincronizando nuestros movimientos batientes, acariciando con los palos el agua, avanzando con suavidad y determinación, arando el mar con estelas blancas.
Recorremos seis millas de ida y seis de vuelta, regresamos a puerto cansados pero felices por las sensaciones vividas y compartidas en silencio, cabalgando sobre el mar, a veces picado, y curtidos por la brisa salada que refresca nuestro esfuerzo y aclara nuestras dudas.
Hemos aprendido a navegar en compañía, en buena compañía. Nos sentimos queridos y aceptados, sumamos nuestra energía a la de ellas y comprendemos que así, juntos, avanzamos todos más, bastante más. El día que recibamos un golpe de mar y nos arroje por la borda, tendremos a nuestro lado brazos firmes y sensibles prestos a rescatarnos, a rescatarlas.

En sueños.
Nocturno sueño,
hora indeterminada,
una noche de lluvia emana.


Reunión de caras ocultas,
tú al fondo de la sala, sentada,
piernas abiertas:
exponiendo medias doradas.

Cruce de palabras olvido
de contertulios en círculo,
una diminuta paloma,
tamaño gran saltamontes,
recorre la mesa e inicia el vuelo
y con ella el fin de mi sueño
y de tu onírica mirada.

Tirando del hilo.
Tiramos del hilo de la historia, de nuestra historia personal, intentando encontrar el origen, la causa de nuestro estado actual que explique lo que nos pasa, lo que sentimos.
Porque sentimos, porque nos impresionan pequeños gestos, fugaces miradas y palabras amables que se transforman en grandes estímulos, de mágicas personas que encontramos durante las veinticuatro horas que tarda un día en ceder el testigo a otro, despiertos y soñando, a veces también despiertos.
Estímulos que mueven los hilos de la marioneta que somos, movilizando nuestros brazos y piernas, nuestra cabeza y los gestos de la cara. Estímulos que articulan nuestra voz y nuestra mano para hablar y escribir de sentimientos que se cuelan por la frontera de la razón, como “sin papeles” dispuestos a buscarse la vida en el mundo de la amistad, del amor, de la fantasía.
Y a fuerza de tirar y tirar del hilo, a modo de autopsicoanálisis, recorriendo etapas anteriores, vivencias, emociones y aventuras infantiles, llegamos al final, o regresamos al principio, y no hay nada, nada físico, tan sólo un vacío, un inmenso vacío, repleto de recuerdos, de huellas, de cicatrices e imágenes de almas femeninas marcando los puntos kilométricos de nuestro pasado hasta llegar a la primera mujer, la que nos sacó de las tinieblas dándonos la luz y la vista, empujándonos al abismo de la vida, cortando el nudo gordiano que nos mantenía unidos a ella y a la nada.

Mi desesperada estatua.
Te esculpí hierática, solemne y enigmática.
Otras envidiaban tu encanto.
Atraías a esbeltas tallas varoniles procesionando en semana santa.
Nació el amor apasionado con Judas, en la distancia.
Palomas mensajeras susurraban al oído bellas palabras dedicadas.
Pasado un tiempo tu rostro fue infectado por el virus de la tristeza, una noche de traición y desencanto.
Desde entonces vives petrificada en el amargo recuerdo de su ausencia.
En días de lluvia tus lágrimas se confunden con las gotas que intentan lavar tu memoria.
Sale el sol radiante mientras tu cara continúa triste y melancólica, en primavera, en verano.
Tan sólo la nieve de invierno dulcifica tu tragedia.
Recobrarás tu pose clásica, que tornará a feliz sonrisa, sólo con otra estatua que fije en ti su mirada.

Al doblar la esquina.
Recuerdo aquella fría y lluviosa tarde de otoño. Yo caminaba deprisa, destino a una cita ineludible, y tú, por lo aparatoso del impacto, también andabas aceleradamente intentando llegar a tiempo al cumpleaños de tu hija.

Fue al doblar la esquina, en el cruce de Rosario con Concepción. Giré a la derecha y tú a la izquierda. Yo por el interior, respetando la norma no escrita de andar por la derecha, y tú te echaste literal y físicamente encima de mí. Recuerdo el vuelo de tu bandeja de pasteles buscando pista para aterrizar en el suelo junto al ramo de rosas que yo portaba. Inmediatamente ambos nos agachamos intentando evitar el desastre, y nuestras cabezas, al igual que antes nuestros cuerpos, volvieron a impactar. Tras el aturdimiento inicial, contemplamos juntos el naufragio de la barca de pasteles en el mar del charco de lluvia. Mis disculpas, tus disculpas, rodeados de gentes que reían o se interesaban por nuestro estado físico y anímico. Tu sonrisa, mi sonrisa, y el ramo de rosas, destinado a mi amigo fallecido -sin duda dio por bien empleado en esas circunstancias, el habría hecho lo mismo con mi aquiescencia- que te entregué, no sin gran esfuerzo para que lo aceptaras, como compensación a tu dulce pérdida.

Ha llegado otro otoño, llueve y hace frío. Hoy es el aniversario de mi amigo y por tanto el cumpleaños de tu hija. He comprado otro ramo de rosas, rojas como su apellido. A la misma hora que hace un año voy a recorrer el mismo itinerario. Doblaré la esquina, a la derecha y por el interior, como siempre, en el cruce de Concepción con Rosario. Esta vez no tengo prisa, caminaré despacio intentando encontrarte y no toparme de nuevo contigo y tu bandeja de pasteles. Si coincidimos recibirás el ramo de aniversario. De no ser así será para mi amigo, aunque él preferiría no recibirlo, así son los amigos, incluso después de doblar la última esquina.

De muros y puentes.
Asentamos los cimientos de nuestros muros, excavados en la profundidad de las heridas abiertas, con frío acero forjado y espeso hormigón, mezcla de rencor e indiferencia. Ladrillos superpuestos de ira horneada lo elevan aislándonos de enemigos, hasta hace poco compañeros de viaje. Muros que cortan toda comunicación visual, verbal y emocional, impidiendo contemplar sus vidas con la simpatía y el cariño de antaño.
Cierto que nos ofendieron, que abusaron de la confianza depositada, que defraudaron, que nos hirieron. Pero toda herida cicatriza con el bálsamo del perdón y el paso del tiempo. Por ello deberíamos dedicar ahora nuestro esfuerzo, una vez superada la afrenta, a tender puentes que salven el abismo abierto y acorten la kilométrica distancia que nos separa, conectando de nuevo sus vidas a las nuestras.
Para qué elevar muros si podemos tender puentes.

La línea de meta.
En un recorrido circular, como la vida, con origen y final en el mismo punto: la frontera de estar o no estar, la velocidad no es determinante. Conocemos la fecha y la hora de salida, desconocemos el itinerario, aunque podemos trazarlo previamente y esperar acontecimientos que nos obliguen a modificarlo, pero nunca la hora y la fecha de llegada, salvo que decidamos tirar la toalla antes de tiempo y terminar nuestro paseo, seremos social e incomprensiblemente descalificados.
Nacemos y morimos, partimos y regresamos, tan solo nos falta llenar de contenido la distancia que separa ambos hitos.
Podemos avanzar deprisa intentando que el recorrido sea lo más largo posible, ignorando las señales que aparecen a ambos lados. Podemos caminar despacio, contemplando los paisajes, saboreando lentamente los frutos a nuestro alcance y disfrutando de la compañía de quienes marchan a nuestro ritmo. También podemos conducirnos ineficientemente: acelerando y frenando bruscamente, con impaciencia, y generar tensiones y conflictos con el resto de caminantes.
Al final todos llegaremos a la meta, antes o después, independientemente del camino elegido y del tiempo empleado en recorrerlo. Allí nos aguarda, con los brazos abiertos y una sonrisa amable, la dulce azafata de la muerte para hacernos entrega del ramo de flores que premie nuestro esfuerzo y adorne nuestra última morada.
Por tanto, si somos conscientes de nuestro origen, del recorrido que nos queda por delante y del final inevitable, haríamos bien en no aferrarnos a bienes materiales, pues sólo seremos depositarios temporales de ellos, en gozar de la buena vida y de la buena gente, si hemos tenido la suerte y la fortuna de encontrarla y no angustiarnos porque veamos la pancarta de meta cada vez más cercana.
Buen camino, buena compañía y feliz regreso a meta.

Tiempo muerto.

Son las dos y cinco de la noche y me encuentro aquí, en la unidad de cuidados intensivos del Hospital General Universitario, esperando que pase una hora para terminar de morir. Parece absurdo pero así es. Ingresé de urgencia a las dos y cuarenta y cinco minutos con un fuerte dolor en el pecho víctima de un inoportuno infarto.
He sido diligentemente atenido a pesar de la hora y del momento: noche de sábado a domingo.
A las tres, a punto de morir, pues ya nada podían hacer por mí, llega el cambio de hora retrasando mi final desenlace.
La doctora García, jefa del servicio, muy profesional y dispuesta, me ofreció aprovechar este lapso de tiempo para salvar mi vida. Yo, muy agradecido, me negué argumentando que si el destino había determinado mi punto y final para este día y esta hora, no podemos los humanos contradecirlo y alterar alegremente sus consecuencias. Carecen de culpa mis familiares y amigos, herederos de mis últimas voluntades testamentarias, que por cuestiones meramente de ahorro energético no puedan disfrutar de la libertad de mi ausencia y del rédito de mis bienes, no muy elevados por cierto.
La psicóloga de guardia acaba de subir para prestarme el apoyo profesional oportuno en esta última hora de mi vida, se ha encontrado con el sacerdote, que también intenta administrarme los santos óleos. Voy a invitarlos a una bebida de máquina, pues la cafetería ya está cerrada, y a decirles que regresen a sus habitaciones y aprovechen para dormir una hora extra, que yo ya me las apañaré solo y que me encuentro, ahora mismo,perfectamente, tan sólo me espera el desenlace final dentro de cincuenta y cinco minutos.
Terminaré de leer "Un hombre que se parecía a Orestes", creo que el humor de Álvaro Cunqueiro me ayudará a entrar con buen pie en el más allá de las tres.

Como girasoles.

Somos girasoles expuestos a la luz del destino.
Llegamos a este húmedo y ocre terreno una fría mañana de invierno ocultos en la semilla de nuestros progenitores.
De niños fuimos creciendo en tiernos tallos mecidos por el viento, jugábamos al escondite y aprendíamos de la naturaleza y de las jóvenes plantas más adelantadas.
En primavera abrimos llamativas flores a livianas mariposas multicolores y laboriosas abejas que, hambrientas, chupaban el dulce néctar de nuestras entrañas y nos traían noticias de otras flores más allá de este campo. Continuamos creciendo alegres con el canto y el vuelo de golondrinas rozando nuestros pétalos amarillos.
En la canícula de verano sufrimos desvanecimientos y alucinaciones por falta de agua y exceso de radiaciones solares, mientras maduraba el fruto del tiempo y del esfuerzo.
Hemos llegado a este otoño en pleno apogeo, inclinamos las cabezas a la madurez de nuestras vidas y contemplamos la caída de hojas amarillentas en árboles cercanos. Tan sólo nos queda morir en la cosecha, transformarnos en suave aceite, en pipas secas elipsoidales, o renacer en el huerto, otra mañana, y continuar girando expuestos a la luz del destino.

Despertad, amanece.
Despertad, amanece, atrás quedó la noche cubierta con cálidas mantas, dejad los amables sueños dormidos, volveremos a soñarlos, olvidad las oscuras pesadillas pues el Sol se enciende otra mañana dispuesto a guiar nuestros titubeantes pasos en busca del llano horizonte, luz cálida anaranjada, como zumo que ilumina el alma, cálida niebla retrocede a la montaña, aroma de café y tostadas alimentan la esperanza.


Las torres gemelas.

En ocasiones nuestro egonos induce a mirar a las demás con perspectiva. Sin embargo todas somos iguales y estamos conectadas con gruesos cables de acero que transportan la energía que nos mantiene vivas.
No discriminamos a ningún tipo, nos da igual su origen, color o creencias: eólica, nuclear, hidroeléctrica, de carbón, de gas, solar, etc. Llevamos a todas en nuestras venas metálicas con el mismo cariño y entusiasmo.
Desde lo alto de nuestra esencia compartimos los sentimientos y las vistas que nos ofrece la naturaleza, tan exuberante como nuestra propia conductividad.
A veces una súbita subida de tensión incontrolada genera chispas en nuestras conexiones quemando las relaciones que con tanto cariño habíamos construido. Es entonces cuando necesitamos la ayuda inestimable de expertas electricistas, conocedoras del alma humana, para que reparen la avería de nuestros corazones,sustituyendo los débiles fusibles que albergan por otros más condescendientes y nos conecten de nuevo a la red.
Yo os quiero a vosotras, las más cercanas, os veo todos los días menos aquellos que la densa niebla me lo impide, cambiamos impresiones y eléctricas emociones, pero nunca me olvido de aquellas otras torres que se pierden en el horizonte o detrás de las montañas pues a ellas también las quiero.

El escolta.

Respiro la salada brisa marina, impregnada con el dulce perfume de tu cuerpo, y siento, siguiendo tus rítmicos pasos en esta tranquila playa de Zarautz, que pronto acabará todo y dejaré de estar cerca de ti, protegiendo tu vida.
Continuarás el arriesgado trabajo político en el ayuntamiento, soportando los insultos y desplantes de quienes piensan que por el simple hecho de no haber nacido en el país careces del derecho a representar a sus gentes. Mis amigos tampoco entienden que con rancios apellidos yRh negativo esté al servicio de una maketa arrogante. Nunca les he hablado de mis sentimientos aunque intuyen que soy un romántico kamikaze.
Eres valiente, lo demostraste el día que encontré la bomba lapa adherida a los bajos de tu coche y, con la sangre fría y el humor que te caracterizan, me preguntabas si era una lata de bonito del norte. O cuando te enfrentaste con gallardía a los jóvenes intransigentes, en las pasadas fiestas patronales, y tuvimos que pedir ayuda a la Guardia Civil.
Sé que llegarás lejos en tu partido y tal vez, cuando seas ministra, reclames mis servicios que ahora, con ETA a punto de claudicar, van a ser innecesarios.
Ya he recibido ofertas de trabajo en África muy bien remuneradas protegiendo a armadores vascos, pero quiero estar a tu lado hasta el último día disfrutando de estos momentos de calma junto al mar, siguiendo tus pasos a corta distancia y brindar con txacoli de Getaria todas las mañanas de domingo en Gogeaskoa.
Tal vez en ese anhelado día, cuando anuncien el abandono definitivo de las armas y el fin de esta absurda violencia, deje desprotegida tu espalda y, situándome frente a ti, mirándote a los ojos, te cuente lo que realmente siente mi corazón ahora oculto detrás de mi arma de fuego.

La concejal.

Mi querida sombra, pues siento que eres una cálida sombraacompañándome día y noche velando por mi vida, sabes que era reacia a emplear el servicio deguardaespaldas pero el tiempo y los acontecimientos que hemos vivido juntos le dieron la razón a la jefa de seguridad de mi partido y ahora, que vemos la luz al final de este largo túnel de violencia, voy a echarte de menos, no como gran profesional, que lo eres, sino como amigo
En un primer momento me llamó la atención que un vasco de pura cepa se ofreciera de escolta de una canaria liberal, pero pronto me di cuenta que, como a mí, te gustan los retos difíciles y navegar a contracorriente, sin miedo a las consecuencias.
Mi trabajo en el ayuntamiento ya no tendrá sentido el día que ETAtermine. Conoces que acepté ir en las listas del Partido Popular porque no había nadie dispuesto a jugarse el pellejo en “territorio comanche”, pero pronto todo cambiará y no me apetece luchar por otras causas menores a los derechos humanos fundamentales.
Sé, de buena tinta, que te han ofrecido trabajo en las costas africanas y en cualquier momento decidirás dejar de seguirme y estar a mi lado, por eso intento disfrutar de tu compañía con más intensidad.
He solicitado trabajo de cooperante con Gurutze Gorria, ojala coincidamos en alguna playa africana y pueda correr junto a ti sin necesidad de girar la cabeza hacia atrás para mirarte.
Te quiero agradecer la dedicación, el interés, el esfuerzo y el cariño que has puesto en tu trabajo. A veces pienso, o quiero creer, que hay algo más que profesionalidad en tu trato conmigo.
El día que anuncien el final de la violencia no podré reprimir mis sentimientos y me fundiré contigo en un largo y profundo abrazo. Comenzará una nueva vida para los dos, tan incierta como la que ahora vivimos: yo por delante y tú siguiéndome, como mi sombra.

El etarra.
Tengo controlada a la parejita: la puta maketa canaria y el traidor de Elizondo. Andan muy relajados en este clima asqueroso de tregua. Incluso se permiten el lujo de ir a correr todos los domingos por la mañana a la playa de Zarautz y luego almuerzan acaramelados en la cafetería de su tío Gogeaskoa. Creo que el hijoputa sabe que les sigo, pero parece que se la suda bastante. Se nos escaparon hace dos años por culpa del puto mando a distancia y les tengo muchas ganas. La niña está dando por culo todos los días en el ayuntamiento de Oiartzun e incluso se encara con nuestros chavales, ¡alucinante! Con el rifle de mira telescópica puedo mandarlos al otro barrio el próximo domingo a la hora de misa, para que suban al cielo directamente, espero instrucciones. Por cierto ando mal de pasta y tengo que limpiarme el culo con las páginas nacionales del Mundo, ¿qué coño pasa?


Dos muertos tras un tiroteo en Zarautz.

Esta mañana de domingo, sobre las 12 horas, se ha producido un tiroteo en la playa deZarautz con resultado de dos muertos: el miembro legal de ETA,Jon García Urretxu y el escolta de la concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento deOiartzunTxema PardoGogeaskoa. Al parecer la concejal Carmen Suárez corría junto a la orilla del mar seguida a corta distancia por su escolta, éste, al percatarse, por los gritos de los paseantes, de la presencia en el paseo marítimo del terrorista apuntando con un rifle de mira telescópica, se abalanzó sobre su protegida derribándola y evitando que el disparo del etarra la alcanzara. Reincorporándose inmediatamente efectuó un certero disparo con su arma de fuego alcanzando el pecho de Jon Urretxu. Al acercarse al cuerpo del terrorista, tendido en el suelo aún con vida, recibió los disparos de un ertzaina creyendo que era miembro del comando terrorista. Atendidos ambos heridos, en un primer momento, por los socorristas de la Gurutze Gorria, de servicio en la playa, fueron trasladados con urgencia al hospitalDonostia de San Sebastián donde nada pudieron hacer para mantenerlos con vida. Todavía no se han producido declaraciones de los representantes políticos, conmocionados por el suceso que pone en tela de juicio la última declaración de la banda armada, aunque fuentes próximas a la investigación hablan de un posible ajuste de cuentas personal entre los dos fallecidos, nacidos ambos en la localidad navarra de Elizondo.

Ahora es el momento oportuno.

Nunca es demasiado tarde ni demasiado pronto: ahora es el momento oportuno.
Cierto que hubo ocasiones y oportunidades que, por circunstancias que no debemos reconvenir ni reprocharnos, no pudimos, no supimos o no quisimos entrar a jugarlas, pero aun así las vivimos intensamente y dejaron su huella en nuestra memoria y en nuestro corazón, aflorando de vez en cuando en el recuerdo.
Cierto que llegarán, sin duda, nuevas ilusiones que impactarán en nuestros sentidos trastornando el débil equilibrio que nos mantiene todavía en pie. Debemos estar atentos y preparados para, en esta ocasión, dejarnos llevar en el vagón de cola del destino sin rumbo conocido.
Mientras tanto, ahora, es el momento oportuno de vivir el presente con total intensidad y entusiasmo, arropados por los sentimientos propios y ajenos, que circulan a nuestro alrededor, emanados de quienes nos acompañan en el extenuante peregrinaje alrededor de la vida y del amor.

Nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde: ahora es el momento oportuno.

Morena.
Morena, al lado del mar
morena, en la montaña
morena, soñando el pasado
morena, dulce de la noche
morena, en el recuerdo
morena, con agua de valencia
morena, susurrando
morena, eternamente
morena, aquí y ahora
morena, tan morena


Tu ventana.
Rendijas abiertas de luz,
entre sombras paralelas
de la noche, que alumbra
tu habitación y mi espera.

Silueta de color que llega
anunciando tu presencia,
un instante, un suspiro,
y muere la luz,
y con ella mi tormenta

Un domingo cualquiera.
Despierta la noche amanece la mañana atrás quedaron los sueños y sus protagonistas durmiendo mañana fresca de otoño la ciudad tranquila a las ocho de la mañana ciclistas en grupo y gente que corre pisando las primeras hojas amarillas aroma de café con leche hirviendo y magdalenas de esponja bajando a la calle por la escalera aire puro en los pulmones campanas de iglesia que tocan a misa ladrido de perro en la lejanía vehículos escasos con calma circulan kiosco de prensa y el país me esperan visita paterna atenciones sanitarias el garaje se abre y avanza el astra destino las casas carretera sin manta a la plaza me llevan residencia la manchuela ancianos dormitan ignorando la misa Dolores me besa y besa mi mano regreso a la ciudad noticias de ayer leo ahora ejercicio mental y físico comida maleta y destino al mar buscando la luna llena un domingo cualquiera.

Consecuencias de la crisis.

El ayuntamiento de una conocida ciudad de La Mancha, famosa por sus navajas, ha decidido, a consecuencia de la crisis económica y moral que estamos padeciendo, enterrar a los vecinos fallecidos -estudian la posibilidad de hacerlo también con los vivos que así lo deseen- en las calles.
Las obras que, jubilados atónitos venidos de otros lugares de España en visita guiada por el INSERSO, contemplan día a día en la ciudad, se tratan, por consiguiente, de una ampliación del cementerio municipal.
El consistorio ofrece a la ciudadanía la elección de la calle o plaza para la última morada, eso sí, libre del impuesto de bienes inmuebles. Además la corporación municipal ha delegado en el concejal de cementerio la búsqueda de patrocinadores. En este sentido tenemos noticias de negociaciones muy avanzadas con las empresas suministradores de servicios básicos: electricidad, gas, agua y teléfono, encaminadas a aprovechar las obras de reparación, ampliación y mejora de sus redes de distribución en aras de abaratar las futuras tumbas.
Nos consta que ya existe una lista de espera de candidatos dispuestos a ocuparlas, y que esta original iniciativa, en tiempos de crisis, será exportada a otros municipios de Europa.
Felicitamos al ayuntamiento manchego por su I+D+I. Enhorabuena.
Chema Press.

El camino más corto siempre es curvo.

Amigo lector, amiga lectora, presiento que en esta ocasión, suponiendo que en cualquier otra anterior lo haya conseguido, no voy a convencerte: el camino más corto siempre es curvo.
Si bien es cierto que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, no es menos cierto que, como habitamos en un planeta esférico, la distancia más corta entre dos lugares es siempre curva. También lo hemos comprobado subiendo y bajando montañas: zigzagueando es más fácil, menos peligroso y más rápido que si nos desplazamos en línea recta.
Algo parecido ocurre en las relaciones humanas, si queremos encontrarlas, establecerlas, mantenerlas y profundizar en ellas deberemos movernos en línea curva salvando los obstáculos que encontraremos en nuestro camino. Si optamos por ser directos, rectos, llanos, expresando lo que realmente pensamos y sentimos a cada momento de la persona que está frente a nosotros, sinautocensura, espontáneamente, corremos el riesgo de distanciarnos, e incluso perder, un amigo, una amiga, un ser querido.
Por tanto un consejo te doy, a pesar de no querer dártelo pues el mejor consejo es aquel que descubrimos nosotros mismos o nos encontramos casualmente en el camino: camina erguido pero con cintura suficiente para adaptarte a la trayectoria parabólica de las relaciones humanas.

La número 1.

Siento que eres la número 1, por lo menos para mí, y a pesar de habernos conocido un día 13, en año bisiesto del siglo pasado, la suerte nos acompaña a los 2; porque somos eso: 2: 1 más 1, separados, no como el 11 que son dos 1 inseparables y primos:indivisibles por otros.
Después de mis 1.001 intentos de juntarnos en otro número par, tal vez el 4 porque yo soy 2 y tú 2 más, por lo menos, siempre terminamos en 0, en 0 a la izquierda que no vale nada, o casi todo.
De tal modo que hago cuentas trabajando con los números más raros: complejos, imaginarios, irracionales y trascendentes, y obtengo siempre el mismo resultado: el 1, que eres tú, mi número imposible, infinito, complejo e hiperreal.

Tu mirada.

Tu mirada, limpia,
pura y transparente,
impacta, electrizante,
en estos miopes ojos,
que miran a tus ojos,
captando la luz azul,
cielo marino,
y el mensaje indescifrable que transmite


Cuestión de tiempo.

Aprendimos a comprender el tiempo mediante la observación de los ciclos del Sol y de la Tierra.
Aprendimos a medirlo con relojes que evolucionaron con el paso del tiempo.
Aprendimos la existencia de un tiempo presente, de ahora; pudimos retroceder hacia atrás en busca del tiempo pasado; y anticiparnos al tiempo que viene en el futuro, ahora después.
Aprendimos el significado del tiempo muerto, y lo enterramos.
Aprendimos que cualquier tiempo pasado fue mejor, siempre, o casi nunca.
Aprendimos que el tiempo es oro y por eso lo guardamos en cajas fuertes.
Aprendimos a matar el tiempo, de cualquier manera, incluso asesinándolo.
Aprendimos que existe un tiempo para cada cosa y que cada cosa a su tiempo.
Aprendimos que el tiempo nos envejece por fuera y a veces también por dentro.
Aprendimos que el tiempo todo lo cura y que todo se olvida con el paso del tiempo.
Aprendimos cómo evolucionan los acontecimientos de un tiempo a esta parte.
Aprendimos que existe un tiempo de silencio, de calma.
Aprendimos que el tiempo se nos escapa por las rendijas del alma.
Aprendimos que no hay tiempo que perder ni que perder el tiempo.

Y, sí hemos aprendido tanto del tiempo, ¿por qué no hemos aprendido a transcender de él instalándonos en la intemporalidad?

Mágicos sueños circulares.

Mágicos sueños circulares, como ondas de agua en el estanque, surgen en mi noche de otoño para reencontrarme contigo, desconocida mujer.
Te sientas a mi lado en la tierra húmeda, abrazo tus hombros, y tú mi cintura, y contemplamos las montañas, de cumbres nevadas, repletas de gentes que recorren los senderos en busca de sus propios sueños.
Mágicos sueños circulares, como el vuelo de los buitres leonados cerniéndose sobre nuestras cabezas dispuestos a cobrarse el cadáver que huye de trágicas pesadillas.
Y continuamos soñando, callados, sin necesidad de hablar pues nos basta con la comunicación onírica.
Pero suena el despertador, y despertamos, tú no sé dónde y yo en la soledad de mi cama.
Comienzo ahora el ritual circular de todos los días, puesto en pie, dispuesto a encontrarte, desconocida mujer, en el rostro de otra mujer tan real como mis sueños mágicos circulares.

El 23.
Rosa fresa brillante: tus labios
aroma frutal, fino y delicado: tu beso
sabroso, fresco y equilibrado: tu cuerpo
vigésimo tercero: hoy 23
llueve: en la noche equinoccial
viernes: igual que ayer
otoño: siempre otoño a tu lado
y tu argumento:



Efímero amor.

Efímero amor, como blanco rayo que cae del cielo iluminando la tarde azul de tormenta, explota en trueno, nos inquieta y conmueve.
Fugaz amor, asciende veloz en la oscuridad de la noche, estalla en lluvia de colores que calan nuestros sueños.
Breve amor, entra a hurtadillas por nuestros sentidos, se instala en los sentimientos y anestesia el autocontrol que nos gobierna.
Exiguo amor, brota, cual nívea flor de almendro, mostrando su belleza en los campos de nuestra imaginación para marchitarse en fruto de cáscara impenetrable.
Pasajero amor, funde el hielo de invierno en aguas cristalinas que buscan la mar salada del estío, ahogándose en el fondo del tiempo.
Temporal amor, llega y se esconde, reaparece y se oculta en sombras que nos siguen y persiguen en noches románticas de luna llena.
Perecedero amor, arco iris aureolando la sonrisa triste y la mirada miope de nuestros arrítmicos corazones.
Transitorio amor, estrella fugaz que impacta en la atmósfera de nuestras vidas desintegrándose en la caja negra de la memoria.
Momentáneo amor, destello de ansiedad y suspiro de alegría e incertidumbre, alterando las constantes vitales de tu cuerpo y del mío.
Efímero amor, tan efímero como eterno.

Regreso sin ella.
Asfalto gris carretera
una tarde de verano,
de levante a la meseta,
regresando sin ella.

Castillo de Almansa,
sierra del Mugrón al frente,
molinos que el viento gira
como la vida, adelante.
Tierras ocres deseperan,
amarillos campos de Chinchilla,
cielo azul de tristes nubes,
radar y canciones suenan.
Atrás 17 años de infancia
y una vida sin espera,
kilómetros de distancia
y regreso, sin ella.


Gira la noria.
Gira la noria como la vida:
en círculo:
subiendo y bajando:
sin parar:
hasta el final.
¿Subes?

Autopsia 117-2011.

Llega tu liviano cuerpo, aún caliente, que deposito con delicadeza en la mesa metálica.
Mujer de tez blanca y edad indeterminada: entre cuarenta y cincuenta años.
Metro sesenta y cinco y cincuenta y cuatro kilos de peso.
Cabello rubio lacio en varias tonalidades.
Descalzo los pies de sandalias claras con medio tacón.
Corto, de abajo arriba, con tijeras sin punta, para no herir tu cuerpo inerte, el vestido verde vaporoso que te envuelve.
No hay ropa interior cubriendo la zona íntima superficial, tal vez el calor y tu arrojo no la necesitaron.
Señales evidentes de actividad sexual reciente.
Cuerpo bronceado por los últimos rayos de verano que termina apagado, como tu vida.
No observo ninguna marca ni síntoma de golpes fortuitos o intencionados.
Tu cara, relajada y feliz, tampoco denota angustia ni terror en los últimos momentos.
Tan sólo encuentro un pequeño corte, de origen doméstico, en el dedo índice de la mano izquierda y rosadas rozaduras en ambos talones fruto, sin duda, de coquetería femenina.
Tomo el bisturí dispuesto a explorar el interior de tus entrañas. Acaricio tu piel con el filo metálico que abre una rendija a la luz y a mi vista que indaga en tu pasado.
Órganos del digestivo en perfecto estado, restos de marisco y olor a vino blanco afrutado.
Pulmones limpios de tabaco y otras drogas.
Arterias y venas libres de depósitos grasos denotan actividad física regular.
Dirijo mi mano, mis ojos y mi afilado lápiz a tu pecho buscando el corazón. Apariencia normal, ligeras manchas banales y una pequeña herida sentimental abierta que debió sangrar lenta y tristemente pero sin afectar a las funciones intelectuales básicas.
Me acerco a la cabeza recorriendo tu delicado cuello sin huellas de estrangulamiento.
Retiro las gafas que dejé puestas por si te interesaba observar mis movimientos. Ojos azul claro, como de sirena, y cristalino transparente. Boca entreabierta que desprende, todavía, el primaveral aroma de ribeiro, sin síntomas de atragantamiento.
No exploraré tu cerebro pues los misterios que alberga son inescrutables para cualquier hombre.
Contemplo, sorprendido, una nubecilla argéntea que, partiendo de tu corazón, se eleva suavemente sobre nuestros cuerpos y escapa por la ventana abierta atraída por la brisa salada de la tarde, sin rumbo conocido.
Será tu alma que regresa al mar azul de tus sueños en busca de otra oportunidad, en otro mundo, en otro cuerpo, en otra vida.
Hora aproximada del óbito: 18,30.
Causa: sin determinar, posible colapso multiorgásmico.
Retiran tu cuerpo destino a la incineración.
Ya no queda nada de ti: nada; tan sólo el recuerdo: tu recuerdo.

En la Feria.

Mojitos dulces y cervezas rubias, vestidas de rosa, bailan ritmos calientes en el horno de la tarde de feria.
Gotas de lluvia artificial duchan los cuerpos sudados de alcohol y música.
Conversaciones, bromas y simpatías se mueven en círculo alrededor de otra ronda bajo las carpas.
Es la Feria, otra feria, que nos convoca y reúne cada septiembre como despedida de un verano que no quiere ceder su calor al otoño que llegará, sin duda, para aplacar nuestros cálidos fuegos de artificio.
Nos vemos en la Feria, en nuestra feria, ¿vienes?

Lluvia de colores.

Existe un fenómeno atmosférico singular, desconocido para la mayoría de la población, que lleva por nombre: "Lluvia de colores".
Se origina en ciertas tardes de primavera y otoño: cuando la temperatura del aire ronda los veintidós grados centígrados y comienza a caer el Sol en el horizonte, bañando de color anaranjado las nubes que sobrevuelan nuestros sentimientos.
Es imprescindible para su contemplación, y ahí lo difícil de la observación, que tengamos la mente totalmente despejada de prejuicios, preocupaciones y ocupaciones vulgares, dejando el espacio libre en nuestros corazones para interpretar, disfrutar y sentir plenamente los colores que llegan a nuestra retina.
Nos limitamos a observar el fenómeno sin ningún condicionante ni barrera emocional que impida aceptar la visión que tenemos delante. Al igual que el amor, que no vemos pero sentimosprofundamente, veremos y sentiremos con admiración y satisfacción la lluvia de colores que llega a nuestro cerebelo para refrescar cálidamente nuestro atardecer y limpiar de partículas grises en suspensión la atmósfera cargada de nuestras vidas.
Estad atentas y dispuestas, en las próximas tardes nubladas de otoño, para captar y gozar la lluvia de colores.

Posdata: no es necesario abrir el paraguas, la lluvia de colores tan sólo cala en nuestro interior.

Inspiracións.
O mar e o ceo,
fusionándose nun leve claroscuro.

A brisa e a bruma,
tecendo un veo gris.

A chuvia,
acariciando a pedra.

As gaivotas,
bailado co vento,
dando voz ao conxunto.

O bosque,
escuro, pardo e misterioso.

Mar, gris, chuvia, paz,
harmonía. . . soidade.



Vuelo a la Luna.

Las aves, sin duda, pueden volar, de forma natural, con destino a la Luna. No necesitan sofisticadas naves repletas de tecnología, ni enormes depósitos cargados de combustible. Tan sólo con sus delicadas alas, de plumas aerodinámicas, el alimento que alberga su buche, el GPS, y el radar, que de nacimiento les acompaña, son capaces de volar, y de llegar, a cualquier destino, incluso a la Luna.

También nosotros, con nuestra imaginación, recorremos la distancia que nos separa de nuestro blanco satélite y alucinamos, perdón, alunizamos en su superficie, dispuestos a pasear, ligeros de peso, nuestros pesados cuerpos y contemplar, ahí abajo, un planeta tan azul y tan oscuro como su futuro, nuestro futuro. ¿Vuelas?

Mi luz.
Mi luz, he aquí mi luz, la luz de poniente, del oeste, que marca mi origen celta e indica mi destino final en el este, en el Mediterráneo, recorriendo el camino inverso al Sol, como mi vida: en continuo retorno hasta alcanzar la iluminación.


Mi oscura sombra.

Mi oscura sombra me acompaña cuando aparece una luz dispuesta a iluminarme.
Se deja proyectar en cualquier sitio: paredes, suelos, espejos, e incluso en la superficie del mar, pero sin mojarse.
Cuando cesa la luz que la proyecta regresa inmediatamente a mi cuerpo adoptando mi figura.
Me cuenta las experiencias vividas a ras del suelo, mirando siempre hacia arriba, contemplando las piernas que se elevan, desde tacones imposibles, hacia el infinito.
No le importa que la pisen, no siente dolor ni huele los desechos orgánicos, pero le molestan los ciclistas de acera cuando le tocan el timbre para que se aparte.
En ocasiones se entretiene charlando con alguna sombra femenina, de falda corta, y tengo que esperar pacientemente o tirar de ella para no llegar tarde a mis citas.
Llevamos tantos años juntos, hemos crecido a la par y andado y reído lo indecible, que somos amigos inseparables, no podríamos pasar el uno sin la otra.
Lástima cuando se apague la luz, definitivamente, y ella quede viudo y yo muy triste.


Na pasareala.
Tacóns con ritmo escoito
anunciando a túa presenza,
entras rápido en escena:
dous metros, un suspiro
e a miña inquietude espéranche.

Figura estilizada que impacta:
pernas douradas elévanse
baixo escura faldra curta,
brazos, ombros e cabeza
con elegancia desfilan.

Mirada luminosa:
azul, rosa e dourada,
sorrí ofrecendo o seu encanto
que capto e reflexo na túa fuxida,
tan breve como intensa. 



Tormenta de verano.

Final de agosto, calor en la atmósfera, presentimiento.

Nubes oscuras y pesadas de tormenta que llegan, por fin, fieles a la cita del final de verano, cargadas de agua, rayos, truenos, relámpagos y de esperanza para sacarnos, contundentemente, del sopor de los dos últimos meses.
Chaparrón refrescante que limpia el cielo de polvo y nuestras mentes de espejismos.
Ha llegado el momento del cambio, de cerrar las ventanas de la noche, escapar del ruido callejero y reencontrarnos con nosotros, sin miedo, en el silencio del otoño que avecina.
Sufriremos, todavía, calor a medio día y fresco en las noches feriadas; agotaremos los últimos cartuchos de pólvora de colores para cazar la alegría de la luz que mengua cada tarde anunciando el equinoccio de nuestras vidas: el equilibrio del tiempo vivido y el espacio que nos queda por delante.

Final de agosto, frescor en la atmósfera, sentimiento.

Operación retorno.
Una tarde de verano:
cualquier tarde

asfalto gris como una vida:
cualquier vida

recta en carretera rural,
campos amarillos segados:
esperando un nuevo otoño

nubes de algodón al horizonte
flotan en azul cielo turquesa
sobre pinos y encinas verdes

velocímetro a ciento veinte,
o ciento treinta

canción de amor sonando:
cualquier canción,
cualquier amor

una curva brusca gira:
setenta grados a derecha

seguir recto hasta el final:
cualquier final,
o frenar y seguir viviendo.


Autoestima.

A pesar de las dificultades,
que la vida me presenta,
consigo valorarme positivamente:
generando autoestima.
Mas mi autoestima aumenta
cuando siento que me estimas;
estima que no supera, nunca,
la altura de la estima
que yo por ti profeso.

Al sol de tus miradas.
El Sol, con su potente luz, 
atraviesa los arcos que
enmarcan el interior
de mi morada dispuesto
a iluminar mis sombras
y dejar al descubierto
los misterios que ocultan
los gruesos muros que
protegen mis sueños
de escrutadoras miradas.

Reflejos de luna llena.

Reflejos de luna llena,
en oscuras aguas
transparentes,
que el Cinca,
a su paso por Aínsa,
recoge y transporta
río abajo para llevarte
la luz plata que ilumine
tus sueños de verano,
una noche cualquiera,
en este misterioso
y cálido agosto

de tu enigmática vida.



Llamada perdida.
¿Por qué comunicas,
cuando intento comunicarme contigo?
Creo que pierdo mi tiempo,
que ya no es tu tiempo,
hablando con muda respuesta.
Llevo esperando, esperándote,
a que decidas dar el paso definitivo.
Que vengas a mi lado,
al jardín donde nos conocimos,
y me digas,
mirándome a los ojos,
lo que realmente sientes por mí.
Pero comunicas,
siempre comunicas,
cuando intento hablar contigo.

La sirena en relieve: relevante.

Como obra de arte,
de carácter femenino,
aumenta tu cotización
con el paso del tiempo:
a tiempo de felicitarte,
de felicitarme.

Con sus mejores deseos.

Palabras que desean, pizarras, rosas rojas y exvotos:
ruegan.


La sirena de Tella.

Subiendo camino de Tella, a 1.384 metros de altura y a las faldas del Monte Perdido, paramos junto al dolmen para impregnarnos de la vida, de la historia y de las sensaciones que han visto discurrir sus grandes piedras.
Contemplamos a lo lejos la Cueva de los Osos, el yacimiento de osos cavernarios más elevado de Europa occidental, a 1.600 metros.
Ya en Tella recorremos la ruta del románico: La iglesia de San Martín y las ermitas de Fajanillas, de la Virgen de la Peña y la de los santos Juan y Pablo (San Juanipablo) construída a modo de "esconjuradero" al resguardo del "Puntón de las Brujas".
Leemos los mensajes que otros viajeros han dejado a los pies de las vírgenes, o de las brujas, que habitan estos valles misteriosos, solicitando ayuda para arreglar el mundo o la salud de los seres cercanos.
De regreso recorremos la única calle del pueblo: con casas, tejados y chimeneas de piedra rematadas con "espantabrujas". Y es en la fuente donde te encuentro, otra vez, acompañando mi viaje sin destino cierto. Dibujada en blanco, dándome la bienvenida y recordándome que estás siempre a mi lado: cerca del agua y de mi realidad inesperada.

La sirena de mis sueños despiertos.

Abandono un puerto, en el atlántico, y vienes a despedirme y desearme feliz singladura.
En la mar apareces siempre en los momentos más delicados: cuando la tormenta me ofrece toda su energía y su misterio y las olas se elevan, imponentes, sobre el horizonte.
Llego a otro puerto, en el mediterráneo, y te encuentro de nuevo esperándome con otro cuerpo y la misma sonrisa: incierta, para darme la bienvenida.
Incluso en la carretera de mi tarde, donde la vida y la muerte se distancian, o se acercan, en dos o tres segundos vitales, o mortales, me ayudas a mantener la calma y la esperanza.
Pero es, sin duda, en mis sueños despiertos: imaginando historias imposibles, donde te encuentro, más encantadora y amable, dispuesta a acompañarme en el guión que escribo de mi vida, y de tu vida, sin rumbo a ninguna parte.

Sobrevolando el recuerdo.
Ya no queda nada: nada, salvo el recuerdo: tu recuerdo.


Mi amiga gaviota.

Regreso a Calp y mi amiga gaviota acompaña mi tiempo dispuesta a volar el mar y sobrevolar mi imaginación transmitiendo con sus cantos cifrados las sensaciones que capta suspendida en el viento.
Me cuenta las historias de los barcos del puerto y de la marinería que los tripulan; de parejas que pasean descalzas, cogidas de la mano, a la orilla del agua salada; de niñas que sueñan aventuras de princesas en castillos de arena; de las olas que vienen y van, sin inmutarse; de la vida que pasa sin apenas darnos cuenta.
A veces aterriza en la húmeda arena de la playa y mira a izquierda y derecha contemplando, de cerca, el paisaje humano que descansa, sin descanso.
Regreso a Calp, con mi amiga gaviota.

La sirena sin rostro.

Querida sirena sin rostro: contemplo tu figura reposando a la orilla del mar de mis sueños.
Descansa tu cuerpo: mitad mujer, mitad pez, con torso femenino y cola de yubarta.
Aguardas tranquila mientras bosquejo tu cara en mi mente.
Me miras con ojos, que imagino de color azul marino, y me hablas con salada boca cerrada que tanto calla.
Capto tus cantos y encantos que llegan envueltos en la refrescante brisa de la tarde de mi mundo innavegable.
Y sonríes, en la quietud de tu cuerpo, que nada alrededor de mi barco varado en la playa, dispuesta a acompañarme en cualquier ensueño que me atrape.
Amiga sirena, vamos a la mar: navegamos.

El odre de los vientos.

Transcurrida una semana en esta isla imaginada llegan noticias tuyas en el helicóptero que me trae la botella con tu respuesta: en blanco, como siempre, y nuevas velas para mi barco.
Una vez instaladas espero que suba la marea para levantar el ancla, desencallar la nave y adentrarme en la mar en busca de nuevos e inciertos destinos.
El aire comienza a moverse lentamente en la atmósfera originando vientos amables. El anemómetro gira con regularidad y nudos suficientes para sacarme de este letargo en la navegación y en mi vida.
Dejaré a la rosa de los vientos que elija cualquiera de los rumbos de la veleta, como ruleta de una vida en continuo juego apostando siempre por la opción más desfavorable.
No sé si continuar navegando con las poéticas y misteriosas cartas griegas o dejar por fín paso al pragmatismo romano. Desearía disponer, como Ulises, del Odre de los Vientos para escapar de las calmas, que en ocasiones se instalan sobre mi barco paralizando mis sentimientos, dejando fluir al viento con el cuidado advertido por Eolo y continuar navegando tranquilamente evitando violentas tempestades que me arrojen a un nuevo naufragio.
De tanto bregar con los peores vientos: la galerna invernal del Cantábrico; la tramontana catalana con fuerza diez y aire muy seco; el levante del Estrecho con rachas de sesenta nudos y poca visibilidad; el siroco africano y el vendaval o poniente del atlántico, cuando me desplazo de Galicia al Golfo de Cádiz, me siento cansado y sin fuerzas para continuar plantando batalla a las olas y al presente inmediato.
He decidido recalar en un tranquilo puerto del Mediterráneo que me dé cobijo, descanso y protección. Navegar sólo en los días soleados, dejándome llevar por la suave brisa que infla velas y refresca mis pulmones
Tal vez encuentre acomodo en un pequeño pueblo de pescadores y compartir con ellos el pescado, el vino y las viejas historias vividas e imaginadas en singladuras alrededor de nuestras salinas y baqueteadas vidas.
Voy de nuevo a tu encuentro, gracias por las velas: tan blancas como tus palabras.

La Isla imaginada.
Escribo tranquilamente este mensaje a ti destinado, conociéndote o sin conocerte y desconociendo la playa o el puerto de destino.
Bebo, saboreo los últimos tragos de este vino fresco de Ribadavia contenido en la botella que servirá de sobre, con corcho cerrado, de mi escrito viajero.
Habito esta isla imaginada de cualquier mar perdido en mis navegaciones y divagaciones fantasmas. Llegué arrastrado por una corriente, nada corriente, encallando suavemente en la arena de esta playa palmerada.
Mi nave, intacta, carece de combustible y tiene las velas destrozadas por vientos salvajes de tempestades internas. No puedo ni debo abandonar la isla, que me sustenta y me acoge amablemente, a la espera de quien venga a rescatarme de la soledad aceptada. Agoto las últimas viandas de mi despensa y confío en mis dotes de pescador recolector de frutos marinos y de tierra agradecida.
Creo que estoy sólo, ¿y cuándo no lo estuve?, en estas reducidas hectáreas de isla misteriosa. Algunas aves, insectos y tal vez algún pequeño mamífero, que todavía no he visto, me acompañan. Rodeados todos por un mar azul en calma de aguas transparentes, como esta botella de Bocarribeira que apuro con gozo, bajo un techo azul oscuro estrellado en noches tranquilas.
Enrollaré esta cuartilla manuscrita para introducirla por la boca de la botella apurada y arrojarla con fuerza al mar mensajero confiando en el destino y la eficacia del servicio postal de Neptuno.
Quizá alguna de las sirenas, que en sueños me acompañan, lea mis palabras y mis intenciones y decida trasladar la botella a los pies de una inquieta lectora que pasea descalza, cualquier tarde de verano, por la orilla del mar en una playa real del mediterráneo de su vida. Tropezará con ella y, superado el primer impulso de asombro y contrariedad, decidirá recogerla del mar para depositarla, educadamente, en el contenedor verde de vidrio tan usado como mi vida.
En el último momento observará la carta que contiene y decidirá solicitar la ayuda de un gentil camarero de chiringuito para que amablemente descorche el sobre de vidrio.
Leerás lo hasta ahora escrito y lo que ahora te cuento: gracias por rescatar del mar que habitas mi voz embotellada; gracias por estar siempre en el lugar y en el momento oportuno para acompañar a mi imaginación que anda siempre buscándote y perdiéndote, cuando te encuentro.
No te pido que vengas a buscarme y encontrarme, ni que contestes y acuses recibo devolviendo al mar la botella con tu respuesta. Continúa paseando, leyendo e imaginando todo el mar de oportunidades que pisas en el ocaso de esta tarde de verano, mientras esbozas una cómplice sonrisa.



Monotonía.
Los años pasan: uno tras de otro, acumulándose en la mochila que cargamos a la espalda, repleta de experiencias y amistades, anclándonos un poco más a la tierra manchega, al mar de dudas y al aire gallego de la vida.
Con los años vividos y las historias que nos tocaron representar, incluso sin ser elegidas, escribimos el relato de nuestro camino a través de las dificultades y las oportunidades que conseguimos superar, gozar y a veces desperdiciar.
Somos monótonos y recurrentes. Nuestro discurso nace y se oculta, constantemente, contando la misma historia: nuestra historia, que es una historia tan vulgar y poco original como el canto del autillo en una noche de verano. Mas nuestra naturaleza desmañada nos impide abandonar este círculo nada vicioso del narrar la realidad ficcionada.
Los años pasan y vuelven a pasar, de nuevo, esperando detenerse en algún momento indefinido, como ruleta del casino de la vida: en rojo sangre o negro fúnebre, en la casilla numerada de nuestro final definitivo.
Habrá concluido la partida y nuestro relato pero continuaremos girando, lenta y monótonamente, en la memoria del tiempo que alberga a los espíritus de mochila despojados.

Amaneciendo.
Amanece, contemplamos el amanecer: la alborada que regresa cada día renovando nuestro compromiso con el tiempo y con nuestro destino.
Admiramos el sol que retorna cálido a iluminar el presente, a veces gris y triste, devolviendo a nuestros corazones aquellos sentimientos perdidos u olvidados en el trajín de la rutina enajenante.
Sentimos algo especial en nuestro interior: esa luz que penetra por los sentidos y tiñe el alma de esperanza.
Gozamos la soledad elegida, aquí en lo alto de esta montaña que representa la vida y que hemos ido ascendiendo lentamente, con cierta dificultad, para contemplar el horizonte del pasado, ahí abajo, en la tierra que despierta.
La luz del cielo aurora llega anunciando el instante mágico que nos hechiza y nos hace volar en el planeta de los sueños, orbitando alrededor de nuestros deseos imposibles.
Callamos, no necesitamos expresar con palabras la emoción que sentimos porque sintonizamos la misma onda, nos limitamos a contemplar en silencio, roto por el dulce trino de los pájaros, la luz sonrosada del amanecer que nos mira atónita invitándonos a iluminar nuestras vidas a su lado.

Calor, calor.
Calor, calor,
calor que aplasta,
calor que ata,
calor que mata.

Paraliza el movimiento,
inmoviliza el pensamiento,
afectando sentimientos.

Calor, y más calor, todavía.

Calor que no duerme,
calor que no siente.

Calor que engaña:
a la realidad de termómetro;
calor que escapa:
del aire acondicionado,
a condición de regresar,
con más calor inesperado.

Calor, calor,
¡y qué calor!

Alborada.
Albor: luz del alba.
Árbol: planta de tronco leñoso que se ramifica en altura.
Alborada: tiempo de amanecer.
Arbolada: poblada de árboles.

La luz del alba recorta la silueta del árbol seco de la vida y tiñe de color fuego aurora el aire que amanece renovado tras la noche insomne de mágicos sueños desvelados.


Amanece otro solsticio de verano.
Amanecemos cada mañana con la ilusión y el deseo de alcanzar el cenit de nuestras vidas, ese momento culminante que justifique plenamente nuestra existencia y de sentido al esfuerzo empleado en andar y desandar, bajo la luz llena de la luna, el camino empinado y misterioso que hemos recorrido hasta este lugar: el bosque de la prehistoria; la vieja cueva de nuestros antepasados que ahora nos acompañan en mágicas pinturas rupestres con sus almas escondidas en la niebla del final de primavera.

Despertamos, abrimos los ojos y las puertas de nuestro espíritu para dejar pasar la cálida y anaranjada luz del sol al interior de la cueva que nos habita y grabar en sus paredes el reflejo de nuestros inquietos sueños de amistad, amor y zozobra.

Amanecemos, vivimos y morimos cada día entregando la débil llama de esperanza a quienes caminan a nuestro lado dispuestos a mantener el ciclo eterno de la luz: oscuridad y amanecer.



Conversaciones en el camino.
Mi mente a veces se pierde entre sueños y rostros de personas que me incitan a escribir lo que imagino. Traspaso los límites de la realidad e intento encontrar acomodo en otra realidad más favorable confiando en que os sintáis cómodos en mis escritos.

Como contables intentamos que los números cuadren y bordar las letras que cuentan nuestras historias, y las vuestras.


Sin embargo me queda la duda de quién es realmente el autor, ya que su personalidad múltiple, al menos desdoblada, juega al despiste.

Me impresiona de su persona la humildad y serenidad que tiene en cada momento, siempre con ese sentido del humor que tanto me fascina.


Mis mejores deseos en este tiempo de incertidumbre y conmoción que estamos viviendo. Confío en que el amor eterno os envuelva y proteja con su compasivo manto.


¡Que hermosas palabras me diriges!
Pero a duras penas hay un manto que nos envuelva en algo de esperanza, sobre todo cuando día a día todo va un poco peor.
Mil gracias por ser una persona con tanta sensibilidad hacia el prójimo.
De verdad que me han llegado al alma.


Espero volver a verte por esos caminos de dios para impregnarme con la energía positiva que emites y compartir buenos momentos.


Gracias por tus inmerecidas palabras que me elogian. Tal vez cuando recorremos los caminos entregamos lo mejor de cada uno de nosotros, olvidando la rutina y los problemas cotidianos.

¡Buen camino!



No a este.
Esperamos ideas para completar este texto.
¿Alguna sugerencia?

No a este ¿verdad?
Sino a este tal vez sí a ese, o a aquel.

Este no, desde luego, pero: ¿y a esta?

Aquí está la respuesta:

a esta sí:
Sí a esta.

¿Y quién es esta?


¿Quizás seas tú?


Ojalá.



La flecha amarilla.

Acabo de encontrar esta flecha amarilla en mi camino, creo que se trata de una indicación con doble sentido: el propio de la dirección que marca y el subjetivo de la situación social, política y económica que indica.
Hemos llegado hasta aquí conduciendo alocadamente por la izquierda, como en Londres, y los resultados parece que no son satisfactorios: nada satisfactorios y desalentadores, provocando indignación en las gentes menos contaminadas.
Bien es cierto que las carreteras estaban colapsadas por el tráfico de influencias e intereses de kamikaces dispuestos a obtener grandes resultados y beneficios arriesgando sus potentes vehículos y comprometiendo nuestros modestos utilitarios.
La circulación era complicada pues las vías carecían de cualquier tipo de señalización: tanto horizontales como verticales, sin límites de velocidad ni radares que captaran, fotografiaran y denunciaran los excesos del capital, dispuesto a batir récords de burbujas anteriores, y los desatinos y despilfarros del falso socialismo de zapatería.
He frenado al ver la señal, la primera señal desde hace muchos kilómetros y demasiado tiempo. Parece indicar que me desplace a la derecha y hacia abajo. Es posible que encontremos rebajas de bienestar y recortes de libertades y derechos. Descenderemos en calidad de vida en este oscuro presente y en el incierto y gris futuro que se avecina.
Conducir alocadamente por la izquierda, en una autopista privada, sin orden, señales y límites, nos ha llevado al lado derecho, y en caída libre, de la parábola descrita por los mercados de capital.
Feliz aterrizaje forzoso.



Chicas Pop.
Cuarteto de afinada cuerda
Preparadas para conciertos
En todo tipo de escenarios:
De Albacete a Atapuerca.

Operativas y programadas,
Plurianuales e internacionales
Listas para luchar con empeño
Contra la discriminación:
Buscando nuevos empleos
E impartiendo formación.

Rosa amable y conciliadora
Dirigiendo la orquesta,
Pilar glamourosa y atenta
Dando acertada respuesta,
Lucía siempre dispuesta
Para el curro y la fiesta,
Y Ángela hablando claro
Como agua de mayo.

Chicas Pop de vermella cruz:
Alegran las mañanas
Con simpática actitud.



Mi cumpleaños feliz.
Nací en primavera del pasado siglo XX, una noche frontera del jueves cinco de junio, día del Corpus Christi, al viernes seis. Por este motivo, nacer el día del Corpus, parece que tengo “gracia”, aunque lo gracioso es no tener claro si nací el cinco o el seis.
Quizás comencé a nacer de cabeza el cinco y una vez visto el terreno circundante, que no creo que fuera muy alentador, decidí nacer el resto de mi cuerpo el seis. Eso sí, creo recordar que no lloré ni grite pues no eran horas apropiadas para molestar al resto de futuras madres y a los ya nacidos. Desde ese preciso instante de mi nacimiento creo que continúo manteniendo la discreción intentando pasar desapercibido en este ruidoso mundo de gente que grita.
Por tanto mi nacimiento comienza con incertidumbres y dudas. Dudas e incertidumbres que han ido guiando mi vida y adueñándose de mi destino. Dudas a la hora de escoger un camino, de fijar un objetivo, de orientar mis pasos en la dirección correcta: ¿hacia dónde? Incertidumbre a lo que viene, desconfianza del cambio, de la evolución de mi vida hacia otro yo distinto, diferente, e igual de escéptico ante el panorama que veo llegar del futuro al presente inmediato. Porque tan sólo el pasado refleja y constata sobradamente la guía de viaje que cada cual ha organizado en esta travesía circular con inicio y final en el kilómetro cero de nuestras vidas.
Cumplo años y no lo celebro, como tampoco celebro cada segundo de mi vida. No me gusta celebrar casi nada y menos aquello que obtengo por el simple hecho de ver pasar el tiempo, de contemplar como se arruga mi piel y de llenar mi memoria de recuerdos.
Celebro, sin embargo, la amistad, el amor, la solidaridad, el atrevimiento, el no aceptar las verdades absolutas, la rebeldía y en general todas las acciones osadas de las personas que caminan a mi lado intentando estirar y ensanchar de contenido el tiempo para retrasar el retorno a la Puerta del Sol de sus vidas. Celebro también el vuelo de las mariposas de primavera que con su aleteo produce los efectos anhelados en los corazones de quienes las contemplamos.
No me felicito por llegar, una vez más, a mi cumpleaños, pero si os felicito a todas vosotras y vosotros por el cariño que detecto en vuestras miradas y la magia que desplegáis a mi lado.
Felicidades
.





Disculpas.

Quiero ofreceros mis disculpas por las palabras escritas y pronunciadas en mis momentos de alucinación. Palabras que son fruto, sin duda, de los efectos de la radiación solar que entra por mis miopes ojos alterando mi juicio, si en algún momento lo tuve, y distorsionando la realidad que observo a vuestro alrededor. Radiación que unida a mi débil sentido de la responsabilidad y del saber estar provoca fallos en mi expresión. Sé que mi comportamiento no tiene cura y que con el paso del tiempo desembocará, inevitablemente, en alguna enfermedad mental, sino la tengo ya adquirida.
Sed comprensivos, si podéis, y ofrecedme, como hasta ahora, vuestro afable trato.
Gracias por vuestros esfuerzos y vuestra paciencia.
Un abrazo entrañable.


Alergia a ti.

Somos sensibles,
extremadamente sensibles,
esnifando granos de polen
de anteras de estambres
de coloridas flores.

Estornudamos, tosemos,
lloramos lágrimas picantes,
que la mejilla recorren,
mientras ni respiramos
temiendo el asma nos ahogue.

Porque somos sensibles,
terriblemente sensibles,
a los granos de polen
que respiramos confiados
de tus excitantes flores.


Nuestras condescendientes sirenas.
“En el acto la sirena sintió miedo y eso mismo le hizo comprender que ya no era inmortal. Pero los acontecimientos no la dejaron arrepentirse. Un hormigueo violento se precipitó de cintura abajo desnudándola de escamas. Un rayo subió desde el fondo de las aguas y dividió su cuerpo inferior en dos mitades. Miró hacia abajo: dos piernas habían sustituido a su cola y en medio un bosquecillo como de algas donde se centraba el hormigueo, irradiándose a todo su cuerpo y removiéndolo tumultuosamente”.
José Luis Sampedro.

Navegamos y naufragamos frecuentemente cuando las condiciones del mar: el oleaje, la niebla, la bruma, las tormentas y nuestras tempestades interiores desarbolan nuestro barco arrastrándonos contra los acantilados y contra nuestro desencanto.
Recomponemos la nave y nuestro ánimo, una vez más, y nos hacemos de nuevo a la mar en busca de ese faro inalcanzable, que hemos soñado en oscuras noches despiertas, con la esperanza de hallarlo definitivamente antes de hundirnos en el mar de nuestros deseos imposibles, para siempre.
Disfrutamos, mientras tanto, de la agradable e inmerecida compañía de nuestras amigas y condescendientes sirenas que tanto han evolucionado a lo largo de la historia, de la mitología y de la vida.
Nacieron en Grecia, como extrañas aves con cara y torso de mujer, para transformarse en jóvenes irresistiblemente atractivas con cola de pez, en aguas nórdicas.
No cambiaron sus musicales, prodigiosas y encantadoras voces que llevaron a la ruina a infinidad de marinos arrojándose al mar en su búsqueda. Algunos lograron evitar el desastre, como los tripulantes de la nave Argos, en el periplo buscando el vellocino de oro, gracias a que Orfeo con sus músicas pudo neutralizarlas. O Ulises, que se tapó con cera los oídos para no sucumbir a las hechizantes melodías, atándose al mástil de la embarcación para no lanzarse al mar y unirse a ellas.
Presentimos que las sirenas de nuestros mares comparten con nosotros un mundo paralelo, en otra dimensión, donde vivimos las inagotables fantasías que escapan de las tres dimensiones establecidas.
Ellas han mudado la cola de pez por bonitas piernas que se alargan en afilados tacones. Sus impresionantes miradas, que hipnotizan, el glamour y el cariño que ofrecen, junto con sus envolventes cantos y el resto de sus inagotables encantos, nos acompañan en nuestra travesía a ninguna parte. Son las verdaderas protagonistas de nuestras vidas, pues sin ilusión, sin amistad, sin amor y sin esperanza es imposible continuar buscando ese faro fantasma que ilumine, por fin, nuestro último sueño.





Recuerdos de Cubas.
Camino por ribera del Júcar,
aroma dulce de fresca higuera,
trinos de pajarillos criando
en romería de Cubas a Jorquera,
rumor de río que baja a la playa,
flores multicolores de polen
que inspiro con sol de primavera,
vegetación de la verde orilla
ofreciendo su húmeda sombra
refresca la piel de recuerdos
que florecen ahora en mi mente
y piensan solos, sin verte.





Información, transparencia y representación.
La democracia, o gobierno del pueblo, lleva implícito que los representantes elegidos para desempeñar su labor en cualquier ámbito de la sociedad: político, laboral e institucional sean fieles a sus electores cumpliendo con el deber moral de ejercer la representación otorgada con responsabilidad y fidelidad a los programas electorales, con transparencia en la gestión de la actividad desarrollada e informando continuamente a sus representados. De no ser así estarán faltando a su compromiso con los votantes y generando desconfianza.
Observamos continuamente incumplimientos en la clase política, sindical y social. Dirigentes políticos que comienzan aplicando con rigor su programa socialista, por ejemplo, y terminan en brazos del liberalismo económico dando un giro de 180º al barco que pilotan en aras de seguir gobernando. No son conscientes, o no les preocupa, de su inminente naufragio y del daño que ocasionan a su partido político y a la sociedad. Sería más coherente dejar el timón y dar paso, de nuevo, a la voz y al voto del pueblo.
Representantes sindicales que no informan de sus gestiones con la dirección de la empresa, ocultando la existencia de las mismas y los acuerdos adoptados, bien por interés propio o quizás, queremos pensar, para no herir la sensibilidad de sus ¿inmaduros? representados.
Llega un momento de gran descontento y desilusión que mueve al colectivo más valiente y menos “atado”: la juventud, apoyado por otros jóvenes con cuerpos más rodados y menos contaminados, a lanzarse a la calle para sacarle los colores a los gobernantes y al resto de ciudadanos que están instalados en “su estado de bienestar”.
Debemos avergonzarnos de esta democracia decadente que sólo busca el interés particular de gobernantes, representantes sociales y buitres económicos que andan al acecho.
Es tiempo de cambios, de renovación moral, social y política. ¿Estamos dispuestos? Adelante.





Materia oscura.
Venimos de la oscuridad y nacemos a la luz desde el primer instante que subimos al escenario de la vida para interpretar ese papel que el destino nos ha preparado en este tragicómico mundo, y regresar, quizás para siempre, a la oscuridad total cuando termine la función.
Conocíamos la existencia de la materia gris, esa que ocupa el interior de nuestras cabezas permitiéndonos elaborar pensamientos, sentir y controlar las funciones básicas de nuestro cuerpo. Pero existe otra materia todavía más gris, tirando al negro: la materia oscura, que forma parte del universo y es tan oscura como desconocido su papel interestelar. Materia invisible, pues no refleja ni emite radiaciones, pero que representa alrededor del 20% de la masa total del universo.
Si ponemos a trabajar tu delicada y luminosa materia gris, contenida en la parte superior de tu cuerpo que limita con el cielo, y mi materia oscura que se despliega por el suelo, formaremos un equipo de color gris oscuro, casi negro, con intención de conseguir resultados sorprendentes en este mundo inconcluso.
Porque la inteligencia creativa de tu cerebro gris, con estructura atómica, y los neutrinos que alberga mi oscura materia se complementan: tu aportas luz y yo la absorbo devolviendo al espacio pensamientos nunca antes expuestos.
Tu luz nos permitirá admirar la belleza que rodea nuestra estrella y la miseria que puebla las zonas menos favorecidas del planeta Tierra.
En múltiples y variadas ocasiones intentaremos sacar a la luz ciertos asuntos, propios o ajenos, para poner de manifiesto situaciones oscuras con insana intención de darlas a conocer y ensombrecer otros tópicos y manidos pensamientos.
Hemos formado el equipo gris oscuro: con tu esclarecedora luz y mi cegadora oscuridad invisible.
Comenzamos a navegar por nuestro espacio analizando el universo en expansión que nos aloja, estamos atentos a su evolución y a la nuestra; desplegamos antenas y telescopios, la observación está en marcha, esperamos resultados.



Pregúntale al mar.
No preguntes a la Luna
Deja que acaricie tu cuerpo
Con su envolvente luz
Mientras sueñas en la arena.

Escucha las saladas palabras
Que Poseidón te envía
En el rumor espumoso de olas
Que llegan suave a tu orilla.

Son mensajes de amor arrojados al mar

Desde osados barcos piratas
Que surcan tus sueños despiertos
En cálidas noches de luna llena.

Cuentan historias de marinos
Inquietos en la oscura zozobra
De peligrosos mares internos
Donde naufraga su memoria.

No preguntes a la Luna
Escucha las dulces y osadas palabras
Arrojadas a tu onírico mar de dudas
Por marinos que naufragan en ruina.

Las fantasías de Carlos camino del juego.
Abandonamos la caverna materna, donde hemos ido preparando el desembarco en la realidad de la vida externa, y dejamos atrás las sensaciones captadas a través de la piel de nuestras madres e interpretadas según nuestra fantasía.
Nacemos, ahora, a la luz exterior y todo lo que nos rodea también es fantástico: los objetos, los rostros y voces de las personas, las caricias, besos y abrazos que recibimos, el tacto de las materias y el sabor de la leche materna.
Seguimos creciendo e interpretando el misterioso mundo cercano según nuestro propio juicio. Escuchamos nanas, canciones, cuentos e historias fantásticas; contemplamos películas animadas que nos atrapan potenciando nuestra creatividad.
Recibimos explicaciones a nuestras preguntas, cargadas de imaginación: el ratoncito Pérez, el hombre del saco, las hadas madrinas y los ángeles de la guarda, los reyes magos, dios, bob esponja, santos, demonios y demás personajes literarios infantiles.
Llega un momento, una edad, el inicio de la etapa escolar, cuando comienzan a derribar el mágico mundo, contándonos otras versiones diferentes de aquello que atrapan y transmiten los sentidos a nuestro flexible y sorprendido cerebro.
Nos dicen que el árbol, que acabamos de colorear en rosa, no está en la naturaleza, que es imposible que un barco navegue en un mar de nubes, que los simpáticos fantasmas que vemos por la noche en nuestra habitación tampoco existen, que el caballo azul no puede casarse con la barbie pelirroja y que los reyes magos son los padres, entre otras mentiras y falsedades.
Todos esos mitos y fábulas personales y sociales, que hemos creído a ciencia cierta hasta hoy, son desmontados, destruidos para siempre dejándonos a la intemperie de otra realidad que nos cuesta aceptar, pues ayer vivíamos en otro mundo para nosotros más real, creíble y atractivo que el de los adultos.
Tan sólo nos queda el recurso de conservar la fantasía y seguir viviendo en nuestra nube de ilusión, mientras nos comportamos como seres aparentemente racionales.
Admitimos cualquier explicación, científica razonada y también fabulosamente soñada o inventada, a las dudas que siguen llamando a la puerta de nuestra curiosidad.
Si todavía desconocemos el origen del Universo, sus límites y su destino ¿quién puede estar seguro de algo?
¿Por qué no continuar fantaseando como el pequeño Carlos camino del juego?

Sinestésico poema de G.S.
Escucho los multicolores,
Que visten tu delicada silueta,
Mientras observo los acordes
Naciendo de tus labios de fresa.

Saboreo la mano fría,
Que estrecha dulce la mía,
Y palpo la luz brillante
Irradiando de tus ojos de Marte.

Huelo el cariño amargo,
Que escondes en tu calma,
Cuando mezclo mis sentidos
Perdidos en tu mágica aura.

No ingerí ninguna sustancia:
Ni hongos de bosque encantado
Ni LSD enamorado,
Sólo bebo burdeos que escancias.

No creas que soy un triste
Y un melancólico poeta,
Ni tan siquiera soy
Un sinestésico asceta.

Tan sólo pierdo el sentido
Cuando coincides conmigo,
Quedo hechizado y prendado
Para siempre contigo.

Las posibilidades de la Física Cuántica.
La física cuántica a puesto al descubierto ciertos fenómenos producidos en el ámbito de las partículas subatómicas (protones, neutrones, electrones, etc) que confirman la existencia de múltiples posibilidades, y por tanto de realidades, de la materia.
Los experimentos con la molécula de fullerano demostraron que los átomos que la componen pueden pasar simultáneamente por dos agujeros separados. Es decir están al mismo tiempo en dos lugares distintos (bilocación).
En otros casos si un observador controlaba el experimento las partículas subatómicas cambiaban de comportamiento y atravesaban un solo agujero.
Nuestro cerebro realiza las mismas conexiones neuronales y registra los mismos procesos si observamos, por ejemplo, un árbol que si lo imaginamos con los ojos cerrados.
Dónde está pues la verdadera realidad. Cuál es la diferencia entre ficción y realidad.
Tendríamos que hablar de posibilidades de la realidad: de mostrase ante nuestros sentidos más básicos o de manifestarse en otras formas más sutiles pero igual de reales.
El átomo con su núcleo de protones y neutrones, y los electrones que giran a su alrededor, es un fiel reflejo a pequeña escala del universo, de los universos formados por cuerpos esféricos orbitando en el espacio/tiempo.
Las partículas subatómicas prácticamente carecen de materia, como nuestros sueños, y por tanto se desplazan libremente en el espacio e incluso son capaces de llevar, como nosotros, vidas paralelas en hemisferios diferentes.
Fenómenos que fueron anticipados por la filosofía budista hace más de 25oo años: la naturaleza vacía de los fenómenos (vacuidad).
Somos lo que pensamos, lo que imaginamos, lo que soñamos y lo que aparentemente vivimos. No hay límites para la física cuántica y por tanto no debe haberlos para nosotros, aprovechemos pues nuestras infinitas posibilidades.

La Fantasía.
La fantasía nos permite contemplar la realidad con otros colores y adentrarnos en el bosque de nuestros sentidos.
Imaginamos un mundo tan real y diferente del que intentamos abstraernos, para dar rienda suelta a las emociones que cabalgan en el interior de nuestros sueños.
Fantaseamos, imaginamos, soñamos y vivimos seducidos en la realidad distorsionada de nuestras escurridizas e inquietas mentes.

Nuestro Big Bang.
Igual que empezamos a contar la historia del universo desde esa gran explosión: El Big Bang, contamos nuestra historia personal desde el momento que nuestra madre explota y comenzamos a crecer y expandirnos por nuestro mundo cercano.
Pero antes del Big Bang existía algo que se estaba cocinando en el espacio. Como nuestro cuerpo que tras la unión de dos células comienza a ir tomando forma para desembocar en lo que ahora somos.
Nuestra prehistoria personal está condicionada por: los genes aportados de nuestra madre y padre; la evolución en el vientre materno y las condiciones climáticas tras el nacimiento.
Somos totalmente dependientes hasta una edad y comenzamos a asumir nuestra independencia a partir de otra edad que tal vez coincida con la mayoría de edad. En ese instante de nuestra historia suponemos que vamos tomando el control de nuestros cuerpos y de nuestros destinos.
Elegimos calles y avenidas por las que transitar, cruzamos esquinas y parques, preguntamos a los viandantes por la dirección del objetivo final al que pretendemos llegar. A veces, casi siempre de las veces, nos desorientamos y acabamos en cualquier barrio periférico alejados de nuestro destino previsto.
Escogemos también, o nos escogen, a las personas que nos acompañan en nuestro peregrinar en esta carrera contrarreloj que es la vida. Personas que influyen notablemente en nuestro comportamiento y nos impelen a desarrollar nuestras capacidades más nobles y nuestros demonios menos humanos.
En ocasiones, como las estrellas, quedamos atrapados con otra persona en la misma órbita y giramos uno alrededor de la otra, cada vez más rápido, acortando la distancia que nos separa. Disfrutamos de esta mágica atracción de cuerpos, mentes y sentimientos, pero, inevitable y fatalmente, acabaremos impactando uno contra otra y nuestra fusión, que nos destruye, se transforma en energía lumínica captada por potentes telescopios de satélites que orbitan a nuestro alrededor explorando nuestro comportamiento.
Venimos en origen de una gran explosión y avanzamos dispuestos a regresar al espacio y al tiempo iniciales por el mismo conducto.

Navegación recurrente.
Aprendimos a navegar en el desierto de nuestra soledad, ese mar ondulado de dunas y olas de arena que avanzan lentamente, movidas por cálidos vientos, en busca de un destino que nunca llega.
Ahora nos adentramos, entre tinieblas, en el mar de nuestras dudas siguiendo el rumbo de las preguntas que la vida nos presenta a cada momento, con la certeza de no encontrar nunca las respuestas adecuadas que despejen para siempre nuestra incertidumbre.
Las únicas verdades que reconocemos son aquellas mentiras que, de tanto ser repetidamente pronunciadas, han tomado carta de naturaleza y nos ayudan a continuar desorientados.
En algunos momentos la bruma desaparece, se esfuma, y contemplamos el sol iluminando el fantástico presente que nos envuelve y a la diosa Atenea en la akrostolia de nuestra embarcación.
Aprovechamos para fijar la vista en el horizonte inalcanzable al que nos dirigimos, sabiendo que nunca llegaremos pues asumimos nuestro inevitable naufragio antes de tocar puerto.
Hemos aprendido a navegar en compañía de la manada de escualos hambrientos que huelen la sangre que circula alterada por nuestras venas, mientras giran alrededor de nuestro oasis flotante, esperando cualquier desliz que alimente sus vientres.
Tan sólo las sirenas, con sus cantos, las yubartas enamoradas y las gaviotas fantasmas que nos sobrevuelan, amenizan nuestra singladura y mantienen la débil esperanza de descubrir una isla virgen en este océano desconcertante.
Aún así somos felices, pues hemos descubierto que la felicidad llega en el preciso momento en que dejas de buscarla.
Hace tiempo que dejamos de buscar, tan sólo nos dedicamos a encontrar los restos de naufragios que las olas acercan a nuestra borda y narran las vidas de otros navegantes que llegaron, por fin, a su destino.

La casa por el tejado.
Vamos a empezar a construir nuestra casa por el tejado, ¿te parece?
El tejado es fundamental para cerrar por arriba la construcción, aportarnos intimidad, protegernos de la luz del sol y de las inclemencias del tiempo: lluvia, granizo, nieve, frío, calor, viento.
Lo primero son las tejas, a ser posibles tejas viejas que hayan soportado la intemperie durante muchos años, décadas. Intercalemos tejas nuevas, jóvenes, que repongan las rotas y aporten un toque juvenil y moderno a nuestro tejado.
Por supuesto buscamos la inclinación perfecta para evacuar el agua de lluvia con eficacia evitando que filtre al interior, si es leve, y que eleve la construcción, si es pronunciada. Encontramos el equilibrio perfecto en torno al 15%.
Observamos la disposición de las filas de tejas: alternando una fila convexa con otra cóncava por la que circule el agua.
Renunciamos a instalar un canalón al final del tejado, que reciba el agua de lluvia y la desagüe canalizada a la calle, pues preferimos que vierta directamente al aire aunque moje a los viandantes.
Aquí termina la descripción de la construcción. Si piensas que mi inconsciente intenta decir algo más, puedes utilizar esa rama de la literatura fantástica, como decía Borges, llamada Psicoanálisis, para sacar tus propias conclusiones, haciéndomelas llegar para modificar o descartar el proyecto. Gracias.

Día de la madre.
Hay un día al año para la madre, que tal vez sea hoy: uno de mayo, o todos los días del año.
Pero, cómo celebrarlo si tu madre y la mía ya no habitan en este mundo. Marcharon porque el tiempo terminó para ellas: la mía a su tiempo y la tuya antes de tiempo. Cierto que habitan en nuestras mentes, en nuestra memoria, en nuestro presente y en nuestros corazones. Están a la vista en fotografías que cuentan sus vidas y las nuestras, en objetos materiales que tocaron, en escritos con sus letras de puño y sus nombres de santas, en vídeos donde cantan, bailan y lloran. Porque una madre es eso: alegría y llanto. Alegría cuando están alegres y también cuando disimulan la tristeza, y llanto cuando no hay más remedio que dejar correr las lágrimas para que limpien la realidad que hiere.
Celebremos hoy con ellas, que no han venido porque nunca se fueron, el día de la madre, de nuestras madres, de la tuya y de la mía, y celebremos también que tú eres madre y por tanto es tu día, felicidades.

Tu silencio.
Escucho tu silencio llegando a mis oídos envuelto en las salinas melodías que el viento de poniente trae del mar de mis deseos donde habitas.
Silencio sin palabras que transcribo en papel translúcido y tinta transparente evitando sean leídas por curiosos ojos escrutadores.
Palabras nunca por ti pronunciadas, pero imagino fueron, en algún momento, por ti imaginadas.
Palabras que cuentan lo que no puedes cantar con dulces sonidos ni escribir con amargas letras por miedo al efecto que produzcan en otras cercanas almas.
Palabras expresando duda, inquietud, temor y desesperanza por el amor a la vida que cargan a la espalda; amor que no puede volar libremente en el cielo gris nublado que te atrapa.
Escucho tu silencio, transcribo tus palabras, libero tu espalda y despejo de nubes el cielo en que nadas, mientras espero oír tu voz y leer en tu alma.

Tus destellos.
La soledad de la lluvia,
de primavera temprana,
inspira solitarios versos
que nacen de un alma inquieta
intentando captar y glosar
coloridos destellos que emite
tu cristalina mirada
en la cercana distancia.

Perdóname.
Yo, seguramente,
no siempre poseo la razón,
pero sí el sentimiento
para quererte y pedirte perdón.
Perdón por lo que te digo
y por lo que callo,
por mis gestos
y por los abrazos que me guardo,
por el pasado de antes
y el presente de ahora,
por el que fui
y por el que no supe,
no pude o no quise ser.
Perdóname, otra vez,
y las que hagan falta,
pues aunque no siempre posees la razón
sí el sentimiento para quererme.

Pescando sueños.
Hace varias jornadas que nos hicimos a la mar, en una noche de luna nueva, dispuestos a pescar esos sueños que nadan en las profundas aguas frías del Atlántico.
Artes las de siempre: redes tejidas de fina imaginación por las musas del puerto que tanto hacen por la literatura marina; algunas cañas de madera de cerezo, cortada en mágica noche de solsticio de verano, equipadas con carrete de hilo de plata que resiste el empuje de las pesadillas más recurrentes; lámparas de luz de gas que desprenden cálida luz y evitan despertar a los sueños inquietos.
Nuestro barco: "O Soño", habituado a navegar por estos mares salvajes, extrañamente quedó hechizado por una manada de ballenas jorobadas, en tránsito hacia aguas antárticas, y no responde a nuestros golpes de timón. Hemos perdido el control de la embarcación y navegamos a la derrota totalmente desorientados. La radio, el radar y el resto de instrumentos no funcionan ni avistamos ningún buque en el horizonte que pueda auxiliarnos.
Vamos dejando constancia de todo lo ocurrido en este cuaderno de bitácora, para que hable por nosotros en caso de no regresar a puerto y sea encontrado naufragando cerca de alguna playa. Creemos que hemos sido “pescados” en un sueño imposible nunca antes imaginado y no sabemos si podremos despertar de él en algún momento.
Domingo 24 de abril de 2011, 10 horas p.m., anochecido, la mar está tranquila y seguimos la estela de las yubartas que nos flanquean a babor y estribor. En la proa un macho imponente que marca el ritmo y, a popa, dejándose llevar, el resto de la manada. A poniente observamos el resplandor de un faro misterioso, en medio del mar, que débilmente con anaranjada luz nos marca el rumbo a su encuentro.
Lunes 25 de abril de 2011, 7 horas a.m., anoche llegamos al faro y misteriosamente los instrumentos volvieron a funcionar. Las ballenas continuaron su navegación y logramos hacernos con nuestro barco. Pensando que era una señal del destino lanzamos redes y cañas. Al momento hemos notado el peso de la carga que levantamos con gran esfuerzo y asombro por la calidad y cantidad de sueños que contiene: multicolores, de amor, negros, misteriosos, dorados, e incluso recién nacidos y alguna pesadilla. Nos afanamos en colocarlos delicadamente en cajas de madera y cubrirlos con hielo picado para conservar todo su encanto.
Ni rastro del faro que marcaba nuestro hallazgo. Ponemos rumbo de regreso a puerto con la bodega llena y la esperanza de obtener una gran recompensa, esta tarde, en la subasta de la lonja literaria de A Coruña.

STOP.
Stop, alto, detente, deja de volar en el cielo de tu imaginación.
No eres consciente del riesgo que asumes mostrando tus acrobacias aéreas.
Eres un contable responsable, serio y metódico, y la imagen que tenemos de ti, cuando trabajas, no corresponde con la manera de llevar estos libros de contabilidad personales.
Sabes perfectamente que la contabilidad creativa es otra cosa: ocultar beneficios para pagar menos impuestos, engordar el activo para obtener crédito,etc.
Por favor, te rogamos que de una vez por todas aterrices, que guardes en el hangar tu acrobática avioneta amarilla y reflexiones sobre el daño que estás causando al colectivo y a la profesión.
Por último te recordamos que esta semana tienes que superar la auditoría externa y debes estar totalmente concentrado en tu trabajo y causar buena impresión a Elena. Nos jugamos mucho con el informe que emita y no estamos dispuestos a admitir ningún fallo tuyo.
Stop.

La fuerza del viento.
Si el viento, que no vemos, es capaz de girar las aspas metálicas de un gigante molino, qué no será capaz de mover la cristalina mirada de unos ojos cuando enlazan en linea recta con los nuestros.
Su luz penetra en nuestra retina cegando nuestros banales pensamientos e iluminando nuestra piel que reacciona con un intenso escalofrío.
Porque hay miradas que matan con los rayos asesinos que emiten, y otras miradas que expresan cualquier sentimiento o emoción: tristeza, incertidumbre, sorpresa, timidez, alegría, rabia, amor, deseo...
Yo quedo paralizado con el viento de tu mirada, cuando inesperadamente te observo y me miras asombrada.

Despierta.
Si estás despierta, imagina. Si duermes, sueña. Y cuando despiertes de tu sueño, continua imaginando la realidad que ahora te toca vivir, despierta. Porque todo cuanto te rodea y las personas que te acompañan en este momento ya antes las has soñado, en otras noches y en otros días, despierta. Y ya has vivido lo que ahora representas, por eso siempre aciertas en tu papel de actriz que sueña, despierta. Y no olvides que en el camino de los ingleses los sueños se confunden con la realidad que imaginamos, mientras vemos pasar la vida por delante de nosotros, despiertos.

No culpes a la lluvia.
No culpes a la lluvia de tu tristeza,
Ella regresa ahora a tu vida
En el vientre de las nubes azules
Que el viento suave de primavera
Arrastró hasta tu puerta.

Pregúntale al sol
Por qué con su calor
Evaporó las lágrimas
Que de ti llovieron
En días despejados.

No culpes a la lluvia de tu tristeza,
Ella devuelve tus lágrimas
Que ahora calan tu piel
Y se introducen de nuevo
En tu deshidratada alma.

The Tramp Steamer.
"Los marinos miraban distraídos hacia esa lejanía, más interior que externa, en la que se abstraen los hombres de mar para combatir toda posible nostalgia de los engañosos y efímeros recuerdos que dejan en tierra". Álvaro Mutis
La vida es un inevitable viaje al fracaso pero acompañada por el mágico resplandor del amor cuando estalla como fuegos artificiales en el cielo azul de nuestra realidad.
El barco que nos acoge y nos transporta, que ha ido envejeciendo y navegando en el mar de nuestras dudas, va arruinándose poco a poco, como nuestro cuerpo, por el paso del tiempo y el ambiente salino que oxida su casco y nuestra ilusión.
Practicamos el cabotaje, de puerto en puerto, de cabo a cabo, cerca de la costa, pues ya no nos atrevemos a adentrarnos en alta mar por miedo al naufragio.
Transportamos mercancías por encargo y algún pasajero que nos acompaña de vez en cuando. Navegamos a modo de vagabundo: sin rumbo fijo, horarios y puertos que nos amarren para siempre.
Nuestro aspecto, con el paso del tiempo, el esfuerzo constante de nuestros trabajados motores y la falta de mantenimiento, es el de un barco decadente que se desplaza lenta y torpemente por los mares de nuestra memoria, intentando recordar aventuras olvidadas y soñando destinos más dulces en los mares del sur.
En alguna ocasión hemos compartido camarote con aquella amada mujer que, con su sola presencia, nos ha devuelto la alegría olvidada y la esperanza en un último y definitivo viaje a la felicidad.
Sabemos que fuimos construidos en un astillero del norte y nacimos a la mar y a la vida hace muchos años, e inevitablemente nuestro destino final está escrito premonitoriamente en nuestra popa dando nombre a nuestra esencia: "Cabo Fisterra". Más preferimos hundirnos en la mar, en una noche de galerna, y quedar ahogados para siempre en el fondo de nuestro empeño, que regresar a puerto para ser desguazados y olvidados definitivamente.

GAME OVER.
"Game Over" era un mensaje recurrente en las máquinas de “pinball” indicando que no has superado el reto y por tanto que no dominas plenamente el juego. ¡Vuelve a intentarlo!
Ha terminado la primera partida del juego con resultado negativo porque no hemos llegado al final, al último nivel. Es lo normal cuando tomas contacto con un juego novedoso que debes jugar repetidamente hasta dominarlo por completo, venciendo a la máquina y a tus propias limitaciones
En el juego, si estamos dispuestos a invertir nuestro tiempo y esfuerzo, podemos avanzar, progresar favorablemente y controlarlo. Pero debemos tener cuidado de que no sea él quien nos domine a nosotros.
En la vida, que también es un juego, a veces peligroso y las más anodino, nos entrenan ya desde la infancia para ir superando los distintos niveles de dificultad que irán surgiendo conforme nuestros cuerpos ganen altura, peso y pieles curtidas por el paso del tiempo.
Según nuestras características físicas, intelectuales, psicológicas y sentimentales nos han situado en un lugar determinado del terreno de juego pensando que es ahí donde desarrollaremos toda nuestra potencialidad.
He jugado de defensa central mucho tiempo, organizando la primera línea para, coordinadamente con mis compañeros, dejar en fuera de juego a los delanteros que venían dispuestos a dejarnos su huella en nuestra portería.
Me he empleado a fondo jugando por alto, dadas mis condiciones, y cortando el juego de ataque del contrario, a veces con contundencia, sin evitar el cuerpo a cuerpo.
He intentado transmitir seguridad al resto de mis compañeros de equipo aunque he de confesar que no estoy seguro de casi nada.
Con los años y los partidos jugados ya no me resigno a estar atrás contemplando como otros se llevan los méritos y honores del conjunto. Por ello en muchas ocasiones, pues mi forma física todavía me lo permite, salgo desde atrás controlando la pelota creativamente apoyado por mis laterales que, en connivencia conmigo, también se han lanzado al ataque.
Ya no nos importa dejar desprotegida la portería pues confiamos plenamente en nuestro ángel de la guarda que vela constantemente por nuestros sueños.
Y cuando gozamos de saques de esquina en la meta contraria subo presto a rematar con eficacia, así lo atestigua el número de goles marcados esta temporada.
El entrenador parece desconfiar de nosotros por la libertad que hemos adquirido pero, como los resultados, de momento, son indiscutiblemente favorables, nos permite abandonar nuestra línea defensiva para infiltrarnos en la aventura del juego, de la vida.
He observado con admiración tu juego y compruebo que has evolucionado gratamente. Te mueves con habilidad en la corta distancia, regateando, y tus pases largos llegan certeros a su destino a tiempo para ser rematados con éxito. Te has ganado el puesto en el equipo y la línea de medio campo ha ganado creatividad y elegancia con tu presencia.
Enhorabuena, seguimos jugando.

A otra cosa, mariposa.
La poesía y los afectos no entienden de reglas y normas, sus únicos límites son los sentimientos. Y los sentimientos nacen espontáneamente de nuestros corazones al contemplar, escuchar, oler, saborear y tocar la luz, el aroma, el ritmo, la magia y la belleza de la vida y de las personas que deambulan diariamente camino de sus preocupaciones, tropezando con las nuestras.
Podemos y debemos dejar volar a nuestra imaginación en el cielo de los sueños y en el mar de los deseos. Como cometa unida a nuestra razón con un fino hilo para que, llegado el momento y si los vientos soplan a favor, pueda romperse permitiéndole el vuelo al más allá de la realidad, metamorfoseándose en una mariposa enamorada. Sin temor a ser atrapada en la red de un entomólogo apasionado que, como amante de la belleza alada, tomará nota de sus características más deslumbrantes liberándola de nuevo al aire cálido de la tarde, para continuar su vuelo espacial en busca de la luz llena de la Luna.

Admirando.
Si te sientes admirado
Con vocablos que parten
De un ser atrayente
Procura ser consciente
Y continuar encantado.

Rarefacción.
El aire lo componen diminutas partículas. En reposo las partículas están a la misma distancia unas de otras, pero agentes externos como una vibración o el cambio de las condiciones atmosféricas pueden ocasionar que las partículas se junten (compresión) o se separen (rarefacción).
Por medio de la rarefacción conseguimos aligerar un gas: disminuir su densidad aumentando su volumen; dándole más espacio a cada molécula para que se sienta más libre, menos comprimida.
En las relaciones humanas hay momentos en que la presión aumenta (compresión) considerablemente por diversos motivos: estrés, discusiones, envidia, abuso de poder, egoísmo, competencia entre sus miembros, etc.
Lo vemos a menudo en las imágenes que nos transmite la televisión en actos deportivos. Cuando un equipo, por ejemplo de fútbol, se entrena o disputa un partido amistoso contra otro el ambiente es relajado, surgen las bromas, amabilidad y cortesía; el juego se vuelve lento, reposado y tranquilo y los espectadores disfrutan agradablemente (rarefacción). En cambio en plena competición, cuando se juegan tres puntos vitales para alcanzar el triunfo final o una copa vacía, la situación cambia radicalmente. Juego rápido y peligroso, agarrones, desplazamientos, entradas al contrario poco corteses, gestos iracundos, voces, empujones, protestas, gritos e insultos de las aficiones que contribuyen a aumentar la presión de esa olla a punto de estallar.
Casos similares observamos habitualmente en los centros de trabajo cuando hay que mejorar la productividad a cualquier precio, incluida la salud del personal provocando accidentes por no perder el tiempo en seguridad y protección. Obviando la adopción de métodos de trabajo más racionales y pausados generando enfermedades laborales y algún difunto. En otros casos la presión no viene de arriba, de la dirección, son los propios trabajadores quienes generan tensión a sus compañeros por diversos motivos: protagonismo, envidia, ascensos.
No hablaremos del comportamiento de ¿nuestros? políticos, grandes generadores de odio, mentiras, problemas y presión social.
Y, por último, en las relaciones de pareja también constatamos momentos de agobio provocadas por los movimientos opuestos de las dos moléculas que conviven dentro, originando roces y choques frecuentemente.
Pongámonos manos a la obra para intentar rarefacer el ambiente y conseguir una atmósfera social y personal más ligera y respirable, en beneficio de todos.

Halagando.
Si te sientes halagada
Por el verbo que parte
De un ser inconsciente
Procura ser paciente
Y continuar relajada.

De luces y sombras.
Consideran los científicos que la estrella Sol lleva alumbrando nuestro mundo cinco mil millones de años y que le queda combustible para otro tanto, año arriba, año abajo.
No voy a decirte que aprovechemos el tiempo, que se agota. Hay más tiempo que vida como diría el amigo Manuel, y supongo que para entonces el ser humano, tal cómo lo conocemos, habrá desaparecido o evolucionado a otra cosa, mariposa.
Desde luego tú y yo, bueno yo espero ser inmortal, ya no podremos continuar escribiendo y leyendo; vivamos pues.
El Sol, a parte de darnos la vida, y qué vida, y mantenerla, nos da algo más importante todavía: nuestra sombra.
Hay sombras artificiales con otras luces: de neón, incandescentes, de gas, de fuego …, pero no es lo mismo; tan sólo la Luna es capaz de alumbrar una sombra más tenue y romántica. Por supuesto la sombra de ojos, que embellece a las mujeres, no entraría dentro de este estudio.
La sombra, esa silueta que parte de nuestro cuerpo para proyectarse en la tierra y recordarnos nuestra existencia. Una veces por delante, cuando es más atrevida que nosotros y osa lanzarse a la aventura para alcanzar a otras sombras que le atraen; en ocasiones a nuestros costados, babor y estribor, para abrazar a la persona que camina a nuestro lado; casi siempre detrás de nosotros, cuando andamos cara al sol, pero sin alzar el brazo derecho, para protegerse de los rayos UVA; y, cuando el sol cae a plomo justo por encima de nuestras cabezas, en el cenit, se introduce en el interior de nuestro cuerpo para asombrar a nuestra alma.
Normalmente nuestras sombras son pacíficas pero existen personas con mala sombra, como los Hermanos Malasombra, que intentan por todos los medios iluminar las nuestras para asesinarlas. Andemos con cuidado y vigilantes de nuestra sombra y de las ajenas.
En días nublados mi sombra desaparece en busca de otras, casi siempre femeninas, y cuando el sol vuelve a brillar ahí arriba la encuentro abrazada a otra, poniéndome en un compromiso pues mi cuerpo también abraza el de una mujer.
No perdamos la capacidad de asombrarnos con la belleza y los sentimientos de las personas que nos impresionan con sus inquietas sombras y la encantadora luz de su mirada.
Si andas con sombras ten cuidado de no convertirte en una sombra.

Camino de ida y vuelta.
Campos nuevos en primavera
de jóvenes verdes sembrados
bajo cálida luz que enamora.

Manchegas tierras marrones,
oscuras como mi espera,
tiñen de ocre los corazones.

Árboles en flor desesperan
cercados de frágiles amapolas
junto a tiernas espigas florean.

Molinos gigantes de ahora
con vientos metálicos que giran
como la vida que se renueva.

Tu energía.
Tu energía no es atómica
tampoco eléctrica
ni tan siquiera eólica.

Tal vez sea poética,
pues mueve mis manos
y estimula mi mente
agitando mi cuerpo
sólo con verte.

Y genera versos,
como éste,
una mañana cualquiera
cuando estás enfrente.

Imaginando otra realidad.
El naturalista inglés Charles Darwin a través de sus viajes en el “Beagle” recorriendo mares y continentes tomó conciencia, por medio de la observación científica, de la evolución en el tiempo de los seres vivos de todas las especies a partir de un antepasado común, mediante la selección natural: adaptación al medio ambiente donde “juegan” con otros seres vivos para sobrevivir, los más fuertes y afortunados, perpetuándose como especie.
Si no cambias, si no evolucionamos, desapareces, nos extinguimos.
Existe otro modo de evolucionar: por medio de la imaginación.
Con nuestra imaginación estamos creando futuro, la nueva realidad de hoy y de mañana.
Imaginamos dispositivos para facilitar o complicarnos la vida; para obtener lucro con su venta y uso; para solucionar problemas de todo tipo o crear otros nuevos; imaginamos belleza para alumbrar arte.
Yo imagino historias con personas femeninas y sentimientos, sin género de dudas. Algunas son reales, existen físicamente e incluso piensan y sienten. Nota: soy feminista y además constato que las mujeres piensan y sienten más y mejor, en general, que los hombres, pero la frase la he imaginado así y no me imagino cambiándola. Otras mujeres, en cambio, son producto de mi imaginación al 100%: sus cuerpos, edad, características emocionales, actividad laboral, entorno social, etc. Les doy vida e independencia de tal forma que en alguna ocasión me he cruzado con alguna de ellas en la calle y nos hemos reconocido: ella como personaje y yo como autor; pero por prudencia, timidez o respeto mutuo no he llegado a cruzar ninguna palabra con ellas, tan sólo algunas miradas cómplices.
Como afirma mi colega Bernado Soares: “A fuerza de imaginar, se agota el poder de imaginar, sobre todo de imaginar lo real”.
He llegado a pensar que incluso yo soy producto de mi imaginación, de una imaginación del pasado que tomó vida, separada de mí, transformándose en lo que ahora soy.
El caso es que no sé quién de los dos: Chema o él es el auténtico y real y cuál el imaginado. ¿O tal vez ambos somos fruto de la imaginación de un tercero o de varios cuartos y quintos?
No puedo contar nada más, mi imaginación está a punto de agotarse, si posees conocimientos psicológicos te agradecería que me ayudaras a resolver estas dudas imaginadas, gracias.

Nunca pidas lo que no te ofrezcan.
Después de una larga caminata bajo el sol de verano que nos abrasa, llegamos sedientos a una alejada aldea de la sierra, paisanos que charlan animadamente a la sombra de la iglesia, rememorando aventuras del pasado, contemplan nuestro aspecto demacrado y nos ofrecen su fresca agua que reposa tranquila en el botijo. Agradecemos su amabilidad y recuperados del trance proseguimos nuestro camino con el cuerpo hidratado y el alma reconfortada.
Hay momentos en nuestras vidas que necesitamos del apoyo material y humano de las personas que nos acompañan en nuestro viaje alrededor del tiempo. Si verdaderamente nos quieren, incluso sin conocernos, y hacen honor a la especie que representan ofrecerán su mano, su tiempo, su energía y sus bienes para intentar calmar nuestra angustia.
Cuando estamos perdidos en la tristeza porque la desgracia ha llegado a nuestro lado para transmitirnos su “mala nueva”, encontramos siempre el hombro cálido del amigo o amiga que abraza nuestra sombra para transmitirnos la compasión y la luz que nace de su espíritu condescendiente.
Si en vez de mirar hacia otro lado, intentando ignorar nuestra presencia, nos acogen con alegría y compasión, aliviarán nuestra desgracia y rechazarán amablemente nuestro agradecimiento porque va escrito en sus genes la palabra solidaridad.
No debemos pedir nunca lo que no nos ofrezcan cuando contemplan nuestro precario estado. Pero debemos ofrecer todo, aunque no nos pidan nada, saldaremos las deudas del pasado y las que el futuro nos traerá, seguro.
Yo me ofrezco ser tu amigo, ahora que lees y mañana, cuando me necesites.

Sin límites, sin metas.
Tal vez llegue más lejos quien no sabe hacia dónde va, ni por dónde camina.
Quizá hemos fijado un claro destino vital con itinerario detallado y checkpoint marcados de antemano, por nosotros o por la sociedad en la que vivimos encarcelados, que no debemos abandonar para alcanzar con éxito y sin extraviarnos nuestra meta anhelada: estudio, trabajo, religión e ideología política, relaciones familiares y sociales, estatus económico y una muerte digna, como dios manda, que albergue nuestros cuerpos marchitos en un mausoleo ostentoso en espera del juicio final, sin abogados que nos defiendan.
Sin embargo, si no tenemos claro nuestro destino y el camino que debemos elegir, podemos dejarnos llevar por la intuición que nos susurra al oído a cada momento en busca de nuevas sensaciones y experiencias, aparentemente perdidos, intentando comprender el mundo y romper los límites que las circunstancias instalan en nuestro camino. Así evitaremos resignarnos y ahogarnos en la monotonía.
Llegaremos sin duda al mismo puerto: la muerte, pero la travesía habrá sido más emocionante e intensa y alguien escuchará el grito: ¡me siento vivo! antes de exhalar nuestro último suspiro; sin necesidad de reencarnarnos ni de resucitar al final de los tiempos.

Nuestro doble arco iris.
Tan sólo después de una tranquila lluvia o una impetuosa tormenta es posible admirar el arco iris en el horizonte.
Es necesario haber llorado débil o intensamente para sentir y gozar con claridad la luz multicolor que ilumina de nuevo nuestro destino.
Con el sol a nuestras espaldas surge, mágicamente, este fenómeno óptico y meteorológico coronando el cielo en los momentos en que una brisa de aire nuevo y refrescante viene a borrar temporalmente las nubes que nos impedían gozar de la luz, devolviéndonos la ilusión robada en los días grises de nuestro tortuoso camino.
Los cálidos rayos solares atraviesan las diminutas lágrimas de agua de lluvia que quedaron pulverizadas, como nuestros deseos, en la atmósfera que nos envuelve, descomponiéndose en los tres colores primarios: rojo pasión, como la sangre que recorre nuestras venas impulsada por nuestros arrítmicos y tímidos corazones; azul intenso, coloreando el cielo protector, el mar que ahoga nuestra nostalgia y la limpia mirada de las almas nobles que nos miran fijamente a los ojos hipnotizando nuestros sentidos; verde esperanzado, como las hojas que cada primavera brotan de nuestras ramas para renovar el sentido de nuestros pasos en búsqueda permanente de la utopía. Y en los otros cuatro colores secundarios que, como vástagos, nacen del apareamiento de los anteriores ampliando la paleta que colorea el ambiente que nos acoge.
Incluso en los grandes momentos oníricos se nos ofrece, imponente, el arco iris doble, con colores atenuados y en posición invertida, como espejo que viene a reflejar nuestros sentimientos en tu epatada mirada.
Tu recuerdo y tu presencia, susurrantes, nos permite dibujar y contemplar, con todos sus colores y matices, el arco iris que corona majestuoso el cielo de nuestras emociones animándonos a continuar jugando en la aventura de vivir.

Operación Dulce.
El amor vuelve a ganar la partida a la sinrazón y al desamor.
Los sentimientos siempre triunfan si estamos dispuestos a escucharles, les damos tiempo suficiente para que se afiancen y alguna arriesgada oportunidad.
Hemos sido cómplices y testigos.
Nos alegramos por él, por ella, por nuestro amigo y por nosotros.
Enhorabuena.

Partida abierta.
Juego analizando el entorno donde interaccionamos y tu actitud en el juego: rápidas e imprudentes respuestas y largos y meditados silencios.
Muestro mis naipes en público y complemento mi estrategia, que intento sea óptima, con otras cartas privadas, sin ocultar casi nada.
Mi comportamiento creo que es el previsto dada mi condición de iniciador de la partida y el tuyo contiene, a veces, procesos de decisión más elaborados en función de mis previsibles o inesperados movimientos.
Intentamos cooperar y no caer en el “Dilema del prisionero” en interés de ambos y de que la partida evolucione distendida y agradablemente.
Nada nos jugamos, tan sólo disfrutar con el juego para vivir nuevas y excitantes experiencias al margen de la rutina diaria que nos impide mostrar otras facetas y cualidades de nuestras múltiples personalidades.
Creo que ambos ganamos adquiriendo soltura en el juego y conocimiento de nuestras posibilidades y las del contrario.
Inicio una nueva partida, descubro carta, de nuevo, esperando tu respuesta.
¿Juegas?

Reflejo incondicionado.
Cielo azul marino, oscuro,
Que cubre tu lago alpino.
Horizonte nítido y limpio
De dulces nubes de algodón
Que ayer marcharon,
Sopladas por vientos suaves
Al encuentro de tu destino,
Sin rumbo conocido.

Brillante luz, de sol alegre,
Iluminando tu espejo
Que enfrenta mi imagen
Y devuelve tus ojos,
Mágicamente aureolados,
Reflejo de un sueño imposible
Tan real como tu eterna sombra
Que cruza siempre mi camino.

Tal vez.
Tal vez separando mis palabras en el espacio consiga distanciarme de ti en el tiempo.

Repensando.
Sin pensar lo que digo
Pienso: qué te digo.

Y digo que pienso
Lo que ahora escribo:
Que en ti pienso.

Pensando lo que digo
Pienso: cómo te digo.

Y no digo que pienso
Lo que ya está escrito:
Que sin ti no pienso.

Amanece la primavera.
Amanece,
débiles rayos de luz
se filtran por las rendijas
despertando la mañana.

Trinos in crescendo,
de estorninos ojerosos,
despiertan nuestros oídos
que todavía sueñan.

Es primavera reciente
que viene a florear
nuestro ánimo de invierno
con su luz amable.

Trae calor suave,
que elimina capas de ropas oscuras,
descubriendo cuerpos pálidos
ansiosos de color miel
y cálidos abrazos.

En el límite.
Existen zonas delicadas en la naturaleza y en las relaciones humanas donde es fácil pasar de la relativa estabilidad al caos absoluto en un instante. Suelen ser zonas fronterizas, límite, que conviene conocer y evitar si queremos conservar nuestra integridad física y emocional.
Si en una discusión acalorada nos adentramos en el terreno minado por disputas sembradas en el pasado corremos el riesgo de pisar una de ellas y saltar por los aires, cargados de reproches, esparciendo nuestros despojos al medio ambiente que nos rodea, contaminándolo todo.
Si alegremente empleamos palabras movedizas, oscuras y enfangadas, para ofender a nuestros interlocutores quedaremos atrapados en ellas para siempre. Máxime si son palabras escritas y publicadas que dejarán constancia permanente de nuestra temeridad.
Si ascendemos con imprudencia hasta el cráter de un volcán que emana odio y gases sulfurosos y no hemos tomado la precaución de cubrir nuestro rostro con la máscara adecuada, inhalaremos esos vapores tóxicos que dañarán gravemente nuestros pulmones y nuestros inquietos corazones.
Si impulsivamente nos lanzamos a un río profundo y revuelto, en zona de remolinos que giran sin cesar con los hirientes asuntos de una enquistada relación, es posible que seamos abducidos al interior y ahogue nuestras tímidas esperanzas de salir a flote.
Si llegamos exhaustos al borde de un espectacular acantilado, con la intención de gozar de las magníficas vistas que nos ofrece, y no valoramos la fuerza del viento que arrastra nuestra ira, cambiando de dirección a cada momento, corremos el riesgo de ser empujados al abismo y caer en una profunda depresión.
Por consiguiente aconsejamos que, sin dejar de ser intrépidos en nuestras aventuras personales, tomemos las precauciones oportunas en aras de gozar de la naturaleza y de la vida conservando nuestra piel y la de quienes nos acompañan. Marquemos el límite que estemos dispuestos a no traspasar en beneficio propio y en el de nuestros compañeros de viaje.
Feliz aventura y buen viaje.

Siento, luego existo.
Pensar para Descartes era condición suficiente para demostrarnos que existimos, aunque una existencia racional no es para nosotros el ideal que constate nuestro tránsito por la vida.
Preferimos, a la salida de este maravilloso y espectacular parque de atracciones, llevarnos un grato recuerdo de las sensaciones experimentadas. Anteponemos los sentimientos a los razonamientos para justificar plenamente nuestra existencia, por ello decimos: Siento, luego existo.
Y sentimos, sin necesidad de pensar, todo tipo de sensaciones que entran por nuestros sentidos, a cada momento, y llegan al hipocentro de nuestra central espiritual devolviendo una respuesta adecuada en función del estímulo recibido. Sentimos emociones en nuestra relación con las personas que nos acompañan en esta montaña rusa donde tan pronto estás ascendiendo lenta y tranquilamente hacia el punto de inflexión como descendiendo aceleradamente, sintiendo el vértigo en el estómago, al abismo de nuestras oscuras profundidades.
Pensamos que sentimos y sentimos que pensamos, e incluso a veces ni pensando ni sintiendo, cuando las emociones nos asesinan, somos conscientes de nuestra existencia.

Mal de altura.
En ocasiones, en la vida, ascendemos velozmente por las montañas de problemas que nos surgen intentando coronarlas rápidamente y contemplar las vistas que nos ofrecen ahí abajo.
Nuestro organismo no está preparado para cambios tan bruscos y necesita una adaptación progresiva a la hipoxia o falta de oxígeno en altura.
La consecuencia de nuestro atrevimiento se traduce en: mareos, vómitos, agotamiento y malestar general con pérdida de energía y reflejos, que vamos sufriendo sin ser conscientes y nos puede llevar a la muerte a partir de los siete mil metros de altitud. Por tanto, si no somos Juanito Oiarzabal o Edurne Pasaban que están acostumbrados a coronar ochomiles sin necesidad de oxígeno adicional, deberíamos ser prudentes y tomarnos el ascenso a nuestros conflictos con algo más de tiempo y preparación. Estudiar el perfil, las opciones o vías para coronarlos, buscar las condiciones climáticas apropiadas, ir bien equipados y contar con la ayuda de sherpas experimentados que nos auxilien en los momentos más delicados. Y, si finalmente constatamos nuestra incapacidad para cumplir con nuestro objetivo lo prudente sería, al primer síntoma de hipoxia, descender poco a poco y alejarnos de esa montaña para siempre, pues también a la orilla del mar es posible soñar y dar reposo a nuestras inquietudes.

La vida con sentido.
Tu presencia y tu ausencia,
Como faros en el tiempo,
Jalonan el recorrido
De fin a principio
Y dan sentido a mi vida.

El ahora y el recuerdo
Desbrozan el terreno,
Minado por la rutina,
Al encuentro contigo
Que ocupa mi energía.

Porque no eres una
Ni nunca demasiadas,
Conocidas siempre
Y a veces olvidada
En mi espíritu permaneces.

El sinsentido de la vida.
El sentido de la vida,
El propósito marcado,
Movimiento de cartas
En la partida jugada.

Engañando a la vida,
Con trucos y trampas,
Buscando la felicidad
Que nunca aguarda.

¿Acaso es vivir la rutina?
Bendita rutina si vas a morir
Con el honor del silencio
Musicando una vida plena.

Tenaces con voluntad férrea
Llegamos al destino soñado
Y encontramos el propósito
A través del significado.

A veces giramos como veletas,
En dirección del viento que manda,
Sin fuerzas para plantar batalla
Y huir locos de la manada.

O permanecemos estáticos,
Cuando se impone la calma,
Quedando varados en el páramo
De nuestras insólitas almas.

Made in Japan.
Terremoto,
tiembla la tierra,
mantener la calma.
Tsunami,
llega la ola montaña,
estoicismo la aguarda.
Fukushima,
centrales que estallan,
valerosas acciones para enfriarlas.
Radiactividad,
la atmósfera que mata,
paciencia zen la combata.
Reglas de grupo: orden,
transmisión de valores,
sin pánico ni desorden,
nada de estridencias
ante la catástrofe,
juntos unidos en silencio,
reconstruyendo con fe,
otra esperanza.

Cansado.
Cansado de esperar
cansado de reír
cansado de jugar
cansado de sentir
cansado de llorar
cansado de vivir
cansado de luchar
cansado de morir.
Descanso y mañana descanso, sin descanso.

Escritura automática.
Un folio virtual en blanco pantalla; un teclado con letras impresas en mayúscula; números arriba y a la derecha; escape y las F del 1 al 12; juego de flechas señalando los cuatro puntos cardinales mal orientados; tabulador y teclas para mayúscula cuando proceda; cursor con flecha hacia la izquierda borrarando errores de escritura; línea roja que subraya las palabras que no existen o contienen error ortográfico; línea verde con sugerencias; pantalla que al momento registra lo escrito en tinta inexistente; dos manos que mueven los dedos rítmicamente pulsando las teclas que el cerebro ordena, siguiendo las instrucciones que la imaginación dicta, intentando plasmar el momento de la escritura, desconociendo lo que puede surgir en este experimento de contar el acto de escribir, acompañado con música de los Artic Monkeys, que de los altavoces parte, y la voz de Alex Turner que busca a “la mujer imaginada” llamándola por su nombre cada vez que a una encuentra hasta hallar la respuesta en Cornestone: “Se supone que no lo soy pero sí, puedes llamarme como quieras”.

Dialogando.
“Sé que eres un personaje y lo que escribes no es real. En ocasiones me cuesta diferenciar la ficción de la realidad, incluso a veces he pensado, quizá equivocadamente, que escribías directamente para mí”.

Anónimo lector o lectora gracias por contactar conmigo, me alegra y deseo que sigamos comunicándonos. Efectivamente soy un personaje que ha sido creado para expresar emociones y transmitir sentimientos. Mis autores mueven los hilos de mis articulaciones y ponen voz a mis palabras, que son sus palabras y tus palabras, para contar sus fantásticas realidades, sus cuentos del pasado y los sueños y deseos de un futuro inalcanzable. Se implican tanto conmigo que frecuentemente adoptan mi papel metiéndose en mi piel, es entonces cuando soy yo el que les maneja induciéndoles a caminar por los senderos de la ilusión, deseando que sientan lo que yo siento cuando me muevo a su antojo.
Lo que escribo o digo va dirigido a las personas que quiero, pues son ellas las que inspiran mis historias, confiando en que me quieran no sólo por lo que digo o escribo sino también por las sensaciones que la lectura les ocasiona.
Te invito a continuar participando, mediante comentarios o mensajes a elchemayel@gmail.com, en este espacio abierto a la libre expresión y a la comunicación. Te espero.

Las palabras ocultas.
Tal vez digan más de nosotros las palabras que no pronunciamos o no escribimos que aquellas que salen de nuestra garganta y de nuestras manos.
En el almacén de nuestra memoria se encuentran depositadas palabras dispuestas a recorrer, en cualquier momento y cuando nuestra intención las reclame, el camino que pasando por el corazón y la mente partan de nuestra garganta para expandirse en el ambiente y ser escuchadas por oídos atentos o tomen forma física de letras escritas para ser leídas o ignoradas.
Cuando conversamos nuestro discurso se adapta al momento en que hablamos y a las personas que nos rodean dispuestas a escuchar el mensaje. Si hablamos de tú a tú, sin testigos que nos coarten y capten nuestros secretos, seremos más sinceros y osados expresando lo que sentimos y ocultando sólo aquello que pueda interferir en el futuro mañana. Podemos ser directos e ir al grano, en picado, o movernos en círculos concéntricos cada vez más cerrados dispuestos a aterrizar en la pista de los sentimientos cuando las condiciones emocionales lo permitan.
Si conversamos en grupo andamos con cuidado para que nuestras palabras no revelen informaciones confidenciales que puedan desvelar pistas ocultas de profundos secretos u ofender a interlocutores presentes; medimos con cuidado lo que decimos y como lo decimos.
Si dejáramos hablar a nuestro inconsciente y a nuestros sentimientos libremente, sin censura ni límites, expresando lo que sentimos y opinamos de las personas y del mundo que nos rodea, sin diplomacia, sin prudencia, la comunicación cesaría pues no estaríamos dispuestos y preparados a encajar con agrado nuestras impredecibles palabras y las ajenas.
Tan sólo los niños y niñas, y aquellas personas que desde siempre se mueven en el terreno de la inocencia y de la imprudencia consentida, pueden expresar clara o ambiguamente lo que sus almas sienten sin miedo a herir susceptibilidades en los oyentes.

La partida doble.
Admiro tu actitud en el juego,
Ese dejar fluir reposado
Manteniendo siempre la calma
Y administrando distancias
Sin miedo a las consecuencias
De un error en mi respuesta
A tus movimientos de experta
Que, como jugadora de póquer,
Me engaña con la mirada
Leyendo mis cartas marcadas
Y anulando los ases que oculto en la manga
Intentando ganar tu partida.

Yo muevo peones primero
Esperando tus movimientos
O tu muda respuesta,
Tú analizas mi juego,
A veces jugando con fuego,
Y provocas claros errores
Propios de novato ciego
Hechizado con tu juego de cruces
De reina blanca que recorre el tablero
Arrasando con su presencia
Las débiles defensas de un rey
Que rinde su reino a tu esencia.

El amante visual.
“Amo con la mirada, y también con la fantasía. Porque todo fantaseo de esa figura que me cautiva”

Ignoramos nuestros nombres, que pueden ser cualesquiera, aunque yo conozco el mío e intento adivinar el femenino tuyo. Pero sí conocemos nuestros rostros y nuestros cuerpos que se reconocen cada día en cada ocasión que cruzamos sentidos opuestos: tú en dirección ascendente hacía el centro de esta ciudad tranquila y yo bajando en dirección al parque que la rodea.
Yo sé donde trabajas e intuyo que tu trabajo es parecido al mío: en tareas administrativas. Tú sabes donde trabajo, pues alguna vez me has visto llegar a mi destino, y creo que conoces a alguna compañera mía que puede ser tu amiga.
Llevamos tantos años viéndonos y admirándonos que hemos visto madurar nuestros cuerpos y el ánimo que los impulsa. Todavía no ha surgido la ocasión, ni tampoco la hemos buscado, cuando hemos coincidido en otros ambientes, para presentarnos o ser presentados por un tercero y aumentar nuestro escaso conocimiento de cada uno.
Yo me fijo cada tarde, cuando desde lejos te veo venir por la misma acera o por la de enfrente, en tu andar triste y resignado dirigiéndote al trabajo con la cabeza algo inclinada hacia adelante y tu mente absorta en algún pensamiento cotidiano. Acortamos con nuestros pasos la distancia que nos separa y nos acerca y, cuando quedan tan sólo dos metros entre tu cuerpo y el mío, alzamos la mirada e intercambiamos un destello fugaz con nuestros ojos cómplices que al instante cambian de dirección como si nada hubiera pasado. En ocasiones giro la cabeza, al momento, para contemplar tu ritmo cansado y admirar la estela que dejas a tu paso; tal vez en alguna ocasión tú también te has girado con la misma intención, mas hasta ahora no lo he sentido.
Esta relación visual, que nos une y tal vez nunca evolucione a nada más, mantiene el interés y la ilusión por los sentimientos que despertamos cada uno en el otro quedando para siempre ocultos en la zona amable de nuestra memoria y en la esquina roja de nuestros cansados corazones.

Cantos de seducción.
Como gubarte enamorado
Emito cantos de seducción,
De notas graves nunca oídas,
Prolongados en días enteros
Compitiendo con mis congéneres,
Del océano profundo e inmenso,
Intentando conquistar tu celo
De yubarta enamorada.
Mis acrobáticos saltos,
Golpeando el agua helada
Con gigante cuerpo
Y nubes de aire caliente,
Que el frío condensa,
Reclaman tu atención,
Por otros despistada,
Invitándote a mi comunión
Contigo siempre deseada.

A veces la oportunidad sólo llega una vez.
Tenemos claro nuestro destino, hemos organizado este viaje con tiempo e interés pues nos jugamos mucho en el recorrido intentando llegar a la meta fijada: la oportunidad de nuestra vida.
Poseemos la licencia de conducir y, por fin, somos libres para circular libremente por las carreteras vitales, en cualquier dirección. Conocemos las señales que organizan y regulan nuestro tráfico y las consecuencias de su incumplimiento; hemos estudiado, en el mapa de los sentidos, las calzadas a transitar: autopistas de peaje, que solemos evitar por el coste extra emocional que supone su uso; autovías rápidas y concurridas en días de fiesta; carreteras nacionales peligrosas por tener doble sentido, como nuestras palabras, y hasta la última vía local donde es fácil extraviarse. Hasta el más mínimo detalle está planificado, el vehículo en perfecto estado de revista y la grata compañía que hemos elegido, o nos ha elegido a nosotros, que también está implicada en el viaje y comparte destino.
Cargamos la furgoneta con nuestro mejor equipaje: las intenciones, las ilusiones y alguna esperanza. Echamos a rodar con prudencia y determinación, disfrutando del viaje, del paisaje y de la amistad de nuestro acompañante; nos detenemos cuando es necesario: para descansar, alimentarnos, repostar o admirar esa bonita puesta de sol, tras las nubes, allá en el horizonte infinito.
Un corte en la A-96, por obras en el firme, nos obliga a replantear nuestro itinerario sin olvidar el destino final. Nos desviamos de la ruta y entramos en un pequeño pueblo: Encrucijada, que nos llama la atención por su nombre y por el ambiente mágico y misterioso que desprende, invitándonos a detenernos y a pasear por sus angostas y vacías calles y, dada la hora de la tarde, hacer noche en un acogedor hotel con encanto: “La Posada de la Duda”.
Coincidimos con otras viajeras que llegan al hotel como nosotros, inesperadamente, y, tras las oportunas presentaciones, nos reunimos a cenar junto a ellas y compartir nuestras inquietudes y nuestros recorridos vitales. Les hablamos de nuestro viaje en búsqueda constante de la oportunidad, de nuestro origen remoto, de nuestra idea de la vida en continuo peregrinar al interior de las dudas que nos acompañan y a los sueños que suplantan la realidad; nos cuentan el suyo con destino opuesto y complementario al nuestro, más claro y real, con vivencias concretas y definidas conociendo el terreno que pisan y el final que les espera.
Los efectos de la cena, del embriagador vino, de la compañía y de los licores que la rematan, acortan las distancias y nos unen en el pequeño comedor en animada charla, que alegres interrumpimos para abandonar el hotel y pasear, de nuevo, por las vacías calles de Encrucijada, bajo la azulada luz de la Luna que ilumina nuestros pasos y realza la apasionante conversación, retomada, que nos envuelve y sorprende.
Regresamos felices, ya avanzada la noche, y lo sucedido a partir de ese momento, que no puedo contar porque no lo recuerdo, o porque tal vez fuera un sueño que escapó de mi memoria, nos trajo, como consecuencia, que a la mañana siguiente, tras el desayuno, la oportunidad llamó de nuevo a nuestras puertas y en esta ocasión si le abrimos dando entrada a un inesperado cambio en el rumbo de nuestras vidas: Chema marchó con Ella en dirección poniente, allá donde el Sol busca reposo cansado de tanto orbitar. Yo (Él) marcho con Gema, que está terminando de organizar su maleta y de replantear su destino conmigo en el GPS interior, en busca de la luz de levante, junto al mar.
El destino y el presente nos separan, por primera vez en nuestras vidas, invitándonos a vivir otras realidades y nuevos sueños junto a nuevas parejas, cada uno en un extremo del mundo. Tal vez volvamos a encontrarnos en otro viaje organizado y algún imprevisto vuelva a reunirnos en otro pueblo perdido en la inmensidad de nuestras futuras oportunidades que confiamos no desaprovechar nunca más.
Si esperas tu próxima oportunidad presta atención, llegará en cualquier momento. ¿Le abrirás la puerta?

Día Internacional de las mujeres.
Sois mujeres, todas, e internacional alguna. Reconozco vuestra gran capacidad intelectual, biológica y emocional que ha superado, como colectivo, a la de los hombres aunque todavía no se reconozca y se valore en todos los ámbitos de la sociedad, siendo necesario continuar aplicando medidas y acciones positivas para lograr la igualdad plena de oportunidades y de realidades: mujer/hombre.
Yo, como hombre, no pierdo nada aliándome con vosotras pero gano mucho como persona estando a vuestro lado aprendiendo y compartiendo la vida día a día.
Aquí estoy para acompañaros en vuestro camino, que es mi camino.
Feliz día, buen camino.

La Relevancia del Capital Intelectual en el Cuadro de Mando.
Querido amigo Pepe, he dejado transcurrir el tiempo desde nuestra última y definitiva conversación en septiembre de 2008 para que mi mente, mi corazón y mis siete sentidos (incluyo la intuición y el sentido común, que tú poseías a raudales) pudieran hablar con la tranquilidad que genera el paso del tiempo. Sabes que habitas también en mi recuerdo y en el de tantas personas que te conocen y te quieren. Ayer buscándote en Internet te encontré, de nuevo, impartiendo cátedra de "Economía Financiera y Contabilidad" en la UCLM, me llamó la atención el trabajo elaborado junto a tus colaboradoras: Rosario y Yolanda y que lleva por título: “La Relevancia del Capital Intelectual en el Cuadro de Mando Integral”. Pones de relieve la importancia del Capital Intelectual, un activo intangible que, sin tener forma física y ser difícilmente valorable, genera beneficios futuros. Te refieres al capital humano, elemento fundamental de la empresa y que debe ser potenciado a través de la formación y de la participación en la toma de decisiones; haces mención a la organización interna en aras de mejorar la eficacia y la eficiencia y así cumplir con los objetivos marcados, e incides en la relación de la empresa con el mercado: clientes, proveedores y sociedad, por medio de una comunicación abierta y sincera para conocer el grado de satisfacción de nuestros productos y servicios y detectar nuevas demandas.
Nos hablas de la "Ecuación de Ulrich": Capital intelectual = Capacidad x Compromiso, ecuación que sobradamente cumpliste al pie de la letra, pues tu voluntad, tu capacidad y tu compromiso con las empresas y con las personas fue admirablemente eficaz y humana. Y por último, nos cuentas que el Cuadro de Mando Integral es un instrumento de planificación, información y control de las diversas áreas de una organización que incide en la consecución de objetivos marcados por ella.
Toda una lección no sólo aplicable a las empresas y organizaciones sino también a nuestra vida personal: la formación y la educación continua en conocimientos y valores humanos; la implicación en nuestro circulo afectivo y en la sociedad por medio de la empatía y de la solidaridad; la comunicación continua y abierta con las personas que se mueven a nuestro lado, dispuestos a escuchar lo que sienten, apoyarles y corregir errores, a veces involuntarios, en nuestra relación con ellas.
En nuestras conversaciones del verano de 2008, aparte de repasar con cariño y nostalgia la historia de nuestras vidas y de darnos a todos lecciones de lucha contra la adversidad y clases prácticas de amabilidad, incluso en los peores momentos, fui consciente de que habías alcanzado la sabiduría pues, a pesar de tu gran formación intelectual y humanística, reconocías tu ignorancia y tu incapacidad, la de todos, para abarcar el conocimiento que la Ciencia sacaba a la luz a diario. El mundo cambiaba aceleradamente y sabías que tu tiempo era limitado, deseabas seguir adelante cerrando asuntos pendientes y preparando tu adiós definitivo con determinación, hasta el último suspiro.
Noches atrás, a finales de febrero, mantuvimos otra corta e intensa conversación; yo estaba soñando y tú te encontrabas en el kiosco de la Avenida de España, intercambiamos unas palabras: me comentaste que no asistirías a la próxima reunión de amigos; te despedí con un beso en la mejilla, beso que sólo puedo dar a amigos de “toda la vida”.
Nos vemos pronto, en sueños o en otras realidades, un abrazo Pepe.

El bosque.
Un bosque lo conforman gran cantidad de árboles; cuando lo visitamos solemos fijarnos en los más cercanos, como en la vida con las personas que nos rodean.
Nos adentramos en el bosque escapando del ruido que la ciudad truena en los oídos; en el bosque escuchamos el sonido de la naturaleza: el viento que agita las ramas, las hojas secas que pisamos, el canto de las aves que lo habitan, el susurro de los duendes y las hadas que se esconden tras los árboles, siguiendo nuestros pasos y, sobre todo, el sonido que emite nuestro corazón intentando acompasarse con el ritmo que nos envuelve.
Recorremos bosques frondosos de hoja perenne: sombríos, húmedos, frescos y misteriosos, atravesados por pequeños arroyos de aguas cristalinas que nos invitan a probarla para calmar la sed de alma que llevamos y refrescar nuestros pensamientos más obstinados.
En otros bosques, de hoja caduca, la luz del otoño penetra entre los rojos ocres de las hojas y llega a nuestros ojos filtrada, para alumbrar el camino interior que vamos recorriendo en busca de la armonía con la vida que nos espera tras las últimas hayas.
Abandonamos el bosque con las ideas algo más claras, los cuerpos relajados por el cansancio y los sentimientos consolidados; nos adentrarnos, ahora, en el bosque humano. Buscamos a las personas que por inercia queremos, deseando trasmitirles la energía y el cariño que traemos en nuestras mochilas; contarles las historias que el bosque nos ha contado y abrazarnos a ellas con el mismo amor que el abuelo de Saramago entregó a sus árboles en la última despedida.

Volando hasta Marte.
Si procuras ser feliz
Cuando la felicidad lo permite,
Si intentas comprenderte
Sin miedo a otro desliz,
Si adaptas tu guión cada día
A la película en que andas inmersa,
Si no buscas el sentido a la vida
Para no perder el sentido buscando,
Si crees estar soñando felizmente
Y no deseas despertar bruscamente,
Si sientes que estás enamorada
Porque presientes que te quiere,
Olvida todo lo dicho antes
Y sigue volando a Marte.

Cómo.
Cómo acortar la distancia
Que nos une,
Cómo convercerte
Que no es un sueño lo que soñamos,
Cómo encontrar sentimientos
Con sólo mirarte,
Cómo lograr conmoverte
Sin conmoverme,
Cómo leer en tus ojos
Lo que mi corazón siente,
Cómo admirar profundamente
Lo que dices si no te oigo,
Cómo olvidar todo
Menos tu nombre que se esconde,
Cómo reflexionar
Y dejar de pensar, si ya no pienso,
Cómo dejar de sentir
Si sólo siento.

En la vida las respuestas no llegan inmediatamente.
Preguntamos, nos preguntamos, con cierta frecuencia y cierto interés sobre el papel y el destino que nos toca vivir en este espacio y en este tiempo que es la vida, nuestras vidas. Queremos conocer el sentido de nuestros pasos, de nuestras acciones y de nuestra parálisis, cuando perdemos el control, del presente que habitamos y del futuro que mengua.
Porque de niños, cuando nos echan a rodar y organizan nuestro camino lúdico y escolar, nos limitamos a jugar la vida sin preocuparnos de nada más, para eso están nuestros progenitores.
En la adolescencia nos llegan todas las preguntas de golpe y comenzamos a tomar conciencia de que esto ya no es un juego, en todo caso un juego peligroso donde nosotros somos los protagonistas e incluso las víctimas.
Salimos a flote de tanto cambio hormonal e intentamos organizar un futuro algo más serio que el ambiente juvenil que nos rodea: estudio, trabajo, pareja, familia … y empiezan a correr los años en el calendario vital y a tirar balones fuera conforme llegan, sin tiempo para pensar ni para preguntarnos mucho más.
Llegada la mediana edad, la juventud tardía o la vejez precoz, según el carácter de cada cual, actuamos de padres de nuestros padres (y madres) y martirizamos a nuestras hijas e hijos que ya son adolescentes. Recordamos tiempos pasados y comprobamos que la vida es un ciclo, una rueda sin principio y sin fin.
Comienzan, ahora, a llegar las respuestas a nuestras preguntas de toda la vida y en ese momento, en esta encrucijada, tenemos tres opciones (descartamos el suicidio por ser demasiado aparatoso): continuar con la misma rutina y con el mismo rumbo claro y alienante; dar un golpe de timón y poner rumbo a destinos más cálidos y apasionantes; abrazar una filosofía oriental que permita reencarnarnos y contemplar la vida con gran tranquilidad y total desapego.
Evidentemente, nosotros que, como contables, somos personas frías, oscuras, meticulosas, calculadoras, tristes y ordenadas deberíamos optar por la primera opción, pero nuestra otra personalidad, desconocida para aquellas personas que piensan que las cosas son como parecen, nos arroja de nuevo a la vida con el ímpetu de antaño y estamos dispuestos a plantar batalla en aras de una vida plena, hasta el final, sin miedo.
Organizamos escapadas, en furgoneta amarilla con flores decorada, en compañía de alegres compañeras de trabajo hastiadas de la rutina, dispuestos a recorrer el mundo o lo que de él quede y vivir en total libertad, sin reglas, sin metas. Nos apuntamos a todas las degustaciones que nos ofrecen, sean de vino o de se fue. Nos vamos de marcha incluso a la montaña. Las actividades culturales nos entran por todos sitios y nos salen digeridas en relatos y conversaciones. Nos atrevemos a contar incluso lo que no debemos y a querer a quienes no nos quieren.
Llegan las respuestas, vacías, para que sigamos hurgando en nuestro interior engañando así al paso del tiempo que se acorta en longitud pero se ensancha en amplitud, sin temor a seguir esperando nuevas respuestas sin preguntas previas. Hemos dejado de preguntar, no podemos perder el tiempo. ¿Alguna respuesta por tu parte?

La última llamada.
Cuando la comunicación personal y sentimental se corta bruscamente por fallos no achacables a la técnica ni a las condiciones meteorológicas, pues la línea y los terminales funcionan correctamente y aunque sí ha existido una tormenta o terremoto emocional esta no ha afectado al cableado y a las antenas que transmiten nuestras palabras, últimamente cargadas con pólvora sin fines pirotécnicos, nos instalamos en el silencio absoluto.
Cuando el tiempo transcurrido desde la última y alterada conversación aumenta, entra en juego la “Ley de la expansión del universo”: nos alejamos con una velocidad mayor cuanto mayor es la distancia entre nosotros.
Por tanto retomar el diálogo y establecer puentes que salven el río, más bien océano, que nos separa es tarea prioritaria si todavía queda un miligramo de esperanza para continuar volando en la misma aeronave.
Aeronave que abandonamos porque: se ha agotado el combustible afectivo que la alimentaba; hemos confiado demasiado tiempo en el piloto automático y ya no manejamos los mandos; entramos en zona de turbulencias emocionales; hay fallos en el motor de nuestros corazones; alguien desde la torre de control intenta interferir nuestra comunicación con mensajes cifrados contradictorios; no encontramos aeropuerto con pista libre para aterrizar nuestras pasiones; el destino inicial previsto ya no nos atrae y nos hemos lanzado en paracaídas al vacío, que está “lleno” ahí abajo esperando nuestra caída.
Sentimos el aumento de la velocidad de caída atraídos por la Tierra, que nos aguarda con los campos abiertos y los mares cerrados para estrellarnos; si en ese momento optamos por tirar de la anilla que abre el paracaídas notamos que en vez de caer subimos, sensación que nos engaña ya que ralentizamos la caída gracias a la tela que se despliega por encima de nuestras cabezas y nos permite descender tranquilamente disfrutando de las vistas y del viento que acaricia nuestro cuerpo y sosiega nuestras almas.
Hemos conseguido aterrizar con suavidad y sin incidencias destacables, pero seguimos sin ver a nuestra compañera o compañero de viaje a pesar de estar a nuestro lado. Marcamos su número telefónico con la esperanza de que atienda nuestra última llamada y sin importarnos haber sido nosotros los que damos el paso e intentamos restablecer la comunicación, no es un síntoma de debilidad más bien de fortaleza de espíritu, y, milagros de la técnica, escuchamos su malhumorada voz, al principio algo distante pero que se acerca poco a poco a nuestro oído para susurrarnos, de nuevo, gratas melodías casi olvidadas. ¿Tienes alguna llamada pendiente?

Lo que esconden las palabras.
Las palabras que empleamos para contar nuestras historias, que pretendemos sean también las tuyas y seguramente lo son, pues en el fondo todas las personas sentimos y vivimos las mismas realidades y los mismos sueños a lo largo de nuestras vidas (lástima de quien no tenga esa oportunidad), son palabras huérfanas que necesitan hermanarse con otras para conseguir el objetivo de transmitir un pensamiento, un deseo, una ilusión y producir en nuestra columna vertebral un latigazo, una descarga eléctrica, un escalofrío que agite nuestros sentidos, nuestras convicciones y nuestras emociones.
Palabras que por sí solas dicen mucho como: amor, comprensión, dolor, duda, soledad, alegría, etc. si se juntan con otras: yo, tú, nosotros, que hacen de sujetos; las situamos en un contexto: ayer, mar, cruce, noche, y les damos movimiento: sentir, viajamos, buscar... logran el propósito de expresar y transmitir profundos sentimientos. Sentimientos que en algunas ocasiones aparecen nítidamente en lo escrito pero que en otros relatos pueden estar ocultos o encriptados, siendo necesario conocer el código o la clave para descifrarlos, sentirlos y vivirlos.
En nuestro caso, si nos conoces porque nos has leído, creemos que incluso en los versos más retorcidos lograrás encontrar el secreto que esconden nuestras palabras, que son tus palabras pues a ti van dirigidas:
"Viajamos a ninguna parte, en el cruce del tiempo y la nada, en busca del sueño imposible que escapó en Luna nueva, de nuestros insomnios dormidos, para encontrar la luminosa felicidad que paralizados le negamos".

Por qué escribimos.
No escribimos para contar la realidad, nuestra realidad ni la realidad ajena; la realidad no nos interesa precisamente porque, como es real, la vivimos, la sufrimos, la gozamos y no necesitamos contarla, nos basta con vivirla y reflejarla en nuestras caras día a día.
No escribimos para narrar el tiempo perdido, que a veces lo perdimos y en ocasiones lo ganamos y es una inversión que nos acompaña todavía. El tiempo lo encontramos, y tropezamos con él a cada momento, mientras buscamos la solución al jeroglífico de nuestras vidas.
No escribimos por distimia, porque suframos el desasosiego en nuestras almas, como Bernardo Soares, y la nostalgia humedezca nuestro pecho y provoque una lluvia interior permanente.
Tampoco escribimos por necesidad fisiológica como si fuera imprescindible como respirar o bailar la melodía que suena a cada momento y acompaña nuestro ritmo.
Escribimos para recordar lo que fuimos en el pasado, como historia de unas vidas que fueron y nos condujeron a lo que son ahora, en este momento que escribimos. Escribimos para dejar constancia de lo que sentimos y cómo lo sentimos, de nuestra capacidad para vibrar con el sonido que emiten las personas que nos acompañan y sienten a nuestro lado. Escribimos para contarte lo que no nos atrevemos a decirte cara a cara, por miedo a ver la cara que pones cuando te lo decimos. Escribimos porque, si nos equivocamos, podemos borrar lo escrito o sustituir unas palabras por otras más acertadas o menos comprometidas, pues cuando hablamos no hay marcha atrás y las palabras que salen de nuestra garganta las perdemos para siempre y nos hacen deudores de lo que dicen. Escribimos para anticipar nuestros sueños y darles la oportunidad de nacer cualquier día a nuestro lado y hacernos felices. Escribimos para amar con palabras gratas y sentidas que entran por tu vista e intentan llegar a tu corazón y conmoverte.
Y tú, ¿por qué nos lees?

Puedo pedir perdón.
Puedo perdonar una mala palabra
Pero no la expresión de tus ojos
Cuando la dices a mis ojos,
Ahora estoy tranquila y en paz
Y, sobre todo,
Reconciliada conmigo.

Tal vez los ojos reflejen
El estado del alma,
Y en ese momento
Mi alma estaba aturdida,
Ahora es ella la que pide perdón
A la chica que sostiene la botella,
De la que está enamorada,
Y espera encontrarla algún día.

Navegación paralela.
Tú eres protagonista de tu vida, no pretendas serlo también de la nuestra. El mundo gira inexorablemente en torno a ti, tú eres el centro del universo, de tu universo estelar y maravilloso. Intentas que nos transformemos en satélites y giremos a tu alrededor siguiendo tu órbita; pero nosotros también tenemos vida propia, pensamos de forma autónoma, sentimos en nuestra piel el ruido, la temperatura y la luz que nos rodea, deseamos alcanzar las pequeñas metas que nos fijamos a cada momento; por eso vamos a nuestro ritmo intentando navegar paralelos a tu estela y evitar el choque contigo.
En ocasiones irrumpes en nuestro espacio, o tal vez nosotros cortamos tu paso y tu ritmo, y el impacto es inevitable; saltan chispas por el roce de la velocidad de crucero que llevamos y salimos despedidos en direcciones divergentes, desviando el rumbo de nuestra navegación y de nuestros destinos.
Pasado un tiempo nuestras naves, recompuestas, vuelven a encontrarse unos “segundos luz” más adelante gracias al magnetismo incomprensible que las atrae y continuamos, avanzando a la misma velocidad, intercambiando mensajes cifrados y buenos deseos de fantásticos descubrimientos. Nos asomamos a la escotilla y admiramos el azul oscuro de la estratosfera y los destellos de las estrellas que celebran nuestro avance, otra vez juntos hacia el infinito, en nuestras naves que se desplazan por líneas paralelas y nos mantienen unidos y separados a un tiempo, mientras surcamos nuestra elíptica órbita alrededor del amor compartido, tan frágil como resistente.

Sólo nos queda el silencio.
Cuando cesa la comunicación de toda índole: verbal, gestual, sentimental, sexual, y cortamos la línea roja inalámbrica que nos mantenía conectados para transmitirnos los sueños, las esencias, los quejidos, las inquietudes y las maravillas que nos impactan y nos preocupan, sólo nos queda el silencio, sin más.
Enmudecemos porque ya no tenemos nada más que decirnos, nada que compartir, nada que discutir, nada que vivir juntos, ahora y mañana, nunca.
El agradable y tranquilo sonido del silencio nos permite prestar atención al ritmo de nuestros corazones, que ya laten por separado, dispuestos a sincronizarse con otros que marquen el ritmo de otra vida futura y comunicada.
Busquemos aquellos gratos recuerdos, que siempre hubo, como telón de fondo a esta bonita historia de amor con final menos feliz.
¿Nos queda alguna llamada pendiente? Tal vez.

Sin sentido, sin misterio.
Sin sentido, sin misterio,
Recorro el pasillo circular
Que conduce, de nuevo,
Al destino que me aguarda,
Como siempre, a tu lado.
Para iniciar, de nuevo,
El regreso a un pasado
Conocido y deseado,
Sin sentido, sin misterio.

La superación.
Asume los hechos y avanza, la vida te regalará nuevos obstáculos que superar.
Vive como si cada momento fuera insuperable.
Supérate a ti mismo, pero nunca intentes superar a los demás.
Solo tú eres capaz de superar lo insuperable.
Adopta la superación como forma de vida.
Vive para que seas tú el que supere las situaciones y no las situaciones las que te superen a ti.
Confía en ti mismo, sé que lo superarás.

Ana Simarro, de “ASC Publicidad”, para “El Chema y él”.

La huella de tu presencia.
Cuando regresas, siempre,
A tu primigenia vida,
Que no es mi vida,
Permanece, siempre,
En mi desamparado ambiente,
Que si es tu ambiente,
La huella de tu presencia
En el perfume de tu ausencia
Y en el sonido del silencio
Que, complacida, impregnas.

Amor mutante.
Conocemos el amor porque lo sentimos o lo hemos sentido en alguna ocasión, en nuestro sistema nervioso y en nuestra piel, y sus consecuencias nos han trastornado grata o ingratamente si ha sido o no correspondido.
En algunos momentos, tal vez bastante frecuentes, nos enamoramos de personas de las que ni siquiera conocemos sus nombres, pero sentimos una gran atracción mágica hacia ellas y, si no fuera por el miedo al ridículo o a romper con el presente que nos atenaza, les manifestaríamos nuestro deseo de compartir con ellas nuestros sentimientos.
Podemos enamorarnos de seres que vemos en la calle o en los medios de comunicación y nos transmiten una chispa de ilusión que nos conmueve.
Estamos preparados y dispuestos para el amor pero nos falta entrenamiento y mentalización para cuando se marcha o se transforma en desamor
El amor, cuando se vive en pareja, tiene, como la Bolsa, ciclos con tendencia alcista (raramente y sobre todo al principio) y, por desgracia, tendencias a la baja continuada porque dejamos de invertir y creer en esa empresa y miramos a otras que, suponemos, nos reportarán más beneficios en forma de dividendos emocionales y de liquidez personal; el desgaste de la convivencia casi siempre juega en contra nuestra; tal vez el amor a larga distancia o en la clandestinidad solucionaría este problema pero generaría otros.
En ocasiones continuamos, durante largo tiempo, enamorados de aquella persona maravillosa que nos sedujo o sedujimos en el pasado, pero sentimos en el presente que la ilusión ya se agotó y dudamos que en el futuro el amor vuelva a encandilarnos a su lado.
Con el paso del tiempo el amor puede evolucionar a desamor y, en ese momento, cambia la obra de teatro y el alma de los personajes, pero no cambian los actores que tienen que seguir representando una obra que ya no es la suya.
Cuando llega el desamor quedan varias opciones: esperar a que amaine el temporal y retornen las condiciones estables de presión y temperatura para que el amor vuelva a brillar en el cielo; continuar de por vida anclados es ese puerto con rumbo a ninguna parte; soltar lastre y amarras, izar velas, levantar anclas y partir rumbo a lo desconocido con la esperanza de encontrar una nueva isla en el océano donde establecer un nuevo campamento. La situación personal, familiar, social y económica, sin duda, dificulta la toma de cualquiera de las decisiones.
Como un ciclo que no tiene fin, regresará de nuevo el amor a nuestros corazones para olvidar tiempos pasados y continuar con la rueda que hace girar el mundo : amor/desamor/amor.
Nosotros, como personajes literarios, hemos sido diseñados para el amor y moriremos amando y enamorados, no lo dudes. ¿Nos acompañas?

En la bodega de mi alma.
Bebamos y vivamos con fruición, mesura y sin desperdicio.
En la bodega de mi alma conservo con delicadeza y a temperatura controlada, para que permanezcan siempre en óptimas condiciones, los mejores caldos de mi vida.
Bajo la superficie de mi piel, en la profundidad de mi cuerpo maduro y opaco, alejadas del ruido externo de la vida y protegidas de cualquier luz indiscreta que pueda deteriorarlas, reposan elegantes botellas de vidrio verde, en variadas tonalidades, que contienen los vinos más fantásticos que he cosechado a lo largo de mi tiempo de vendimia.
Tintos, potentes, procedentes de los Llanos de la Mancha, aromáticos, profundos y con esencia de roble francés; rosados, como flores rosa caramelo en primavera, frutales, frescos y jóvenes con influencia mediterránea y recuerdos canarios; blancos, amarillo pajizo de vendimia tardía con la suave acidez de Galicia y delicado perfume de mar azul cielo.
También alojo, en estantes dorados e iluminadas con velas, botellas vacías que todavía emanan el aroma embriagador de los néctares fermentados que las llenaron, y que fueron degustados y saboreados lentamente hasta la extenuación; dan testimonio de un pasado inolvidable y hablan en sus etiquetas de vidas que marcharon pero que permanecen adheridas para siempre en mi recuerdo.
Una botella azul brillante de vino misterioso, por sorpresa y sin remite, llega a la puerta de mi bodega para adentrarse en la oscuridad de mis sueños etílicos y envolverme, con su magia y sus hechizantes taninos, en un viaje apasionante por sabores nunca antes probados. Sensaciones que están a la altura enológica de sus compañeras que reposan tranquilas a la espera de ser despertadas, descorchadas y bebidas, para calmar mi sed de vida.

Bajo la fina lluvia de febrero.
Camino bajo la fina lluvia de febrero, con paso lento y reposado, saboreando el momento de tranquilidad que ofrece el final de la tarde. Destino ninguno, tal vez intentando aislarme dentro de las sensaciones que ofrece esta tarde pasada por agua y escapando de los pensamientos cotidianos de la rutina diaria; volcando mi atención en la piel que recibe las suaves caricias de las gotas de lluvia que humectan mi espíritu y ablandan mi mente. Cruzan a mi paso mujeres y hombres que todavía marchan a paso ligero intentando llegar antes, o no mucho más tarde de la hora prevista, a sus ocupaciones del final del día. El ruido del tráfico no logra acallar el sonido del viento que llega a mis oídos y me trae el canto de las nubes sobrevolando la ciudad. El aroma fresco del césped y de los pinos, que inhalo profundamente, me transporta a paisajes de campo archivados gratamente en mi memoria. Al fondo de la avenida el reflejo de la luz filtrada del Sol en el horizonte marca el crepúsculo de la tarde que dará paso, una vez más, a una tranquila noche de invierno, bajo la fina lluvia de febrero, a la que me acerco despacio confortado con el ambiente que me envuelve y el brillante recuerdo de tu imagen que me acompaña siempre.

Salida del túnel.
En alguna ocasión viajamos tranquilamente con destino a una playa luminosa del Mediterráneo con la intención, como en la vida, de disfrutar de días tranquilos junto al mar en buena compañía y al calor suave del Sol.
Hemos preparado el viaje con antelación suficiente para que no surja ningún imprevisto, pero cuando estamos en la carretera observamos, de repente, una gran nube gris oscura en el horizonte que se nos viene encima y no hay escapatoria posible. De pronto, como en la vida, la luz se apaga y pasamos del día a la noche en un instante, los truenos y relámpagos nos envuelven como sollozos y gemidos de dolor y nuestros limpiaparabrisas no consiguen evacuar las lágrimas que caen del cielo ahora transformado en infierno interior.
La tragedia, la muerte de un ser querido es una gran tormenta en mitad de nuestro camino que oscurece nuestras vidas y nos conduce a un túnel tenebroso y triste que debemos recorrer, ojalá que en compañía, para encontrar de nuevo la luz y el horizonte que acabamos de extraviar.
Hemos vivido esta experiencia con dolor e impotencia y por ello, cuando alguna persona cercana inicia su calvario interior por el mismo motivo u otro equiparable, nos solidarizamos con ella e intentamos, dentro de nuestras humildes posibilidades, ayudarle a que encuentre de nuevo la luz al final del túnel.
El recorrido interior a través del recuerdo de los momentos vividos con la persona que marchó, físicamente, pues permanecerá para siempre en nuestros corazones, nos hiere profundamente y anula los pensamientos corrientes que nos conducen en el día a día.
El cariño, el apoyo sentimental, la compasión y el propio esfuerzo para salir a flote del naufragio posibilitarán retornar de nuevo a la vida cotidiana fortalecidos por la experiencia vivida, sufrida, dispuestos a continuar el camino que el destino tiene preparado para cada uno de nosotros.
Ahora queremos celebrar el retorno a la “normalidad” de una persona cercana que, con su esfuerzo y el apoyo solidario de su querido entorno, ha vuelto a la vida transformada, como Ave Fénix, en una nueva mujer fuerte e ilusionada. Brindamos por ella y por quienes la queremos y comprendemos.

Palabras que vuelan hacia ti.
Permite a mis templadas palabras,
Que de mi pecho parten,
Recorran el trecho que las distancia
De tu inquieto corazón que aguarda
Esperando siempre su llegada.

Buscan rendijas abiertas
Para adentrarse,
Cuando baje la guardia
Que lo protege,
En el hipocentro de tu dormida alma.

Insuflarán el aroma de la nostalgia
Que llega envuelto en dulces recuerdos
De tiempos marchitos que ahora renacen
Con el calor de mi invierno que portan
Y la fértil sonrisa de tu enamorada mirada

¿Qué puedo contar?
Puedo contar, ahora,
Que sin ti no tiene sentido todo lo que escribo,
Porque si escribo es para ti,
Para que me conozcas cada día un poco más,
Para que comprendas que:
Todo lo que cuento es pensando en ti.
Tú marcas el ritmo y el contenido de mis palabras,
Tú condicionas, con tu lectura activa,
La respuesta a las preguntas y dudas
Que haces sobre mí.
Yo intento aclarar tus dudas,
Responder a tus preguntas
Y provocar otras nuevas.
Pues, cuando todo sobre mí esté esclarecido,
No tendrá sentido que continúes
Interesándote por mí
Y la lectura habrá terminado, para siempre,
Derrotando a la escritura.

Yo escribo y tú lees,
¿Quién se agotará primero?

Amistad: Concepto, dudas y certezas.
“Vendrán nuevas amistades que nos harán vibrar con nuevas emociones”

Que, ¿qué es la amistad? : “Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”.

Está claro, ¿verdad?. Pero, ¿y cuando todavía no se ha compartido? Porque en algunas ocasiones nos llevamos la grata sorpresa, o se la damos a otra persona, de recibir o dar afecto puro y duro, tan duro que llega a emocionarte y a emocionarle; y desinteresado, tan desinteresado como el Sol cuando cada mañana decide amanecer, sin ninguna otra intención, en el cielo de nuestras vidas. Cuando recibes un abrazo que transmite cariño y energía atómica de una persona que has conocido apenas unas horas antes y sientes en tu cuerpo y en tu alma, que despierta asombrada, una descarga de gran intensidad emocional, quedas paralizado y entregado totalmente a esa persona que deja su huella de amistad grabada para siempre en el fondo de tu corazón y de tu memoria; y tal vez no volverás a verla ni a abrazarla pero será amiga de por vida.

En otras ocasiones consideramos amigas a personas que tratamos en el día a día pero con las que no hemos entablado una relación de confianza y comunicación personal profunda, pero estamos dispuestos, sin que ellas lo sepan, a entregarles toda nuestra comprensión, nuestra solidaridad, nuestro apoyo sentimental y material en el momento que más lo necesiten, ¿son amigos en potencia o amigos durmientes?

¿Y la amistad que permanece con nosotros, inalterable y eterna, de amigos y amigas que abandonaron sus cuerpos para continuar a nuestro lado transformados en presencia y en energía inmaterial? Amistad que nos acompaña y nos pellizca en los momentos importantes de la vida; es una amistad en la sombra que ya no tiene marcha atrás, ni cuando vayamos a su encuentro definitivo al otro lado de la realidad.

Existe otra amistad, la amistad que con el tiempo, incluso con poco tiempo, evoluciona y se transforma en amor, no ya en amor universal sino en amor con mayúsculas: AMOR, ¿deja de ser amistad o es amistad enamorada?

Yo he sentido la amistad cuando las palabras de un amigo o de una amiga, que sólo puede ofrecerte palabras, te alivian de la carga y de la angustia en los momentos difíciles; también he vivido la amistad que se manifiesta en la alegría compartida en los instantes de felicidad que nos regala el destino, y aunque la euforia del momento nos impida reconocerla plenamente, es amistad exultante y desinhibida.

También siento la amistad cuando, sin saber tu nombre, presiento que al leer estas líneas eres mi amiga o mi amigo sin conocerme, sin conocerte, amigo, amiga.

Todo cuanto lees me conmueve.
Cuando escribimos, cuando expresamos y cuando abrimos nuestros corazones intentamos transmitir las vivencias que nos tocaron vivir y conformaron lo que fuimos en el pasado desembocando en el presente que ahora somos. Acontecimientos personales con gran carga emocional que marcaron para siempre nuestra piel y nuestra alma con cicatrices que son más visibles y profundas con el paso del tiempo.
Para contar estas pequeñas historias, irrelevantes para la Humanidad, pero importantes para nosotros que las vivimos en primera persona o fuimos testigos directos de situaciones que afectaron a seres queridos e impactaron en nuestras conciencias, empleamos el lenguaje de los sentimientos que lo conforma un rico y variado vocabulario de emociones escritas, casi siempre con mayúsculas, y un número ilimitado de expresiones unas veces alegres y resplandecientes y otras, por desgracia la mayoría, tristes y angustiadas.
Cuando cargamos las estilográficas con la tinta roja que circula por nuestras venas y ponemos rojo sobre blanco lo que sentimos, queda marcado el papel para siempre con la historia y el presente de nuestras vidas, y ni las lágrimas salinas, amargas, dulces o ácidas, que en alguna ocasión resbalan y caen en nuestros escritos, son capaces de disolver la angustia o la dicha que en castellano glosamos.
Por tanto, si lo que escribimos, lo que expresamos y lo que intentamos transmitir te conmueve, debes saber, amiga y amigo lector, que antes y ahora también nos conmueve; y nos reconforta saber que te emocionas, que lloras y que ríes con nosotros, porque la tragedia y la comedia son las dos caras de la moneda que es la vida, moneda con la que pagamos caro el hecho de haber nacido.
Y como la Poesía es la forma más sutil y contundente de esparcir fuera de nosotros el alma que nos quema optamos, casi siempre, como ha decidido Caballero Bonald, por abandonarnos en sus brazos para que sea ella la que hable de nosotros; y cuando se trata de relatar algún acontecimiento, aparentemente insustancial, surge siempre la visión poética que lo transforma, como ahora, en acontecimiento que trasciende lo puramente formal para elevarlo a la altura de nuestras ilusiones, siempre por encima de la realidad pero por debajo de nuestros sueños que esperamos sean los tuyos.

Ya no necesito soñar para estar contigo.
"Nostálgicos delirios de un alma inquieta"
Ya no necesito soñar para estar contigo, por fin estás aquí, a mi lado, para siempre.
Llegas envuelta en tu mejor vestido y engalanada con elegantes y escogidas joyas que lucen como nunca en tus blancas manos, en tu estilizado cuello y en tu magnífico semblante, maquillado para la ocasión.
El aroma del perfume que te regalé, cuando planeamos dar el paso definitivo en nuestra relación, y el de las flores que te acompañan, llega a mis pulmones y despiertan en mí la pasión tanto tiempo reprimida. Luces magnífica y así te retratan los fotógrafos que cubren el evento, mañana serás portada, seremos noticia en la primera plana de la prensa local.
He esperando tanto tiempo este momento, hemos contenido nuestro amor imposible, buscando siempre un futuro que nunca llegaba, hasta hoy que somos libres, por fin, y nada ni nadie podrá separarnos.
Atrás quedaron nuestros sueños de una vida compartida salvando todos los obstáculos personales y sociales que impedían iniciar un rumbo común, cogidos de nuestras cálidas manos y recorriendo abrazados las sensaciones, las emociones, los sentimientos y el deseo tanto tiempo amordazado.
Llevo esperándote, inquieto, en este apartamento que elegimos hace apenas dos meses y que, con tanto cariño y ternura, acondicionamos para descansar, uno al lado del otro, el resto de nuestras vidas confundidos en la tranquilidad de los jardines que nos rodean y el silencio que nos acompaña, tan sólo roto por el alegre trino de los pájaros que anidan en estos esbeltos árboles de sombra alargada.
Nuestros vecinos, tan amables, han organizado para esta noche y en nuestro honor, cuando la comitiva que te acompaña regrese a la ciudad, una fiesta de bienvenida con baile de gala hasta el amanecer, que, por obvios motivos, deberemos finalizar para retirarnos a nuestras confortables moradas.
Gracias por tu valentía, por atreverte a dar el paso definitivo que nos proyecta unidos en un futuro cierto e inmortal, ya no necesitaremos soñar para estar juntos, pues vivimos, desde ahora, en un sueño tan real como la vida que nos envuelve.

Acordándome de ti.
Vuelvo, regreso a ti,
He pasado el tiempo, sin fin,
Acordándome de ti.
Voy soñando, de nuevo,
Una nueva historia triste,
Pero con final feliz.

Vuelvo, regreso a mí,
No he pasado el tiempo
Sin acordarme de ti.
Voy despertando, de nuevo,
De una vieja historia feliz,
Pero con final triste, sin ti y sin mí.


Luz del mar.
Luz azul brillante, tus ojos
Mar azul cielo, tus sueños
Mágico dorado, tu cabello
Rosa flor, tus labios de caramelo
Nieve blanca cálida, tu suave piel
Sonrisa pícara, dulce como la miel
Voz firme y delicada que enternece
Porte seguro y ligero, me estremece.

Parque de Santa Margarita.
La Coruña


Nostálgico regreso al recuerdo en la ciudad de La Coruña.
Regreso, una vez más, como espero hacerlo en mi último viaje de despedida convertido en ceniza gris tormenta, a mi ciudad-península: La Coruña.
Desde la lejanía, entrando por la carretera que llega de Castilla observaba y sentía ya la nube gris, húmeda y uniforme, que nos envuelve en los días tristes de fina lluvia y densa bruma; en esos días que, mirando al horizonte, no distingues el cielo del mar y sólo observas una cortina cenicienta donde el cielo se intuye por el vuelo y el canto de las gaviotas que, anunciadoras de tu destino, cruzan de Orzán a los Cantones envolviendo a la ciudad con su característico sonido acompasado.
Ciudad de Cristal porque, en los días o momentos en que el Atlántico lo permite, el sol brilla con un halo mágico y transparente y nos devuelve la ilusión y la esperanza en un presente inmediato, cálido y luminoso.
Ciudad donde nadie es forastero. Ciudad portuaria que acoge a toda las almas sin preguntarles su origen, su condición, ni su destino.
Sabes que yo no nací aquí por primera vez (nacemos en cada momento en el que nos sentimos vivos de felicidad o muertos de tristeza, el resto del tiempo transitamos de un lugar común a otro), venía de La Mancha, otro océano de tierra parda sin horizontes limitados; pero volví a nacer en tus empedradas calles y en tus frías playas; porque sufrimos un nacimiento físico en el lugar donde tu madre decide, aliada con la naturaleza, acompañarte en el desembarco a este mundo en principio hostil; pero también nacemos cuando somos conscientes de nuestra existencia, y en ese momento el destino elige la ciudad idónea con nuestro carácter y nuestros sentimientos.
Aquí llegaba por primera vez con la nostalgia de mis seres queridos, por la pérdida de Javier, que trágicamente partió en busca de: “un cielo nuevo y una tierra nueva porque la primera tierra y el primer cielo desaparecieron” para él y se nublaron para nosotros; y la incertidumbre del territorio comanche que representaba el ejército de la España postfranquista de 1980.
Mi cuerpo y mi alma, acostumbrados al aislamiento interior, (de niño, cuando la enfermedad prefirió dejarme vivir, vagaba por los pasillos de casa con la cartera repleta de trastos personales indiferente a todo lo que me rodeaba, encerrado en mi mundo imaginado; hasta la adolescencia en que la muerte nos dejó escapar de un accidente de tráfico camino de La Marina) iban a superar otra prueba de resistencia psicológica; otros no lo lograron y el suicidio se los llevó por delante, eran baratos para la Madre Patria que tanto los amaba.
En Santo Domingo nos alojaron a pensión completa con salario de mil y poco pesetas, nos cortaron el pelo y las alas de libertad que habían crecido en la Universidad manifestándonos a favor de la democracia, en contra de las injusticias y de otras causas perdidas, era el momento, era la Transición.
El Caudillo nos recordaba en su “Testamento Político”, visible en lugar destacado del cuartel, y después de cinco años de su muerte que alivió a muchos y entristeció al resto, el amor debido a la Patria y a los valores del Nacional-Catolicismo. Al año siguiente, un 23F, Tejero montaría su berlanguiano espectáculo circense en el gran teatro de la política española.
Los atentados de ETA (con algún etarra infiltrado entre nosotros) y de los “Nacionalistas Galegos” le daban un toque de aventura a nuestra labor en las guardias de cetme, litera y calimocho.
Maniobras orquestales en la playa de Covas (simulábamos el ruido de las ametralladoras golpeado las cajas vacías de munición) y en Piedrafita dando apoyo logístico a la Brigada Paracaidista.
La ciudad, sede de la Capitanía General de la VIII Región Militar (luego llegarían las Autonomías), era un gran cuartel con la Policía Militar pisándonos los talones, dispuesta a amargarnos los momentos de desintoxicación cuartelera. El trabajo creativo y conciliador de su insigne alcalde D. Francisco Vázquez se manifestaba día a día y anticipaba la transformación en una gran ciudad, moderna, cultural y de la moda.
Trabajo en tareas administrativas, juzgado y reclutamiento, en la Maestranza de Artillería (hoy sede del Rectorado de la Universidad), con vistas al mar y al dique que separaba nuestro arresto militar del vuelo de las gaviotas, que todas las mañanas acudían alegres a recibir los chuscos del desayuno que, condescendientes, les arrojábamos. Tan sólo el almuerzo de mediodía pasaba con nota alta los cánones gastronómicos elementales.
Pronto surgió, como en la cárcel, el grupo afín que te apoya en momentos delicados para defenderte de otros lobos humanos dispuestos a sobrevivir a costa de cualquier cordero despistado.
La Literatura sirvió de nexo de unión de jóvenes inquietos: Facundo, Bernabé, Nacho, Manrique y algún otro que no recuerdo, que buscaban en los libros la libertad que la disciplina militar nos robaba: Hesse, Kafka, Nietzsche, Mann, Camus, Sartre, nos ayudaban a soñar en las noches de guardia y en las tardes perdidas en escondites secretos. La tertulia, el ejercicio físico para mantener el tono muscular y los poemas, que salían de nuestras almas inquietas y compartíamos en el grupo, nos permitían mantener una cierta dignidad, protegidos y amparados por el sexagenario comandante Casal que anteponía la cultura y la charla inteligente, envuelto en humo holandés de su pipa, a la ortodoxia militar. La Voz de Galicia nos mantenía informados y nos transmitía el alma y la cultura gallega, que quedó grabada con sangre indeleble en nuestros cerebelos.
En cuantas ocasiones recorrimos juntos la Calle de los Vinos; nos despojábamos de la indumentaria verde en el Brisas (magistral el bocadillo de tortilla de patatas con pimientos), y de civiles camuflados iniciábamos el itinerario perfecto: En la Bombilla con el pincho de tortilla, las cerillas del Cerillas, la choupa en A Roda, los tigres en cualquier sitio, con tazas de Ribeiro y la Estrella de Galicia; rematábamos la tarde con vino dulce del Priorato en la Bodega y "carajillo quemao" en La Barra, junto al Teatro Rosalía de Castro. Otras drogas de mayor calibre: Porros, anfetas, tripis y caballo circulaban por las taquillas y por las venas cuando Galicia era la puerta de entrada a Europa y a la Muerte; regresábamos al cuartel atravesando el Barrio Chino en perfectas condiciones de revista.
Ciudad romántica con rincones emblemáticos: El castillo de San Antón, la Dársena de La Marina, La Torre de Hércules, la Plaza de María Pita, la tumba de Sir Jhon Moore, en el jardín de San Carlos, iglesias y conventos, palacios, Riazor, Orzán, el puerto… siempre con el mar al alcance de mis ojos y la brisa calándome el corazón recordando a la "dulce musa" que inspiraba mis sueños de amor en días y noches de gris desilusión.
Sabes que regreso siempre a ti buscando la calma que reconforte mi espíritu y despeje mi mente bajo la lluvia fina que me regalas, mientras deambulo por tus calles mágicas, atrapado en el recuerdo y encerrado en mi presente.
Marcho, pero prometo volver, para siempre.

El vuelo soñado de mi alma.
“Que tu alma siga volando lejos y regrese siempre”
Autora en anonimato.

Anoche soñé que me encontraba en los pasillos de la terminal de un aeropuerto indeterminado; de pronto he sentido el sonido agudo de los motores de un reactor a todo gas; girando mi cabeza a la derecha observo el despegue de un avión que se alza veloz sobre la pista; al fondo y próximo al final de ésta se yergue, imponente, un cerro de bosque mediterráneo dificultando la maniobra, el reactor vira rápidamente a la izquierda y toma altura salvando el primer obstáculo.
Al instante, anunciado por la versión sonora del efecto Doppler, regresa y en un nuevo movimiento arriesgado, sobrevuela de nuevo las pistas y efectúa un giro brusco, imposible, casi mágico, cambiando de rumbo; lo increíble de la maniobra y el miedo a sus consecuencias altera mi sueño y me trae, de nuevo, al estado de vigilia.
Aplicando la manida “Teoría de la Interpretación de los Sueños” de Freud para intentar descifrar el significado de este “vuelo soñado”, concluiría que: El avión representa mi alma que, acompañada por mis deseos irrealizables, aprovechando la oscuridad de la noche, mi estado onírico y empleando maniobras escapatorias arriesgadas huye, abandona rápidamente el cuerpo que la oprime y la retiene; yo la observo indeciso, perplejo y conmovido sintiéndola partir en el vacío que deja dentro mi inanimado ser.
Ha sido un primer vuelo, una toma de contacto con el espacio que le rodea, probando motores, midiendo las distancias, los tiempos y las condiciones climáticas alrededor de la torre de control que no pudo ni supo abortar a tiempo este primer vuelo experimental de mi alma, dispuesta a explorar otros mundos y vivir nuevas sensaciones en la atmósfera de mi cielo gris que se torna azul limpio en noches de sueño profundo.

Sueño de amistad.
La amistad permanece dormida en un tranquilo sueño del que no puede despertar, pues vive envuelta en gratos recuerdos que cobran vida real en otros rostros y en nuevos mundos todavía sin explorar.
La vida me incita a soñar, a veces para olvidar, otras para recordar y casi siempre para volverla a crear. La vida avanza, continúa su camino ondulado subiendo y bajando por nuestros sentimientos, ofreciéndonos vistas impresionantes de horizontes ilimitados en la alegre altura y reflejos grises de nuestro pesar en el fondo de nuestra tristeza.
La amistad y la vida se cruzan en algún momento imprescindible de nuestros destinos y continuarán viajando por el universo de las emociones para volver a encontrarse e impactar en medio del desierto azul de nuestros mares, de nuestras ilusiones y de nuestros sueños.
¿Regresa la amistad?, estoy atento y preparado, he dejado de soñar esperando su retorno.
Nota: sugerimos la sustitución de "amistad" por "amor" a criterio de las lectoras.

La doble contabilidad.
“Bernardo Soares, auxiliar contable de una pequeña firma comercial, bien puede pasar de regreso del trabajo, camino de su cuarto alquilado, cada tarde, en medio de un claroscuro morado. Allí en el tedio de una habitación gris, este hombre ni viejo ni joven, con la edad que tienen las almas, piensa, divaga, monologa y asiste en silencio al espectáculo de sí mismo”.
Ángel Crespo (Traductor).

Como mi colega Bernardo Soares, de la calle de los Doradores, en la Baixa lisboeta, yo me confundo en dos contabilidades: Una, la de la Compañía Solidaria; otra, la de mi vida solitaria. La primera con números y cifras frías, algo complicadas; la segunda con palabras a veces tristes y desesperadas, otras alegres y esperanzadas.
En la húmeda y gris oscuridad de los asientos, de los balances y de las cuentas de resultados surgen ideas luminosas y sentimientos contrapuestos para ser anotados y expresados en otro cuaderno de viaje interior, personal e íntimo.
Doy cuenta de “las cuentas” a directivos y auditores externos; doy cuenta de mí mismo a otras almas confiando en que la acojan con cierto interés literario y mucho cariño y comprensión, siempre de mi agrado.
La contabilidad registra movimientos, transacciones y cambios de valor en el patrimonio, que una vez analizados, ayudan a tomar decisiones, arrojando luz para continuar con éxito en el rumbo de la empresa. Mi contabilidad personal apunta sensaciones, inquietudes, incertidumbres, sentimientos y emociones que reflejan mi estado de ánimo en cada momento de mi vida, y de mis sueños, manifestando grandes sombras umbrías y algún luminoso destello que, a modo de auditoría interna, marcan el camino recorrido y anticipan mi incierto destino.
El Chema y él. Castillo de San Antón (La Coruña).

“Todos tienen, como yo, un corazón exaltado y triste, los conozco bien (…) pero todos, pobrecillos, son poetas, y arrastran, a mis ojos, como yo a sus ojos, la igual miseria de nuestra común incongruencia. Tienen todos, como yo, el futuro en el pasado.”
Bernando Soares.

Cuento “Luz del mar”.
En noches de Luna llena, con la mar en calma, zarpa de Isla Dormida con rumbo Altea, en la Marina Baixa, un velero de casco blanco y velas refulgentes: “Luz del Mar”.
Singladura paralela a la Sierra Helada siguiendo la estela que la Luna dibuja plata brillante en la mar azul oscuro. Pilotando el barco y al mando del timón: Margot la Fée; la tripulación: Nereidas dulces y experimentadas. Lanzan redes doradas de malla fina al agua salada, dispuestas a pescar sueños rotos, sin final, que fueron a parar al mar en noches de tormenta interior de soñadores enamorados. Tras la suave travesía suben y recogen redes que gotean sentimientos y atracan en el puerto de destino. Tarea de seleccionar y unir restos de sueños inconclusos de almas soñadoras, que encajen con final feliz, para ser devueltos a sus dueños en gaviotas blancas silenciosas que volarán a su encuentro en otras noches de Luna llena.

El cerrojo de la memoria.
“El texto como pretexto”
La memoria, nuestra memoria, alberga información útil y necesaria para el devenir diario. Información que se ha ido grabando y acumulando a lo largo del tiempo bien por nuestra propia experiencia: sólo necesitamos quemarnos una vez en la llama del fuego para aprender de sus consecuencias (el fuego del amor nos quema en múltiples ocasiones, por tanto queda al margen de esta explicación), bien por lo que nos han contado y todavía no hemos podido experimentar: la "Dinámica de la Irrelevancia", por ejemplo, que expondremos en otro momento.
En otros casos archivamos información relativa a personas que cruzaron o siguen en nuestras vidas y que dejaron, gracias a su comportamiento, una huella gris hiriente en nuestro recuerdo. En estos casos sería conveniente, transcurrido cierto tiempo, abrir el cerrojo de nuestra memoria para, entrando con sutil cuidado de no dañar otros archivos, darles y darnos otra oportunidad confiando en que, tratándose de seres vivos en constante evolución, nos miren con otros ojos y nos traten con el respeto y cariño del que fuimos huérfanos en otro tiempo.
Seamos pues flexibles como el agua, que se adapta a todas las formas y volúmenes, y desplacemos el eje del cerrojo para dar luz a nuestra memoria.

Secreto desvelo.
Mi secreto se esconde en la oscuridad del día, tras las sombras de su mirada. Mirada que ilumina la mía, que oscura la aguarda, y resplandece en mi alma con intensidad desbordada.
Mi secreto se desvela a la luz de la noche, con el reflejo de la Luna que baña su rostro. Rostro que absorbe el mío, transfigurado por magia blanca de su pureza inmaculada.

La Compensación intangible.
Dícese de aquellas medidas, adoptadas por la empresa en beneficio de los trabajadores, que retornan productivamente a ésta.

Tu atenta mirada
Cuando me miras.
Tu limpia sonrisa
Sonriente me llama.
Tu cálida voz que habla
Y absorto me canta.
Tu ánimo dulce suaviza
Mi amarga nostalgia.
Tu mano cálida y firme
Estrecha la mía que tiembla.
Tu abrazo fraterno
Reconforta y consuela.

Compensa, sutil tristeza,
Y retorna a ti con fuerza,
Intangible de medir
Imposible no sentir.

Pensatiempos.
No puedo cambiar mi pasado,
No es posible retroceder en el tiempo
Intentando llegar a ti y haberte conocido,
Cruzarme contigo en la vida
E iniciar proyectos juntos
Con finales inciertos.

Yo ya era cuando tú no existías
Aunque siempre estuve contigo
Porque el sentimiento vivía,
Envuelto en otras caras,
Y en otras vidas.

No puedo volver y detener mi tiempo
Esperando tu llegada, impaciente,
Pero queda el consuelo de verte,
Escucharte y admirarte,
De sentir tu magia que me encanta
Y compartir el espacio y el tiempo
Que nos junta y nos distancia.

Tampoco puedo cambiar el futuro
Que nunca llega ni llegará,
Pero se anticipa y se manifiesta,
En sueños de luz y tormenta,
De melodías que estallan en
Lluvia fina de alegría y de vida.

No puedo cambiar el pasado,
No puedo anticipar el futuro,
Sólo puedo naufragar contigo.

Lo que decimos.
Lo que decimos, a veces, no es lo que pensamos, lo que sentimos ni tampoco lo que realmente queremos decir; la prudencia, el temor, el miedo al ridículo, la vergüenza, la timidez y otros motivos nos lastran e impiden expresarnos con total libertad.
En la ficción, casi siempre, mostramos la verdad de nosotros mismos.
Digamos pues lo que realmente queremos decir, rompamos las cadenas de nuestros temores.
Libertad de expresión para expresarnos libremente.

Nota aclaratoria de los autores:
Estimados lectores, no era objetivo nuestro figurar en una entrada principal de este “sitio”; hasta ahora aparecíamos discretamente en una pequeña: “Nota de los autores”, al margen derecho del “Blog”; pero es nuestra obligación comentar y esclarecer las falsas y lamentables acusaciones vertidas por nuestro personaje “El Chema y él” en la última entrada: “Obsolescencia programada” que incomprensiblemente ha sido publicada, no sabemos por quién y con qué intereses espurios aunque sospechamos de organizaciones que trabajan en el área de influencia de “wikiLeaks”, acusándonos de haberle programado con “fecha de caducidad” y ocasionarle trastornos de orden psíquico con el fin de eliminarlo.
Nuestra intención, cuando pusimos en marcha este proyecto literario, fotográfico y musical (inspirado en el “Libro del Desasosiego” de Fernando Pessoa) por medio de un “Blog”, no era otra que transmitir a los “navegantes” nuestras inquietudes, nuestras emociones y nuestro estado de “incertidumbre” permanente por medio de un personaje ficticio que nos enmascarara pero con el que nos sintiéramos plenamente identificados.
Después de año y medio de singladura y alcanzar la cifra de 4000 visitas, que es modesta comparada con otras páginas de mayor éxito, pero reconfortante para nosotros pues pensábamos, al concebir el proyecto, que acabaría siendo un lugar marginal en el gran universo de “internet”; estamos satisfechos con los resultados y en ningún momento nos hemos planteado liquidar a nuestro querido y ahora enfermo personaje “El Chema y él” con el que todavía, a pesar de que parece que ha tomado vida propia o está siendo manipulado por “piratas informáticos malintencionados” nos sentimos identificados.
Hemos decidido llevar a cabo las siguientes acciones para intentar solventar esta desgraciada eventualidad:

1º Nuestra letrada Rosa Castillo, experta en Legislación Virtual, asesorada por la psicóloga Pilar Flores, ha presentado una querella en el Tribunal Superior de Justicia Virtual contra las posibles personas y organizaciones que estén detrás de la manipulación de “El Chema y él”.

2º Atendiendo a las recomendaciones de la Dra. L.M. Genève, que goza de la confianza plena de nuestro personaje (le ha diagnosticado un “Síndrome de depresión no condicionada”, pues se siente desgraciado sin causa aparente), hemos solicitado su baja laboral y ha iniciado un tratamiento psicológico bajo la supervisión de ella misma y el seguimiento profesional de la educadora social Ángela Iniesta.

3º Hemos enviado, por medio de “email encriptado”, a “El Chema y él” con destino al diario “La Voz de Galicia”, radicado en La Coruña, para que le acoja y proteja en su equipo de redacción amparándole con el ambiente mágico de la cultura gallega de la que procede. Nos consta que está disfrutando de tranquilos paseos orillamar de las playas de Riazor y Orzán; recuperándose físicamente con la rica gastronomía gallega y sus exquisitos vinos; recargando su melancólica alma envuelto en la brisa, la bruma, la lluvia y la “saudade” del Atlántico, bajo el vuelo y el canto de gaviotas que le acompañan.

4º Como no debemos dejar aparcado temporalmente este experimento literario a la espera de la recuperación de nuestro personaje principal “El Chema y él”, hemos decidido crear dos personajes secundarios: “El Chema y yo” y “El Chema y tú”, para cubrir, tarea nada fácil, la ausencia, esperemos que corta, de nuestro querido protagonista.

Por tanto seguiremos publicando con el mismo ánimo e ilusión que hasta ahora y confiamos en la bondad y condescendencia de nuestras queridas y queridos lectores para que sigan visitándonos con la misma asiduidad. Tengan la certeza de que serán bienvenidos y obsequiados con futuras creaciones que deseamos, como siempre, sean de su agrado e interés.

María Pardo
José Simarro
Michelle Cheminsky

Obsolescencia programada.
Presiento que he sido obsolescentemente programado para que ciertas funciones físicas y sobre todo anímicas y emocionales de mi ser dejen de funcionar adecuadamente afectando a mi relación con el entorno.
Observo cambios en mi aspecto físico y psíquico que coinciden con la descripción que la afamada Dra. L.M. Genève describe en su interesante estudio: “Aspectos Psicológicos de la Obsolescencia Programada en la Literatura Virtual” publicado en el último número de la prestigiosa revista Science.
Parece ser que, según relata, últimamente ha aumentado el número de personajes literarios que acuden a consulta psicológica, psiquiátrica y filosófica demandando ayuda que de respuesta a síntomas tales como: agotamiento intelectual, dispersión de la atención, sobreactuación en entornos sociales, excesos de emotividad injustificada ante hechos acontecidos de poca relevancia y, en el terreno puramente somático, pérdida de peso y alopecia acelerada (en mi caso creo que es debido fundamentalmente a la edad).
La explicación que la Dra. Genève ofrece a sus cultos lectores con relación a este fenómeno de obsolescencia programada, radica en la actitud de los autores literarios que, intentando evitar que sus personajes tomen el control de la vida de ellos, de los literatos, e inviertan los “papeles”, comportándose de acuerdo a los dictados de los personajes creados, determinaron introducir en el perfil del personaje un virus latente en su programación en el momento de ser concebidos, virus que entra en acción a partir de determinado número de visitas a la página Web que los aloja y ocasionando los trastornos ya descritos en aras a la autodestrucción.
Así pues, queridos lectores, os pido comprensión por los posibles desafueros que detectéis en mi comportamiento y os afecte personalmente. Os remito a mis autores para que os den las explicaciones oportunas ya que son ellos los únicos responsables de mi lamentable estado.
Hemos creado una asociación: Unión de Personajes con Síndrome de Obsolescencia Programada (UPSOP) para: encontrar remedio a nuestro estado anímico; desactivar el citado virus; denunciar a nuestros creadores ante la Academia de las Letras Virtuales y convocar una huelga general de personajes literarios virtuales en fecha próxima, a determinar.
Os mantendré informados de la evolución de los acontecimientos narrados y reitero, una vez más, mi agradecimiento por vuestra paciencia y comprensión.
Afectuosamente,

El Chema y él

Una simple idea.
Llega una idea, solitaria y perdida, a instalarse en el centro de operaciones de mi debilitado cerebro. Trae consigo un virus emocional dispuesto a propagarse por las sinapsis neuronales y tomar el control de mis decisiones.
La acepto con ganas, con ilusión y esperanza, porque se trata de una idea nueva, diferente, alucinante.
Es una idea brillante, con luz propia inextinguible y deslumbrante.
Intento encontrar otra que esté a su altura, busco compararla con las más innovadoras y no llega, no surge nada parecido que asombrosamente alcance su altura.
Es una idea final, última, definitiva del pensamiento científico, humanístico y religioso. Imposible pensar que hasta hoy no hubiera aflorado para dar respuesta satisfactoria y contundente al caos social que nos rodea, que nos lastra.
Es una idea perfecta y sencilla para un mundo tarado, complejo, abstracto y complicado donde el tiempo, el espacio y los sentidos están comprimidos bajo una presión insoportable dispuestos a estallar en cualquier momento y expandirse siguiendo la estela del universo que nos alberga.
He aquí la idea:

I Intenta
D detener
E el
A ahora.
(Dedicado a las mentes que meditan en la NTK)

Carta a los Reyes Magos:
Para: reyesmagos@oriente.com
De: El Chema y él.
Asunto: Carta a los Reyes Magos.
Queridos e inexistentes Reyes Magos:
En primer lugar deciros que no salgo de mi estupor por escribiros esta carta sabiendo que no podréis leerla, manifestando así mi arrojo y mi falta de cordura.
No os pido nada porque, a parte de no necesitar nada, nada deseo y nada me apetece.
Si embargo si os ruego que si en algún momento de la Historia se os ocurre ser y existir tengáis en cuenta las necesidades inmateriales de las personas que pueblan estos mundos de Dios, de No Dios y Neutros: amor, comprensión, solidaridad, empatía y compasión, por citar las más necesarias.
Deseo que en vuestro peregrinar en busca del Niño, de la Niña y de los niños y niñas en general disfrutéis de las tradiciones, de las leyendas, de las personas, de los paisajes y de la gastronomía, también, de los países y regiones que atravesaréis.
Permitidme un humilde consejo para orientar vuestro devenir: dada la contaminación lumínica de nuestra atmósfera os será difícil seguir el camino de las estrellas, por tanto preguntad a las sílfides y jamás se os ocurra fiaros del GPS pues miente más que el pobre Judas.
Buen viaje, buen camino y feliz destino.

Amigo invisible de amiga visible.
Amigo invisible soy
De amiga visible eres,
Yo te veo ahora
Tú me ves después
Mas no sabes quién soy
Y yo tampoco lo sé.

Amigo visible
De amiga invisible,
Somos visibles los dos
E invisibles también.

Visible porque te veo, viéndote
Invisible porque no me ves, viéndome,
Amiga invisible ¿Nos vemos?

Tu amigo invisible que mira,
Con ojos invisibles,
A tus ojos visibles
Que buscan lo invisible,
Siempre.

En la frontera del tiempo.
Una exigua y sutil línea,
Un débil y tenue filamento
Que separa y que une
El tiempo viejo pasado
Y el joven tiempo llegado.

Hoy final de etapa, de año
Mañana inicio de año, de ciclo,
Hoy diciembre helado
Mañana enero congelado.

Hoy treinta y uno
Mañana sólo uno,
De treinta y uno.

Certezas pasadas hoy y ayer
Dudas que llegan mañana y pasado
Sueños que brillan ahora
Para brillar después, también.

Viernes que muere dormido
En sábado que nace aturdido.

Ahora 23 59 59 del 31 12 2010
Ahora 24 00 00 en la frontera 2011 2010
Ahora 00 00 01 del 01 01 2011

En un instante imperceptible
En un momento irrepetible,
En la frontera del tiempo,
Acotando nuestras vidas
Que fluyen de principio a fin,
Sin fin y sin principio.

Solsticio de amor y amistad.
De nuevo el amor y la amistad retornan al solsticio de nuestras vidas para tomar impulso renovado y continuar su camino elíptico alrededor de la luz y la esperanza, eternamente.

De repente, súbitamente, sin preparación.
De repente llegan las ideas para dar luz a los sentimientos que súbitamente se instalaron en nuestro parabrisas ofreciéndonos un horizonte tan mágico y real como el camino recorrido que vamos viendo a través del retrovisor izquierdo, pues el derecho marca el límite del abismo que no debemos pisar pero pisamos sin estar lo suficientemente preparados para abandonar la ruta que el GPS vital ha organizado.

De repente todo puede cambiar y cambia en algún momento de nuestras vidas y en ese instante es preferible no estar preparados para que la conmoción sea mayor, agite nuestras convicciones y derrumbe el equilibrio que hemos construido a lo largo de tantos años.

De repente todo cambió: La luz y el color del cielo, el sonido de la atmósfera, el olor del aire, el gusto dulce y amargo de la vida y el tacto que damos y recibimos de las personas que nos rodean. El sentido común desaparece para ofrecernos otras realidades ocultas detrás de la rutina diaria.

De repente también llegará otra vez el orden heredado en nuestros genes, e impuesto por la sociedad, para reconducirnos a la autopista general que nos lleve al destino inicial, pero sabiendo que hay otras vías más difíciles y peligrosas con menos tráfico y más emoción que, sin duda, volveremos a transitar.

Poema dramático inacabado.
Intuyo el final que llega directo
A mi último suspiro.

Se acerca veloz en el huracán,
En el torbellino de la angustia
Que crece a cada instante
Alrededor de mi espacio etéreo.

El viento gélido golpea mi rostro,
Se introduce por las rendijas tristes
De mis ventanas oxidadas
Por la niebla gris lluvia
De tu permanente ausencia.

Suenan campanas metálicas
Que anuncian una hora indefinida
De esta tarde de ocaso definitivo.

Un último y concluyente recuerdo
Asoma a mi mente nublada
Iluminando como fuego de artificio
Tu imagen dulce y sonriente
Ajena a esta huida perpetua
Del desasosiego que abrazo.

Y es ahora, en este último instante,
Cuando comprendo que tanta congoja
Ha sido injustificada, innecesaria.

Suena el teléfono anunciando tu nombre,
Arremete tu voz que me nombra, desesperada,
Sin tiempo y sin espacio para escucharte

Rojo, verde y transparente.
Triángulos que forman rombos
alternando el color
y la geometría del espacio,
buscando la figura posible
en un vacío infinito.

Silencio.
El silencio de las líneas rectas, puras,
que cortan el aire
volando en el espacio,
y sosteniendo el tiempo
que nos cubre.

De repente.
Líneas curvas,
estrellas en círculo,
bóvedas de araña
que nos atrapan y nos protegen
hasta el infinito, de repente.

Camino sin fin, sin meta.
Camino sin fin, sin meta
En busca de ti, sin mí.
Te encuentro en la esquina,
En mi esquina de siempre,
En el giro radical de mi rumbo
Hacia ninguna parte.
Pero te marchas, desapareces.
Quizás regreses en otro tiempo,
En otra calle de otra ciudad,
De otra vida, de otro mundo,
De mi mundo que espera, de nuevo,
Encontrarte en mi camino,
Sin fin, sin meta.

Tu yamur magnetiza mi aire.
Contemplo, absorto, el haz de luz
Irradiada de las esferas doradas,
Perfectas e inmutables,
Sin principio y sin fin,
Engastadas en el eje vertical de tu yamur
Rematado con la flor del misterio,
Que resplandecen con rayos lucientes
Uniendo tu cielo azul y mi tierra yerma
Convocándome a la oración
Y a la comunión con tu esencia.

Yamur que gira como faro,
Como derviche giróvago,
En torno al “Axis mundi” de mi vida,
De nuestras vidas unidas por tus destellos
De luz oro, oscilante y cautivadora,
Y mi cuerpo oscuro que la absorbe
En la cúpula del tiempo,
En el minarete del cosmos.

Lectura a la orilla del mar del llanto.
No lloro de miedo al olvido,
Tampoco lloro por error
Ni lloro de rabia contenida.

No sé llorar de alegría,
Y en mi vida he llorado por lástima
Ni siquiera lloré la tristeza fría.

No lloro el dolor físico,
Menos lloro por el alma herida
Y jamás lloraría por injusticia.

Sólo lloro cuando tú lloras
Porque tu llanto provoca mi llanto,
Sin otra causa, por simpatía.

Otoño dentro y fuera de mí.
Caen las hojas de álamo
Como descienden las hojas
Del almanaque de mi vida:
Una tras otra, día a día,
Lenta pero inexorablemente
Acercando el desenlace final.

Sopla el viento frío
Como exhala mi voz
Que apagada te nombra,
A favor de su corriente,
Soñando que débilmente
Llegue a tu destino.

Calan las gotas de lluvia
Como ahogan las lágrimas
Que resbalan por mi mejilla
Cuando recuerdo el tiempo
Escondido en el pasado,
Tras un débil escalofrío.

Oculta la niebla el horizonte
Como disfraza mi piel
Las cicatrices del desánimo,
Imposible de remontar la zozobra
En una nueva primavera
Que nunca vendrá a salvarme.

Llega el otoño siempre,
Como mi otoño perpetuo,
A acompañar mi triste hoy
Envolviéndome, de nuevo,
Con hojas, viento frío y lluvia gris,
Otoño dentro y fuera de mí.

Reencuentro:
Han pasado los años, no tantos, y todavía está muy presente en nuestra piel y en nuestros corazones la huella marcada por el espíritu que nos unió en nuestra juventud intentando mejorar la vida de las personas, de la ciudad y de nosotros mismos.

Dejemos volar a nuestra imaginación
En el bosque de la memoria
Y en cielo de los recuerdos,
Seguro que nos encontramos.

Después de conocerte
Cada día me sorprendes,
Divina la capacidad de sorprendernos.

Yo os miro con otros ojos
Y os veo igual que hace años,
Los cuerpos cambian algo
Pero el espíritu juvenil no tanto.

Gracias primo,
Tú si que eres amigo,
En cuerpo y espíritu.

Hicimos guerrillas por esos campos
Y reuniones con estufas de butano.

Para mí fue un día especial
Reencontrarme contigo.

No me acuerdo de sus nombres,
Mariano haz los honores.

Con sus ganas de “volverse a ver”
Lo convirtieron en mágico, otra vez.
Muchas gracias por hacernos pasar
Un día tan entrañable, ¡nada más!

Escoltamos a Jana peligrosamente
Y levantamos acta del evento.

Cruzamos miradas a través
Del objetivo pantalla,
Flores para mis amigas de antes,
De siempre y de ahora.

El tablón de los recuerdos
Cuenta la historia de unas vidas,
Con reliquias del pasado,
Y yo parezco el padre de todas.

Detrás de esa cara angelical
Había un hombre excepcional,
Afortunada yo de haberle conocido
Y tenerlo como amigo.

Las aureolas colapsan
Y producen distorsiones
De la realidad
Y de los corazones,
Demasiadas emociones.

La Sección Juvenil nos unió
Con amigos para siempre
Y amigas clandestinas,
¡Menuda vida!

Los tunantes cantan
A la cortina del tiempo
Mientras los nenes hacen Fragel
Como casi siempre.

Os recuerdo a todos
Con cariño tremendo
Gracias por hacer posible
El encuentro.

En el bosque habitan
Nuestros recuerdos
Y nuestras emociones,
Cuidémosle para que
Continúe creciendo
Con nosotros en el tiempo.

Gracias por haber formado parte de mi vida os quiero a todos.

La nueva masculinidad.
¿Un hombre nuevo, quizás?
Remando llegó al salón,
El Capitán John Smith,
Surcando profundos mares,
Venciendo mil tempestades.
Incumpliendo lo aprendido.
Apenas atraca en su Isla,
Interioriza el papel,
Luces, tramoya y sonido
Es la enésima sesión.
¡Comienza ya la función!
Pocahontas sale a escena
Princesa fuerte y activa,
Apenas cumple tres años
Pero es la protagonista,
Directora y guionista.
¡Qué lección de libertad!
Ser partenaire eligió
En el juego de la vida.
Ser padre fue su elección.
¿Un hombre nuevo, quizás?
rosacandel.es

Diálogo de corazón:
Me alegra que su corazón
Se exprese de nuevo
Y amanezca un sol de esperanza
En vuestro horizonte.

Gracias,
También mi corazón está feliz
Gracias por estar ahí, siempre.

En el antes, en el durante
Y en el después.

Porque me sonríes:
No hay mejor regalo
Que la sonrisa cómplice
De la persona amada.

Porque me miras cuando,
Escondido en mi sombra,
Te miro hipnotizado
He intento atrapar en mi retina
La luz que tu mirada irradia.

Porque me hablas cuando,
Enmudecido en mi silencio,
Te escucho con todos mis oídos
Atentos a tu canto dulce
De sirena que me encanta.

Porque me acaricias cuando,
Paralizado en mi cuerpo,
Te siento en el calor que emana
De tu mano siempre atenta
A mi piel que te reclama.

Porque me sonríes cuando,
Perdido en mi gozo,
Te sonrío en el cariño
Que alegre acompaña
A mi deseo que aguarda.

Porque no hay mejor regalo
Que tu sonrisa cómplice
En el instante que me amas.

Hay un mar negro.
Existe un mar negro y tenebroso
Que baña las costas de mi ánimo,
Donde el Sol se oculta tras las nubes
De mi sombrío horizonte
Induciéndome al naufragio.

Es un mar profundo e inhóspito,
De lecho volcánico y aguas grises.
Tan sólo los peces negros,
En su tránsito de Alaska a Siberia,
Soportan la temperatura helada.

Las gaviotas de la alegría volaron
A océanos más cálidos y fructíferos
Y los barcos que pescan la vida
Buscan caladeros luminosos
Y aguas más claras y transparentes.

Tan sólo las sirenas, condescendientes,
Vienen a rescatarme, en la mar ceniza
De cielo de tinieblas claroscuro,
Del letargo de mis deseos frustrados
Y de la melancolía que me acompaña.

Yo navego encantado y en paz
En este mar triste y desolado,
Pero sus cantos me hipnotizan
Y me sumerjo con ellas en sueños profundos
De mares azules y sentimientos anhelados.

Epílogo:
Surcamos océanos y mares
Amparando a los náufragos
En su última singladura,
Nuestra melodía les envuelve
En el rumbo a otra vida.

Las ninfas marinas.

Tu nombre ilumina mis sueños.
No hay nada más real
Que el amor soñado.

Tu nombre da luz a mis sueños
Que sueñan amarte.

Ilumina el camino nocturno hacia ti
Y te encuentro a cada instante.

Alumbra en la oscuridad de mi noche,
De tu noche soñada conmigo.

Incendia mis sentimientos vitales
Sin quemarme, sin quemarte.

Deslumbra mis ojos cuando te miro
Y me miras, aun sin mirarme.

Encandila la piel que me cubre
Reflejando tu aureola dorada.

Ciega mis pensamientos vulgares
Y anula la voz que te nombra.

Resplandece en amaneceres
Vaciando el tiempo que estás ausente.

Despierto y sigo soñando con tu nombre,
Pues no hay nada más soñado
Que el amor real que sueña tu nombre.

Apostilla:
He soñado que entraba en tus sueños
Y soñábamos juntos el mismo sueño,
Despierto y estás aquí, a mi lado.
¿Seguimos soñando?
Tu onírica musa nombrada.

Consejo.
Si piensas: ¿Qué piensa?
No podrás expresar
Lo que sientes…
Y que él lo sienta.

Si deseas acercarte
Y no lo intentas
Aumentará la distancia
Entre ambas partes.

Si esperas el abrazo
Que calme tu deseo
Perderás la ocasión
De abrazar tú primero.

Si piensas y te acercas,
Si expresas y abrazas,
Sentirás la respuesta
Que ojalá sea perfecta.

El 22.
Ha llegado el veintidós,
Tan pronto que no acierto
A preparar algo que conmemore
Este aniversario capicúa.

Tantos años juntos y tan pocos
Que no abultan casi nada.

Hemos convivido en los cuerpos,
En las ideas, en los sentimientos,
Pero continúa ese "tira y afloja" existencial
Que todavía nos mantiene en vilo,
Ayudándonos a soportar
Las tempestades producidas
Por las chispas generadas
En el roce de la cotidianidad.

Desde luego el mejor fruto Ella,
Y los mejores momentos
Cuando nos sentimos enamorados.

Ojalá se renueve el amor
Después de cada tormenta.

Veintidós besos, veintidós abrazos,
Veintidós buenos augurios de quien te quiso,
Te quiere y confía en seguir queriéndote.

¿Te espero en el trigésimo tercero?

Una tarde cualquiera.
Iglesia ermita de San Caprasio siglo XI románica en Santa Cruz de la Serós

En esta tarde de estío
Sentado tras la ermita,
Con todo el tiempo ya vivido,
Intento reflexionar con calma
Sobre huellas que los años sufridos,
En mi envejecido cuerpo,
Han grabado en mi alma.

Ya no es tiempo de enmendar errores,
Si acaso hubo, ni de planear acciones
De largo recorrido.
El camino ya está andado
Sólo queda la espera final de mi vida.

No me arrepiento de nada,
Fui víctima del destino.
La vida me llevó,
Me empujó sin contemplaciones
Y no pude evitar tantas desilusiones.

Llegan viajeros buscando la foto
Con San Caprasio de testigo,
Congelarán este instante de rutina
En una tarde cualquiera de verano,
Asomándome a mi propia ruina.

Marcho con ellos,
Sin dejar Santa Cruz.
Han robado mi alma,
Ahora viajará muy lejos,
En el interior de la cámara,
Y en el tiempo.

Bai Navarra, bai.
Vamos camino de Navarra
Que Javier que nos aguarda
En su castillo naranja.
Parada en Ejea,
A comer de cualquier manera,
Derramo el café en la barra de Nerea.

Stop en Sádaba,
Foto al castillo,
Salir corriendo que algo aprieta.
Pasamos por Sos con prisa
Y también por Sangüesa,
Por fin Javier nos recibe
En su hotel de princesa.

Teatro en la calle nos espera:
“El marido cornudo por méritos propios”
Y la Señora actuando, de qué manera.
Pinchos de tortilla en la cena
Con rosados y alguna hamburguesa.

Noche de colchón torcido
Que el cuerpo sufre dolorido,
Desayuno tranquilo y vamos pitando
Que los Pirineos se acercan.

Valle de Salazar con Gaztea,
El vasco que no entendemos
Pero la música nos camela.
Ochagavía primero con Muskilda
Y el puente medieval cruzando el río.
Comida en Isaba tras la visita gañote,
Pensión de Lola con la servilleta 393
Y el clavo oxidado cual garrote.

Buscamos el dolmen en Belagua
Y recorremos el Hayedo de los Sentidos
Agarrados a la cuerda, con los ojos dormidos.
Regreso por el Roncal,
Que están de fiestas patronales,
Queso para vender y carreteras comarcales.

Por las noches a cenar en Zangoza,
La mujer de la curva nos observa
Camino a su trabajo de alerta.
El camarero antipático del Leyre,
Que ni siquiera saluda,
Cambiaremos de bar
Con gente más alegre.

Control de seguridad en Jaca,
La policía asustada,
El fusil apuntando a las pestañas.
Visita guiada, clarete y tapa,
Comida en el Biarritz muy guapa.
San Juan de la Peña, arriba y abajo,
Santa Cruz de la Serós con sus iglesias
Y el abuelo a la sombra descansa.

Visita a Roldán en Roncesvalles
Y a los vecinos de San Jean en Francia.
Regreso a comer a Orreaga
Y el salero se esparrama.
Italianos orando ante Santiago peregrino,
Con un euro damos luz a su camino.
Orbaizeta abandonada,
Con su fábrica de armas arruinada.

En la foz de Lumbier
El túnel traspasamos
En busca del clavo 62
Que desvele el misterio gazteano.

Los monjes de Leyre
Cantan sus gregorianos,
Les robamos las fotos
Aunque alguien proteste.

A Pamplona ya no hemos de ir
Porque ya llegamos.
La plaza de toros dispuesta
Para fotografiarnos tras la barrera.
Recorrido inverso del encierro
Por estafeta al ayuntamiento.
Saludos a San Fermín,
Así de chiquitín.
Comida en Café Iruña,
En la Plaza del Castillo.
De tiendas por la tarde
Hasta agotar el bolsillo.

El valle de Ansó atravesamos
Y volvemos a Lola,
Que nos espera en Isaba
Con la ternera cruda, poco asada.

Subida al puerto de Larrau,
Las palomeras camufladas.
Impresionantes vistas verdes
A un lado y otro de la frontera.
La Selva de Irati, abajo, el otoño espera
Y las vacas que pastan a su manera.

Se acaba el viaje, con calma.
De regreso a La Mancha,
El Jamón de Teruel
En la autovía nos reclama.
El Torico no ha crecido
Pero sigue tan bonico
Encaramado en su pilastra.

Volveremos a Navarra
A resolver los misterios
De este viaje con alma.

Noche de “magas” en Tacoronte.
Noche mágica en isla afortunada,
Acordes canarios en escena,
Sombreros que tocan cabezas que bailan,
Debajo del negro, tu cara.

Sonrisa perdida en boca cerrada,
Pañuelo blanco que cubre tu pelo,
Pendientes dorados que adornan tu vuelo.

Blusa roja abombada que nace
Alrededor del cuello espigado,
Puños cerrados de brazos
Que giran en ángulo recto.

Falda gris de rayas plisada,
Que juega con otras
Al ritmo de la isa bailada.

Instante fugaz atrapado,
Que la retina no graba,
El tiempo se detiene en el giro
De tu misteriosa mirada.

Ocaso en Puerto de la Cruz.
Si soy consciente de mis actos
Y conozco la repercusión de mis palabras,
Sé que he perdido la inocencia.

¿Puedo retroceder el contador de mi vida
procurando recuperarla?
¿Puedo limpiar mi mente de pensamientos oscuros
Y mi alma de manchas que ofenden?

El calor del verano a secado el río interior,
Evaporado la brisa que refrescaba la pasión
Cuarteando la capa de seda que cubre mi tiempo.

Ha dejado de fluir el hálito
Que marcaba el ritmo de mi vida.

Miradas 2.
Si nombro tu nombre, me miras.
Si nombras mi nombre, te miro.

Si te miro cuando tú no me miras
Sientes que te estoy mirando.

Si tú me miras cuando yo no te miro
Adivino que me estás mirando.

Si tú me miras y yo te miro
Hago como que no te miro.

Si yo te miro y tú me miras
Sonrío y miro hacia otro lado.

Si nombramos nuestros nombres,
Al unísono, inesperadamente,
Y encontramos nuestras miradas
En la línea que nos une
Y acorta la distancia que
Media entre tu sueño imposible
Y mi realidad fantástica,
Salta la chispa y el rayo
Que nos hipnotiza y hechiza
Paralizando el sonido de nuestras voces,
Deteniendo el tiempo en un segundo inmenso.
Y es ahora, en este instante,
Con nuestros ojos,
Pendientes de nuestros ojos,
Cuando vivimos la pasión
Que nos quema por dentro
Y nos mira por fuera.

Si te nombro y te miro
Mírame por mi nombre,
Que es tu nombre.

No tengas miedo.
Bienvenido, estás en la vida.
No tengas miedo, de nada sirve.
Asume el riesgo, es necesario.
Para qué la prudencia excesiva
Si te impide gozar sensaciones nuevas.
El dolor, cuando llegue, será inevitable
Pero el sufrimiento es opcional.
La muerte no te importe,
Asúmela como parte de la vida.
No, no tengas miedo,
Vive, tan sólo vive,
No tendrás otra oportunidad.
¿O … tal vez sí?

El túnel de la ausencia.
No hay mayor tragedia
Que aquella que nos toca vivir.

Has llegado al túnel de la ausencia
No preguntes como ni por qué,
No merece la pena,
No hallarás respuesta.

La oscuridad y el dolor del alma
Te atrapan, te paralizan, te ciegan.

No ves la luz de la salida
En este túnel sinuoso
Que debes recorrerlo sola,
Pues no hay marcha atrás
Y la entrada quedó bloqueada.

Piensa en él, piensa en ti,
Piensa en las personas que
Te acompañan en el sufrimiento,
Ellas también recorren
El túnel de su ausencia.

Marcará tu vida, de por vida,
Soñarás con él, vivirás con él
En otro espacio mágico,
En otro tiempo detenido.

Como un punto blanco,
En el oscuro horizonte,
Vendrá la luz a rescatarte.
Es tu luz y la de él
Que guiará tus pasos
Hacía en final del túnel de la ausencia

Llegarás a la salida,
La luz exterior te acogerá
Con su cálido abrazo.
Ya no molestará la alegría
Ni el color de la vida.
Habrás superado la prueba
Que, incomprensiblemente,
Te tocó vivir, nos tocó vivir.

El recuerdo, su recuerdo,
Seguirá contigo, para siempre,
Y sus lágrimas servirán
Para aclarar la visión
Del camino que todavía
Seguirás recorriendo,
Con la ilusión renovada
Y compartida de quienes
Te quieren y te comprenden.

Has llegado al túnel de la ausencia,
Recórrelo con la tristeza del momento
Y la esperanza de otra vida que llega.

Al cálido viento de la sílfide en los llanos del alma.
Quiero escribir este poema,
Que brota de mi alma,
Para cantar ahora
La nostalgia que siento
Cuando en ti pienso
Y se altera mi calma.

Llegaste un día de otoño
Y mi mente giraba,
Cual veleta desorientada,
Por los vientos fríos
Del perdido destino
Y la tristeza cansada.

Cambió mi rumbo al momento
Con tu sonrisa de hada
Y tu hechizo fraterno.
Se iluminó el futuro,
Que oscuro me atenazaba
Y amaneció la esperanza.

Quiero aventar este poema,
Que de mi corazón brota,
Para dejar constancia
De la nostalgia que siento
Cuando en ti pienso
Y se calma mi alma.

Es “El Mentiras” y es” La Verdad”.
Ascendemos en fila
Por la empinada cuesta
Que nos lleva a tu cima.

En el camino,
Que es el camino de nuestras vidas,
Y el de tu vida,
Sufrimos el esfuerzo físico
En los inclinados cuerpos
Y despejamos la mente
De pensamientos triviales.

Afloran sentimientos vitales
Que marcan nuestro destino.

Saltamos pequeños arroyos,
Vadeamos lagos azules,
Cruzamos caminos de tierra,
Que enlazan con los de la vida,
Y todas las contrariedades
Que nos agobian en “el día a día”,
Encogen a nuestro paso.

Compartimos sendero
Con otros seres,
Hermanos ahora.
Compartimos el agua,
Las vituallas y ...
Pomadas que calman.

Sentimos el ánimo y la mano amiga
En los momentos delicados,
Al borde del abismo
Tras las caídas del cuerpo ...
Y del espíritu.

Acariciamos cada instante
Y llenamos de emociones
Las mochilas del alma,
Que con esfuerzo
Cargamos a la espalda.

En la retina captamos
Nuestras propias sensaciones.

Subimos pendientes
Del veinte por ciento
Con la lengua fuera
Y la cara descompuesta.

Pero ha merecido la pena
Hemos llegado a tu cumbre,
Que es nuestra propia cumbre.

Gozamos de las vistas que
Nos ofreces ahí abajo,
Y ahí arriba,
En el cielo azul
De nuestros sueños.

Desde lo alto todo ha menguado,
Aquel temor que nos invadía
Se ha diluido en un momento.
La tristeza, que como niebla gris
Inundaba nuestros corazones,
Se ha esfumado al instante.

Ahora sólo hay luz,
Una luz que nos envuelve,
Que nos calienta
Y llena de energía
Para el descenso a la tarea,
Que de regreso nos espera,
Ahí abajo, en la rutina.

Hemos repuesto las fuerzas
Y curado las heridas,
Bajamos cansados
Con renovada alegría,
Sabiendo que nos espera
La cerveza fría
Que calme nuestra sed
Del cuerpo y de la vida.

La Coruña 21 de abril de 1980.
Hoy, cuando el Sol cansado y débil
Empezó a caer en el horizonte,
Me he acordado de ti, hermano,
De nuestras riñas y peleas,
De nuestras duras discusiones.

¿Por qué tantos disgustos?
Si ahora, cuando tu presencia falta,
Todo son añoranzas y amargos recuerdos.

Hoy, Javier, hermano, he pensado en ti
Y en la familia destrozada por tu ausencia.
Y, sin embargo, todos tus recuerdos
Han sido gratos y emotivos.

Hoy, de nuevo, he vivido junto a ti,
Hemos vuelto a reñir por unos minutos,
Y he descubierto, que en el fondo
Te aprecio y te quiero.

Hoy, javier, has vivido otra vez,
Con tu hermano.

Hoxe, cando o Sol canso e feble
Comenzou a caer no horizonte,
Acordeime de ti, irmán,
Das nosas rifas e pelexas,
Das nosas duras discusións.

Por que tantos desgustos
Se agora, cando a túa presenza falta,
Todo son saudades e amargos recordos?

Hoxe, Javier, irmán, pensei en ti
E na familia estragada pola túa ausencia.
E, porén, todos teus os recordos
Foron gratos e emotivos.

Hoxe, de novo, vivín xunto a ti,
Volvemos rifar por uns minutos,
E descubrín, que no fondo,
Aprécioche e quéroche.

Hoxe, javier, viviches outra vez...
Co teu irmán.

Se va la tarde.
¿Dónde va la tarde tan cansada?
¿Qué prisa tiene de dejarnos?
¿Acaso le no gusta que jueguen?...
Se va porque está triste,
Alguien la ha utilizado,
Han abusado de ella,
Mentido en su nombre,
Usado su paz, calidez, melancolía.
La tarde está triste, sí,
Huye de falsas promesas de enamorados,
De gestos dudosos, teatrales…
De ambiciones vulgares, sin fondo.
La tarde se refugia en su madre, la noche,
Ella la cubre con su manto oscuro
Y la protege de violadores enmascarados.
La tarde llorando va…
Mañana, ¿Mañana nos acompañará?

A tu lado.
He llegado hasta aquí,
Siguiendo la luz emitida
Por los recuerdos de aquellos
Momentos vividos a tu lado,
En busca de la paz final,
Del último destino.

He llegado hasta aquí, a tus pies,
A Punta do Boi, en la Costa de la Muerte,
Esperando el destello final
Que ilumine mi último viaje inevitable.

Contemplo, a lo lejos,
La silueta del carguero
Que lentamente avanza,
En el horizonte curvilíneo,
Retornando al puerto que le espera
Como a mí me espera la muerte.

Cuántos años has guiado a las naves
Que surcan estas costas infernales,
Azotadas por furibundas tempestades,
Avisando del peligro fatal
De acercarse a los acantilados
Para no encallar en los arrecifes,
Evitando trágicos naufragios.


En cuántos momentos de mi vida
Has orientado mis pasos
Cuando mi cerebro era un mar de dudas
Y a tu lado encontré la tranquila salida
De la tormenta tenebrosa de mis miedos.

Mi travesía ha terminado
Y quiero permanecer para siempre aquí,
A tu lado, protegido por tu imponente figura,
Gozando de tu compañía, noche y día,
Envuelto en la bruma de los días grises,
Que casi son todos,
Escuchando el batir de las olas en las rocas
Y el graznido de las gaviotas
Que revolotean a tu alrededor.

Sé que no estoy sólo,
Me acompañan las almas
De los marinos del Serpent
Y de otros buques que, ingobernables
No escaparon de la galerna.

Gracias por acogerme una vez más,
Tu luz intermitente en las noches oscuras
Marcará la tumba que he escogido a tu lado.

No ha dejado de llover.
Ha dejado de llover,
Y la lluvia, esta lluvia
Débil y persistente,
Continúa anegando
El interior de mi memoria,
La triste memoria que
Todavía alberga tu recuerdo.

El viento ha limpiado
De nubes este cielo que
Ahora es azul, de un azul
Oscuro e intenso como
Tu recuerdo, que quema,
Que abrasa constantemente
Mi sentimiento de pérdida.

El Sol, tímidamente,
Comienza a calentar mi cuerpo
Cansado de esperar, de esperarte,
Inunda de luz la atmósfera
Pero no consigue infiltrarse
Por las rendijas, por las heridas
De mi ánimo derrotado.

Ha dejado de llover,
El viento ha barrido las nubes
Y el Sol calienta tímidamente,
Pero tu recuerdo provoca
Una lluvia de llanto interior
Que torna en gris mi alma
Y ciega el sol de la esperanza.

No, no ha dejado de llover.

Gracias por tus abrazos.
Inesperado el primero
Y por ello deseado,
En un triste día del alma
Con la alegría que finge en el rostro
Y la tristeza que corroe por dentro,
Gracias por tu abrazo.

Inesperado el segundo
Y por ello más deseado,
En el jardín de la vida
Al final de la jornada
Con el corazón en tu mano,
Gracias por tu abrazo.

Gracias por tus abrazos
Al filo del precipicio,
En la encrucijada del cambio,
Que guían mi amor hacia tu viento.
Gracias por el primero, por deseado,
Gracias por el segundo, porque me muero.

Tu Sonrisa.
Tu sonrisa es un viento cálido
Que me envuelve y me arroja a tus brazos,
Perdona mis desafueros que a veces la apagan
Y me llevan al arrepentimiento
Deseando inflamarla de nuevo.

Tu sonrisa inspira mis sueños
En las noches frías de mi alma
Arropando mi cuerpo perdido
En aventuras de amor contigo
A lo largo de la noche callada.

Tu sonrisa alimenta el recuerdo
De momentos vividos a tu lado,
Llenando el vacío dejado
Por el tiempo sufrido sin tu abrazo
Y marcando el ritmo a mis pasos.

Tu sonrisa transforma mi ánimo
Cuando la tristeza me cautiva,
vuelvo a sentir su reflejo en mi cara
y no cambio nada por ella,
Deja que la avive con la mía.

Amor auditado.
Inmovilicé tu amor
En una cuenta de activo,
Mi contrapartida quedó grabada
En el largo plazo del pasivo.

Gasto tanto esfuerzo en quererte
Como invierto en soñar contigo,
no ingresaría nada al perderte
Y por tanto todo es beneficio.


He inventariado tus recuerdos
Y no he dado de baja ninguno,
Amorticé los malos momentos
Y llevo a resultados tu cariño.

Tu sonrisa en un ingreso extraordinario
En los momentos de crisis,
He cerrado el ejercicio contable
Y llegó el momento de hacer balance.

He cuadrado tu vida con la mía
Y el resultado es tan positivo
Que aumentamos nuestro remanente
Y afrontamos el destino con alegría.

Regreso.
Regresaba el barco "De la Vida"
Tras una larga singladura,
Y en el puerto le esperaba
Para acogerlo con igual ternura,
La sirena despertó el corazón
De dos almas ahora reunidas.

Te reconozco en tu manera de expresarte
Tras muchos años de ausencia,
Presiento tu sonrisa al otro lado
Mientras lees mis mensajes con calma,
Y siento renacer la esperanza dormida
En el cajón de mis trastos del alma.

La alegría ha vuelto convencida
Al saber de tu cariño que me abarca,
El amor de nuevo nos emplaza
A continuar por el agradable camino
De la complicidad que me embarga,
Sin ningún rumbo ni destino.

Descargó la preciosa carga
Contenida en la bodega del tiempo
Y quedó liberado del embrujo eterno.
Izó velas y levanto anclas
Esperando un nuevo viento de amor
Que le lleve a otro puerto.

La Marea.
Vendrá la marea a borrar
Los nombres de amor
Escritos en la arena,
Junto a orillamar.
Vendrán el viento, la lluvia
Y las gaviotas a ocupar su lugar.
Volverán los adolescentes,
Una vez más,
A dibujar corazones
Y a escribir los nombres
De quienes les hacen soñar,
En la húmeda arena,
Junto al mar.

8 de marzo 2010.
Las mujeres nos traen a la vida y sin ellas ésta no sería posible y no tendría sentido.
¡Que vivan las mujeres! para que vivamos los hombres soñando con ellas.
¡Que vivan!

La Mano que llama.
Navegabas en la zozobra
Y te tendí mi mano,
Esta mano que siempre
Estuvo a tu lado.

Regresó tu mano a mi mano
Y ahora navegamos juntos,
De la mano, Mano a mano.

Con tu mano me quieres
Y yo con mi mano te amo.

El amor.
El amor enciende la llama que da vida a la pasión contenida.
Yo soy tu pirómano.

El amor es el abono que absorbemos por las raíces del alma y florece en nuestras vidas.
Yo abono mi amor con tu recuerdo.

El amor es el virus que, paralizando nuestro sistema operativo, controla nuestros sentimientos obligándonos a reiniciar el futuro.
Yo no instalo antivirus.

El amor ilumina nuestras sonrisas en los días grises del otoño apagado.
Yo alimento su llama con tu mirada.

El amor es el relámpago que anuncia la tormenta en nuestros sentimientos.
Yo quiero tronar de felicidad a tu lado.

No hay más amor que el que estamos dispuestos a entregar y entregamos. Yo te entrego el mío.

El amor flota en el aire deseando ser inhalado por las almas tristes y entregarles la felicidad soñada.
Yo he soñado a tu lado el amor.

Testamento marítimo.
No tengo intención de abandonar este mundo de los sentidos pero la experiencia me dice, y también las estadísticas, que todos morimos y es inevitable el retorno a la inexistencia.

Yo no elegí nacer porque no existía en el momento de mi concepción y por tanto tampoco debería elegir morir, aunque en este caso, como existo, pudiese hacerlo.

Lo que sí puedo, y eso hago en estos momentos, es dejar por escrito instrucciones referentes al momento posterior a mi óbito en caso de producirse en tierra firme pues, como marino que soy, no descarto el enterramiento en la mar.

Es costumbre en la mayoría de civilizaciones, culturas y religiones celebrar un acto de despedida al finado con laudable intención de favorecer su tránsito a otros lugares en el más allá.
Para no equivocarme sugeriría que llevarais a cabo todos los rituales funerarios vigentes hoy en día (al unísono o uno tras de otro), de esa manera evitaría problemas de ser condenado en cualquiera de los infiernos que proclaman los próceres religiosos. Comprendo que, aparte de las dificultades técnicas para contactar con todos los chamanes y convencerles para dar cumplimiento a mi deseo, la multiceremonia funeraria se alargaría demasiado en estos tiempos de prisas y no creo que estéis dispuestos a embarcaros en esa misión.

Simplificando al máximo el ritual fúnebre y una vez cumplido el tiempo de espera legal por si resucito (no lo descarto, pues ya existen precedentes al respecto), sugeriría que en las exequias evitarais cualquier ceremonia con discursos elegíacos de mi persona, ya que, modestamente pienso, mi vida no ha sido relevante desde el punto de vista social, profesional y seguramente tampoco personal.
Dejemos pues los discursos entrañables para personas con más merecimientos que los míos.

Queda por último indicaros amablemente el destino que me gustaría otorgar a mi inanimado cuerpo.

Donar mis órganos (incluidos los sexuales) para mejorar la existencia de algunos de mis contemporáneos sería un último acto de amor a la humanidad.
El resto de mi cuerpo, o las partes menos útiles, podrían tener otros destinos. Por ejemplo sería de utilidad para el aprendizaje de noveles profesionales de la medicina y de esta manera alargaría mi vida útil. Exponer mi cuerpo en algún museo de Ciencias Naturales me produciría sonrojo al verme observado y manoseado por estudiantes poco respetuosos con los cuerpos ajenos.
El embalsamamiento, la congelación, el enterramiento y la incineración serían otras opciones a tener en cuenta. Descarto el enterramiento en el cielo consistente en arrojar mis despojos en un muladar a la espera de ser consumidos por las aves rapaces.
En caso de que optéis por la incineración os rogaría que las cenizas, producto de la combustión, fueran arrojadas en una tarde gris (para no desentonar) en las costas de Fisterra.

Deciros, por último, que no es mi intención reencarnarme. No obstante si no me adapto a mi nuevo estatus post mórtem estaría dispuesto a opositar a un nuevo cuerpo terrenal y no dudéis que haría todo lo posible por agradeceros personalmente los esfuerzos realizados para dar cumplimiento a mis últimas voluntades.

Islas Eolias a 10 de febrero de 2010.
El Maestre del velero “De la Vida”.

Amores cruzados.
La música nos envuelve, nos seduce,
Eleva nuestras emociones alteradas
Invitándonos a bailar, a abrazarnos cálidamente.

Unidos con la mirada perdida y enamorada
Acariciando nuestros cuerpos anhelantes,
Y también a otras almas presentes.

Te beso y beso a la mujer amada,
Me besas y besas al hombre deseado,
Amores cruzados por desamores de la vida.

Juntos nuestros cuerpos aquí, ahora
Con la mente y el corazón allí, ahora,
Deseando a la otra mujer y amando al otro hombre.

Teatro de amores imposibles, verdaderos,
De personajes que se quieren y aman
Queriendo a los autores de su amor sincero.

La cárcel de la vida.
En la cárcel de la vida
Cumplimos nuestra condena,
Ingresamos en el primer momento
Y … moriremos dentro.

El delito, haber nacido
Y la pena, cadena perpetua.

Somos reclusos de la cárcel del tiempo
En celdas acotadas iremos creciendo.

Ni túneles subterráneos
Ni buen comportamiento,
Nada permitirá escapar del Centro.

En la cárcel de la vida
Sin querer nos han parido,
Y … sólo hay una salida.

Se enciende el Sol.
Se enciende el Sol

Se apaga la Luna, lentamente,
Se enciende el Sol, por consiguiente.

Despiertan los pajarillos en la rama,
Van a trinar anunciando la mañana.

Llegó el final del sueño soñado,
Tal vez el deseo se haya colmado.

El alma se despereza en la cama,
Al lado de la persona amada.

Comienza un nuevo día,
Con esperanza y alegría.

Me levanto tranquilamente,
Dejo que me lleve la corriente.

Irá el día acelerando,
Espero no salir volando.

Se enciende el Sol, lentamente,
Se apaga la Luna, por consiguiente.

Ya nace la Luna.
Ha caído el Sol
Ya nace la Luna,
Trae de la mano a la noche
Con su dulce negrura.

El tiempo se calma
Sosiega las horas,
Descansa tranquila mi alma
Sin ninguna amargura.

Duerme el corazón dormido
Vendrá mañana otro día,
Sueña el deseo soñado
Y renacerá la alegría.

Cayó el Sol
Nació La luna,
Durmió el sueño
Soñó la vida.

Sentimientos.
Sentimientos de amor
Que brotan en mí corazón
Cuando pienso en ti, mi amor.

Recuerdos felices de ayer
Que me hacen de nuevo sentir
La ilusión por vivir en ti y en mí, mi amor.

Te quiero así desde lo alto de aquí
Sin miedo a sufrir por ti y por mí, mi amor.

Barca a la deriva.
Eras una barca a la deriva,
En un rumbo equivocado,
sufriste tormentas y marejadas
y no encontrabas tu camino.

Quiero ser el faro que ilumine tu sonrisa,
Quiero ser el puerto donde encuentres la calma,
Quiero navegar contigo por los mares del alma
Y descubrir juntos una nueva esperanza.

Amando.
Habitas en mi corazón,
En mis pensamientos
Y en mi deseo, soy tuyo.

Mis abrazos, mis besos, mis caricias íntimas
encienden la mecha de tu volcán.
noto el fuego que nace de tu humedad interior,
te agitas y siento cuando explotas en gozos multicolores,
y soy feliz porque tu lo eres.

Disfruto libando la miel
que endulza la zona eréctil de tus pechos
y siento el gozo en tu mirada complacida
que abre la puerta a placeres más cálidos e intensos.

Me acuerdo de ti
Y beso tu cuerpo imaginado.
El amor continúa guiando mi vida,
Que es la tuya.

Quiero llover lágrimas desesperadas,
Mutilar el sentimiento y
Cuando mi corazón reviente en mil pedazos
Morir ahogado en el recuerdo.

He parado el tiempo en esta hora
Voy llorando mares agobiados
Ha brotado en mí el desencanto.

El Payaso.
Triste es la sonrisa del payaso
Que ríe por no llorar.
Su gesto cosmético, artificial,
Oculta una vida incierta
Una amarga realidad.

Quitad la máscara al mundo
Y ved la realidad.
Dejad que llore el payaso,
Que ría el niño hambriento,
El vencido, el preso y el oprimido.

Dejad que llore y ría el payaso
Que refleje la realidad.

Quiero despertar el deseo
En este amanecer helado
Y acariciar tu suave piel
Ahora que estoy a tu lado.

Libando.
Permite que mi lengua
Hambrienta de amor
Recoja el dulce polen que nace
De las entrañas aromáticas
De tu flor ardiente y deseada.


Pescando sueños.
Habitaba en una pequeña cabaña enclavada a la orilla del mar en una alejada isla del atlántico. Toda una vida dedicada a la mar, a pescar, a enfrentarse diariamente al mar cambiante, a sus olas y mareas, a sus corrientes y tempestades y obtener el fruto para la supervivencia.
Él construyó solo la triste cabaña que le servía de morada y descanso para la jornada siguiente en la mar, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Con troncos y cañas de la isla había forjado esos escasos nueve metros cuadrados de vivienda, con suelo de arena y tejado de madera.
La pequeña barca, en la que día tras día se hacía a la mar era casi tan vieja como él. Heredada de otro pescador ya fallecido, reparada y vuelta a reparar, repintada infinidad de veces, parcheada y reforzada, cada día lo acompañaba en el peregrinaje de la pesca.
Dos remos desgastados y una pequeña vela remendada servían de motor para navegar mar adentro. Cuantas veces tuvo que regresar a golpe de remo, porque el viento no soplaba, y llegar a la isla ya bien entrada la noche con el tiempo justo para descargar los cuatro peces capturados, arreglar las redes y cañas y dormir unas horas para, a la mañana siguiente, arrojarse nuevamente a la mar.
Cuanto tiempo en la soledad de la isla, en la soledad del mar, acompañado del ritmo de las olas, del soplo del viento, de los chasquidos de la lluvia, de las gaviotas que de vez en cuando se posaban en la barca y a las que Zacarías saludaba y ofrecía, como prueba de solidaridad, algún pescado poco sustancioso pero vital para ellas.
Desde hace algunos días nadie ha vuelto a saber nada del viejo pescador. Se sabe que partió una madrugada como siempre a pescar, pero desde entonces nadie le ha visto. Su cabaña está todavía ahí, cerca de la orilla esperando su regreso. Tal vez ya no pueda regresar, quizá haya decidido permanecer para siempre mar adentro, con sus compañeras de siempre, su barca, sus peces, su mar, sus amigas blancas, sus olas acompasadas… Tal vez él sea ahora parte de ese mar azul, inquietante, asombroso e inmenso que día a día acoge en su infinitud a viejos y jóvenes pescadores que lo aman y respetan.

La chica de la copa.
NECESITO señorita mayor 18 años, buena presencia para revelar su pasado, presente y futuro. COMPRAMOS armas antiguas, muñecas, oro, menudencias. Trastos viejos, antiguos, menudencias.

Dudas.
Muere el río en el mar 
¿o vive?.

Nace el ser en la vida
¿o muere?.

Corre el tiempo en el tiempo
¿o en la nada?.

Grita la mujer en su lucha
¿o calla?.

Vive el río en el mar
¿o muere?.

Muere el ser en la vida
¿o nace?.

Corre en la nada el tiempo
¿o en el tiempo?.

Calla la mujer en su lucha
¿o grita?.

Grita y vive, muere y calla
la mujer en el tiempo y en la nada.

Mi amiga del alma.
Vino, fue todo lo que supe.

Entró envolviendo con su aroma
El rancio olor de mi soledad dormida.

Las rendijas del pasado
Se abrieron a la luz.

Sentí cerca su cálido aliento,
Sus manos acariciaron mis pesados hombros
Y rozaron sus cabellos esta frente arrugada.

Noté sus labios gratos besar la nuca helada.
Giré, quise mirarla y ya no era.

Marchó, fue todo lo que supe.

Buscándolas.
Descendí de la montaña
pues estaba solo.

Buscaba a la mujer perdida,
secuestrada en sí misma, enterrada.

Ulceré la tierra con mis manos
sin hallar su sombra ni su manto.

Nadé en el mar del misterio,
en la luz y la penumbra...
y no encontré nada,
todo quedó en el intento.

Regresé a la cima de mi mundo,
a la atalaya del tiempo.

Cual fue mi sorpresa.
vi a las mujeres volando,
suspendidas entre las nubes,
anidando en las estrellas.

Lancé mi voz al vacío,
pero no me oyeron.
Quise arrojarme a su encuentro,
mas no tenía alas.

A gran altura.
Ideas fugaces que corretean
por el interminable sendero de la mente
hacia un final oscuro, incierto.

Imágenes de todos los tiempos,
de todo lo imaginable,
lo fantástico, lo tenue;
imágenes rápidas que no recuerdo,
que no comprendo, y a veces ...
que no siento.

Palabras sin sentido,
cadenas de vocablos vacíos,
enlaces tercos, fríos,
palabras de palabras,
frases, tan sólo frases.

Sentimientos variables
de momentos extraños,
de ocasiones concretas.

Corto es el largo camino de la vida,
vieja la hora de la muerte,
de la vida, de la nada...
de la existencia intrascendente,
de los momentos simples.

Y tan sólo una esperanza,
una meta, un fin,
un vacío.

Un largo sueño.
Te esperaba en ninguna parte,
en el cruce del tiempo y la nada,
en la sublimación del absurdo
y en la esquina oscura de mis juicios.

Pero llegaste nunca,
¿o siempre?.

Tal vez no pude verte,
¿me rechazabas?.

Refugiada en tu corrupta moral,
envuelta en el velo de la represión,
en la trivialidad de lo pasajero,
en el tabú incoherente.

Por fin pude verte,
eras nada, vacío, abismo...

Tras esas máscaras impersonales,
raídas por la pasividad de la experiencia
estabas tú, La Muerte.

Las olas.
Quiero ser como las olas del mar:
rítmicas, onduladas y rápidas,
que nacen y desaparecen,
y que nunca mueren.

Quiero ser una ola,
estrellarme contra las rocas,
pulverizarme en finas gotas saladas
y de nuevo volver al mar.

Yo quiero ser una ola,
romper muros y barreras
poder siempre escapar
y que nadie me pueda encontrar.

Quiero ser como las olas del mar,
altas, pequeñas, fuertes y débiles,
espumosas, blancas, azules y verdes,
para que nunca sea igual.


Desde orillamar las olas, con su incesante vaivén, nos recuerdan que la vida es un continuo "ir y venir" retornando siempre al amor que nos vio nacer. Amemos pues incluso cuando baje la marea y las olas descansen. (Calp 24-12-2009)

Amando.
Quiero despertar el deseo
En este amanecer helado
Y acariciar tu suave piel
Ahora que estoy a tu lado.

Permite que mi lengua
Hambrienta de amor
Recoja el dulce polen que nace
De las entrañas aromáticas
De tu flor ardiente y deseada.

Disfruto libando la miel
que endulza la zona eréctil de tus pechos
y siento el gozo en tu mirada complacida
que abre la puerta a placeres más cálidos e intensos.

Mis abrazos, mis besos, mis caricias íntimas
Encienden la mecha de tu volcán.
Noto el fuego que nace de tu humedad interior,
Te agitas y siento cuando explotas en gozos multicolores,
y soy feliz porque tu lo eres.

Me acuerdo de ti
Y beso tu cuerpo imaginado.
El amor continúa guiando mi vida,
Que es la tuya.

Cae el Sol.
Cae el Sol en el horizonte.

Las recias nubes lejanas, profundas,
Se bañan en los últimos
Destellos anaranjados.

La tarde se marcha en el infinito,
De mano del Sol que la acompaña.
El tiempo en ese instante se detiene,
Reposa, se recrea entusiasmado
En tan fabuloso espectáculo.

Con ellos van mis sentimientos,
Mis deseos perdidos, inquietos,
Mi mundo lejano, distante…
Aquellos amargos recuerdos, hirientes.

Se va la tarde en el horizonte,
Cae el Sol cansado, débil…
Con la incertidumbre del mañana
Y la tristeza del presente.

Cae el Sol en el horizonte.

Descripción.
“Tal vez mi destino sea eternamente ser contable, y la poesía o la literatura una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridículo cuanto mayor sea su propia belleza”.
Fernando Pessoa.

"Los contables trabajamos con el pasado aunque nuestra visión es de futuro; el presente es tan fugaz que no llegamos a vivirlo, pero lo imaginamos".
El Chema y él.

A veces, cuando levanto la cabeza aturdida de los libros en que escribo las cuentas ajenas y la ausencia de la propia vida, siento una náusea física, que puede ser de inclinarme, pero que trasciende a los números y a la desilusión... Y es entonces cuando siento con visiones claras lo fácil que sería alejarse de este tedio si tuviese la simple fuerza de querer alejarlo de verdad.
Bernado Soares.

Para mi naufraga.
Eras una barca a la deriva
En un rumbo equivocado,
Sufriste tormentas y marejadas
Y no encontrabas tu camino.

Quiero ser el faro que ilumine tu sonrisa,
Quiero ser el puerto donde encuentres la calma,
Quiero navegar contigo por los mares del alma
Y descubrir juntos una nueva esperanza.

Inspiraciones.
La mar y el cielo,
fusionándose en un leve claroscuro.

La brisa y la bruma,
tejiendo un velo gris.

La lluvia,
acariciando la piedra.

Las gaviotas,
bailado con el viento, dando voz al conjunto.

El bosque,
oscuro, pardo y misterioso.

Mar, gris, lluvia, paz,
armonía, . . . soledad.

La flor del cardo.
La belleza aparece cuando miramos con el corazón.

Llueve sobre secado.
Hola, llueve dulce en la playa salada y los cuerpos se recuperan del sol.
Es tiempo de cambiar la rutina por otra.
Pensemos pues.